sábado, 7 de abril de 2018

El final del largo y oscuro túnel


Siempre fue un chico con ganas de vivir. Era un poco lelo y no parecía darse cuenta de que respirar, sólo el mero hecho de respirar, duele. Cuando, como nos pasa a todos, no se cumplían sus sueños el muy infeliz seguía creyendo en ellos. Su propia inocencia le protegía de lo que esa condición suya provocaba en su vida. El azar es ciego, no tiene en cuenta la pureza de corazón de gente como él. Es sólo una sensación, pero a veces parece que ensaña con esas personas. Nunca les toca la lotería, siempre se lleva la quiniela de 14 un miserable o un idiota.

El pobre diablo creía en la Amistad, a pesar de que tenía malos amigos, indignos de ese nombre, especialmente uno. Un día se dio cuenta y los dejó atrás. Pronto comprendió que no podía vivir sin amigos, aunque fueran tan malos como los que había tenido. Hizo otros nuevos que eran sólo un poco mejores que los antiguos.

Le llenaba su trabajo y lo hacía bien. No sentía la necesidad de publicitar sus logros profesionales. En consecuencia, sus compañeros se aprovechaban de él para lograr prestigio, notoriedad y aumentos de sueldo. Él creía que no le importaba, que su momento iba a llegar. Cuando se convirtió en un cuarentón sobrevenido vio claro que su espera es y sería siempre infructuosa.

Siempre trató de ser empático con las mujeres a las que amó. Rara vez le tomaron en serio. Fracasó también en lo de tener pareja y construir un futuro junto a ella.

Un día de noviembre se le hizo de noche. Dejó de ver amaneceres. El futuro dejó de existir. Todas sus derrotas se le cayeron encima.

Hace un rato me he tomado un tercio con él. Le he visto bien, hasta parece otra vez ese incorregible soñador que siempre había sido. Su vida sigue siendo una mierda, eso no es lo que está cambiando. Me dijo que es consciente de que nada va a ir a mejor. El triunfo no le sonreirá en ningún aspecto de su vida. La esperanza no ha vuelto a su corazón. Como no entendía nada, me miró de arriba a abajo, sonrió un poco, y me dijo que, a pesar de todo, a pesar de todas las oportunidades perdidas y de todas las que perderá tiene más ganas de vivir que nunca. No sabe cómo, no sabe con quién, no sabe para qué, pero quiere comerse la vida a bocados. "¿Más que antes?", le pregunté. "Menos que mañana", me contestó.


Here comes the sun

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