domingo, 8 de abril de 2018

Requiem por los VIPS


El VIPS de Velázquez con López de Hoyos era mi zona de confort. Mi rincón favorito, el lugar al que siempre he acudido en busca de cierta paz. Era un sitio en el que podía vagar rodeado de cosas que me gustan. Aunque hace ya tiempo que dejaron de vender música ahí había libros, revistas y gadgets curiosos. El objetivo era curiosear, dejar pasar el tiempo, borrarme de los demás, hacer una inmersión en mí mismo. A veces hasta compraba algo, incluso descubrí una noche noventera a uno de mis autores favoritos, como ya consigné en esta humilde e innecesaria bitácora. En los 90 compraba todas las semana el NME o el Melody Maker. Y últimamente, me hacía con revistas de historia, que me apasionan.

En los 90 fue una especie de refugio para mí. Recuerdo otra noche, muy de madrugada, en la que espanté algún demonio que otro cenando en soledad mucho más tarde de las 12. En otra oportunidad planeé una conspiración para recuperar mi vida comiéndome el único "Sandwich Club" que me he tomado nunca, aunque no fue en el de Velázquez sino en el inmortalizado por Moris en su "Nocturno de Princesa". Los VIPS solían ser donde yo superaba mis resacas dando cuenta de pantagruélicos desayunos.


Y aquí estoy ahora en el VIPS de Princesa...

Mi primer recuerdo de un VIPS es, de nuevo, el de Velázquez con López de Hoyos. Estoy casi seguro que fue en algún momento de finales de los años 70. Fui con mi padre. Creo que aparcó el 128 blanco que en aquella época nos llevaba y nos traía en esa callejuela estrech que, sin embargo es una importante arteria de Madrid.. Casi todos los recuerdos de aquel día son borrosos, menos uno. Me acuerdo perfectamente de la sensación que me produjo esa primera visita. Sentí una fascinación pura, como sólo puede experimentar un niño de menos 10 años y con muchos pájaros en la cabeza como era yo. Me llamó la atención el colorido y la luz. No sé, me sentí cómodo. Creo que también era el rincón favorito de mi padre.

2018 ha traído un replanteamiento en los VIPS. Ya no hay tienda, ya sólo es un lugar donde comer. Y no es lo mismo. Parte de la experiencia era, para mí, comprarme una revista, incluso el periódico, y pasar a la zona de restauración. Eso ya no es posible. Por lo tanto, para mí es como si los hubieran cerrado.

Hace como un mes fui por última vez a un VIPS, al mío concretamente. Estaban vendiendo las últimas existencias, creo que ha sido el último que ha dejado de ser una tienda. Me compré una revista y un Moleskine. Me fui triste, porque fue una despedida. Pero también había algo de alegría porque paso a otra fase. Tendré que buscar otro rincón privado.

Los cambios siempre son para bien, aunque duelan.

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