lunes, 9 de abril de 2018

"I've been higher than the High Sierra"

A-c-o-j-o-n-a-n-t-e


Cuando estas tres tías cantan a coro este "High Sierra" me doy cuenta de la única verdad que estoy en condiciones de defender. Se resume en la siguiente frase:

"¿Cómo coño me voy a preocupar de lo ultra terreno si lo terreno es tan hermoso, tan insondablemente hermoso?"

Y aún añado más. El único paraíso que conozco está en esta pelota azul que da vueltas al sol. Y se aparece muchas veces, por ejemplo cuando Emmylou, Dolly y Linda cantan canciones tan maravillosas como "High Sierra".

Emmylou, Dolly y Linda grabaron dos discos a trío, que llamaron "Trio" (1987) y "Trio II" (1995). "High Sierra" está en el segundo, el de los 90. Recuerdo cuando la escuché por primera vez, en el programa de Manolo Fernández. Se me puso la carne de gallina, algo que me sigue ocurriendo.

Al parecer son bastante amigas desde hace mucho tiempo. En un programa de la tele americana en los 70, presentado por la propia Dolly, hicieron esta barbaridad. 

La leche

¿He dicho alguna vez que mis cantantes favoritas son las de country?.

Pues eso.

domingo, 8 de abril de 2018

Requiem por los VIPS


El VIPS de Velázquez con López de Hoyos era mi zona de confort. Mi rincón favorito, el lugar al que siempre he acudido en busca de cierta paz. Era un sitio en el que podía vagar rodeado de cosas que me gustan. Aunque hace ya tiempo que dejaron de vender música ahí había libros, revistas y gadgets curiosos. El objetivo era curiosear, dejar pasar el tiempo, borrarme de los demás, hacer una inmersión en mí mismo. A veces hasta compraba algo, incluso descubrí una noche noventera a uno de mis autores favoritos, como ya consigné en esta humilde e innecesaria bitácora. En los 90 compraba todas las semana el NME o el Melody Maker. Y últimamente, me hacía con revistas de historia, que me apasionan.

En los 90 fue una especie de refugio para mí. Recuerdo otra noche, muy de madrugada, en la que espanté algún demonio que otro cenando en soledad ya muy de madrugada. En otra oportunidad planeé una conspiración para recuperar mi vida comiéndome el único "Sandwich Club" que me he tomado nunca, aunque no fue en el de Velázquez sino en el inmortalizado por Moris en su "Nocturno de Princesa". Los VIPS solían ser donde yo superaba mis resacas dando cuenta de pantagruélicos desayunos.


Y aquí estoy ahora en el VIPS de Princesa...

Mi primer recuerdo de un VIPS es, de nuevo, el de Velázquez con López de Hoyos. Estoy casi seguro que fue en algún momento de finales de los años 70. Fui con mi padre. Estoy casi seguro que aparcó el 128 blanco que en aquella época nos llevaba y nos traía. Casi todos los recuerdos de aquel día son borrosos, menos uno. Me acuerdo perfectamente de la sensación que me produjo esa primera visita. Sentí una fascinación pura, como sólo puede experimentar un niño de menos 10 años y con muchos pájaros en la cabeza como era yo. Me llamó la atención el colorido y la luz. No sé, me sentí cómodo. Creo que también era el rincón favorito de mi padre.

2018 ha traído un replanteamiento en los VIPS. Ya no hay tienda, ya sólo es un lugar donde comer. Y no es lo mismo. Parte de la experiencia era, para mí, comprarme una revista, incluso el periódico, y pasar a la zona de restauración. Eso ya no es posible. Por lo tanto, para mí es como si los hubieran cerrado.

Hace como un mes fui por última vez a un VIPS, al mío concretamente. Estaban vendiendo las últimas existencias, creo que ha sido el último que ha dejado de ser una tienda. Me compré una revista y un Moleskine. Me fui triste, porque fue una despedida. Pero también había algo de alegría porque paso a otra fase. Tendré que buscar otro rincón privado.

Los cambios siempre son para bien, aunque duelan.

sábado, 7 de abril de 2018

El reto


La entrada de abajo, "El final del largo y oscuro túnel", es el comienzo del desafío que acabo de ponerme a mí mismo. De aquí al 7 de junio, inclusive, voy a escribir una entrada al día. Aunque sea una foto o una frase, todos los días publicaré algo en esta humilde e innecesaria bitácora. En diciembre de 2007 escribí una a la día y no me costó demasiado. Tengo confianza en lograr mi objetivo aunque en esta ocasión tengo que hacer el doble de lo que hice entonces.

Ya estoy pergeñando el texto que colgaré mañana.

El final del largo y oscuro túnel


Siempre fue un chico con ganas de vivir. Era un poco lelo y no parecía darse cuenta de que respirar, sólo el mero hecho de respirar, duele. Cuando, como nos pasa a todos, no se cumplían sus sueños el muy infeliz seguía creyendo en ellos. Su propia inocencia le protegía de lo que esa condición suya provocaba en su vida. El azar es ciego, no tiene en cuenta la pureza de corazón de gente como él. Es sólo una sensación, pero a veces parece que ensaña con esas personas. Nunca les toca la lotería, siempre se lleva la quiniela de 14 un miserable o un idiota.

El pobre diablo creía en la Amistad, a pesar de que tenía malos amigos, indignos de ese nombre, especialmente uno. Un día se dio cuenta y los dejó atrás. Pronto comprendió que no podía vivir sin amigos, aunque fueran tan malos como los que había tenido. Hizo otros nuevos que eran sólo un poco mejores que los antiguos.

Le llenaba su trabajo y lo hacía bien. No sentía la necesidad de publicitar sus logros profesionales. En consecuencia, sus compañeros se aprovechaban de él para lograr prestigio, notoriedad y aumentos de sueldo. Él creía que no le importaba, que su momento iba a llegar. Cuando se convirtió en un cuarentón sobrevenido vio claro que su espera es y sería siempre infructuosa.

Siempre trató de ser empático con las mujeres a las que amó. Rara vez le tomaron en serio. Fracasó también en lo de tener pareja y construir un futuro junto a ella.

Un día de noviembre se le hizo de noche. Dejó de ver amaneceres. El futuro dejó de existir. Todas sus derrotas se le cayeron encima.

Hace un rato me he tomado un tercio con él. Le he visto bien, hasta parece otra vez ese incorregible soñador que siempre había sido. Su vida sigue siendo una mierda, eso no es lo que está cambiando. Me dijo que es consciente de que nada va a ir a mejor. El triunfo no le sonreirá en ningún aspecto de su vida. La esperanza no ha vuelto a su corazón. Como no entendía nada, me miró de arriba a abajo, sonrió un poco, y me dijo que, a pesar de todo, a pesar de todas las oportunidades perdidas y de todas las que perderá tiene más ganas de vivir que nunca. No sabe cómo, no sabe con quién, no sabe para qué, pero quiere comerse la vida a bocados. "¿Más que antes?", le pregunté. "Menos que mañana", me contestó.


Here comes the sun

viernes, 30 de marzo de 2018

"Malibú"


Me gustaría estar en un sitio que llamo "Malibú" que no es el Malibú físico. O sea, sí que quiero estar en un determinada localización terrestre pero es que va cambiando. Por ejemplo, hoy está a muchos kilómetros de aquí. El lunes estará a unos metros. El problema es que no quiero estar exactamente en ese lugar, tengo que estar a la distancia de un abrazo. Parece lo mismo y no lo es.

Sí, lo sé. La distancia de un abrazo no es mensurable. Y además, el abrazo del que hablo no es un abrazo cualquiera. Por lo menos no es un abrazo de los que yo suelo dar. Se parece más a los abrazos delante de un portal, o en mitad del asfalto o a uno que pedimos después de otro. Este último producido tras haber hecho algo inédito. No sé definirlos, sé reconocerlos cuando los doy y cuando los recibo. Seguramente, tú también.

No conocía ese otro "Malibú" hasta hace nada, por lo menos hasta hace un par de entradas de esta humilde e inútil bitácora. Porque, a pesar de lo que pueda parecer, "Malibú" es, sobre todo, una idea. Es decir, se ve, se toca, se mueve aunque existe sólo en un par de cabezas.  Para estar allí no sólo hay que desplazarse físicamente por el universo conocido. Hay que adentrarse en otros rincones más misteriosos.

"Malibú" no sólo tiene que ver con la distancia del abrazo. En realidad, se supone que es el abrazo mismo y algo más, algo intangible.

Da la impresión de que entiendo bien el concepto. Nada más lejos de la realidad. Estas líneas sirven a varios objetivos, uno de ellos es tratar de comprenderlo. Misión que se ha saldado con un relativo fracaso.

Una cosa sí que sé. Hoy por hoy mi felicidad sólo puedo encontrarla allí, en "Malibú"... donde el cielo es azul.



domingo, 25 de marzo de 2018

En el aire



Acabo de despegar y voy a matarme. La moto en la que viajaba ha impactado con un cuerpo extraño, no estoy seguro de qué es y nunca lo sabré. Estoy volando con destino a una pared de hormigón que acabará conmigo. Me quedan 3 segundos de vida. Llevo en el aire una décima de segundo.

Sé que es el final y sé que tengo que hacer balance, sé que mi banal existencial se termina. No era lo que esperaba pero las cosas salen como salen, no como uno las planea. "Lo que sucede conviene". Termino de lamentarme.

Me quedan 2 segundos y medio.

Más vale que me dé prisa. Se acabó lo que se daba. Repaso en un instante muchos de los momentos clave de mi vida. La infancia, el estreno sexual, tanto en solitario como en compañía, la mañana en la que la conocí a ella, la tarde en la que decidí mi destino profesional, la noche en la que decidí dejarme llevar. Paso de puntillas por todos estos eventos porque no hay otro alternativa, estoy apurando todas mis opciones.

Me queda 1 segundo y medio y aún no estoy listo para irme.

Más rápido intento recordar lo que yo considero mis logros. Resulta que no hay muchos. Quizá de lo que más orgulloso estoy es de que no he hecho sufrir casi nada a casi nadie. Seguramente porque soy extremadamente anónimo.

Me queda 1 segundo.

Debo arrepentirme de mis pecados. Para mí Dios no existe aunque la cultura en la que he crecido es cristiana, basada en el perdón, en el sentimiento de culpa, en el, sí, arrepentimiento. Examino todo cuidadosamente. Llego a una conclusión.

Me queda 1/2 segundo.

Hay una cosa que volvería a hacer de manera distinta. Te diría que entráramos en el Angie para "la penúltima". Lo pensé. Estuve a punto de hacerlo, estábamos los dos delante de la puerta. Por una razón que no alcanzo a comprender permanecí en silencio. Incluso en esta situación quiero pensar que hay una salida, que tendré una segunda oportunidad

Ya he llegado a la pared de hormigón. No siento dolor. Un fogonazo blanco ciega mis ojos.

No sé dónde estoy. No sé si soy. Quizá todo esto es un sueño. Quizá estoy despertando de él. No sé si me estoy yendo o estoy volviendo, ambas sensaciones son idénticas, como dos gotas de agua. Pronto sabré que está pasando.

Una cosa es cierta, he aprendido algo de mí mismo justo cuando cuando se supone que no tengo tiempo material para ponerlo en práctica.

Curioso animal es el ser humano. Es extraño que haya llegado tan lejos.

martes, 20 de febrero de 2018

She



El otro día me perdí en un rostro ya conocido. Puede ser el más bonito que he visto en mi vida. Debería decir que es improbable que me vuelva a encontrar jamás con una cara así. Mi propia experiencia me obliga a ser prudente en mis vaticinios. Siempre vendrá, siempre ha venido, algo mejor que lo anterior. O por lo menos distinto, ni superior ni inferior. En este caso, nada de éso vale, ni lo vivido ni las reflexiones sobre lo vivido. Nada más hermoso que esa cara, que ese rostro. She may be the face I can't forget.


Charles Aznavour - She (1974)


El amigo Charles Aznavour cumplirá 94 pirulos el próximo mes de mayo. Su carrera profesional profesional empezó siendo un niño, antes de la II Guerra Mundial y, que yo sepa, sigue sin retirarse. Su voz tiene una textura suave y firme. Es vulnerable y, al mismo tiempo, es la más confiada de mundo. Cuando te sientes así es que te pasa una cosa muy concreta. Esa es quizá la circunstancia que explique que de la garganta de este ilustre francés de origen armenio hayan salido las mejores canciones de amor del siglo XX. Entre ellas, "She", que conoció bastante éxito en los 70 y que volvió a la actualidad cuando formó parte de la BSO de "Notting hill". Ahí es cuando yo la descubrí.

Por aquel entonces era un veinteañero tan tonto como ahora y pensaba que uno de los valsecitos del "XO" de Elliot Smith era mi balada favorita. Sobre todo por el estribillo. I'm never gonna know you, but I'm gonna love you anyhow.


Elliott Smith - Waltz #2 - 1998


La primera vez que escuché esta melodía me dio la sensación de que ya la conocía, algo totalmente imposible. Se produjo una conexión extraña e inexplicable. Si no fuera hijo de la Ilustración diría que aquello fue mágico. Como si esa canción ya estuviera en mí desde siempre. Cuando experimentas esa sensación de familiaridad con alguien, como me pasó con "Waltz #2", es que te pasa algo muy específico con esa persona. Lo que me pasa con ese rostro.

Pasó el tiempo, llegó el siglo XXI, y me encontré con la canción que mejor explica lo que experimento cuando aparece en mi vida esa cosa tan específica, tan concreta. Hey Lloyd, I'm ready to be heartbroken, cause I can't see further than my own nose at this moment.


Camera Obscura - Hey Lloyd, I'm ready to
be heartbroken (2006)


Como es público y notorio este canto a la inocencia de Camera Obscura fue una respuesta directa a otro temazo, que data de los años 80. Not even the government are gonna stop you now, but are you ready to be heartbroken?


Lloyd Cole & The Commotions - Are you
ready to be heartbroken (1984)


Por supuesto, la respuesta a esta canción del primer disco de Lloyd Cole & The Commotions, "Rattlesnakes", es la que dio Tracyanne Campbell al frente de Camera Obscura. La que, a pesar de todo, yo sigo dando.

Sí.

She.

domingo, 4 de febrero de 2018

"De alguna manera"


Si haces radio tienes que tener cuidado con eso que llamamos "muletillas". No es mi intención hacer un texto en esta humilde bitácora sobre teoría y práctica radiofónica pero sí necesito hacer una pequeña intro sobre esta materia para que todo se entienda mejor. Las "muletillas" no son malas, están ahí para ayudarte. Sirven para hacer tiempo cuando no tienes claro qué vas a decir a continuación. Y también sirven para que el oyente te comprenda fácilmente, sin necesidad de perder el tiempo con explicaciones que, además, pueden confundir más que aclarar. Las "muletillas" sirven para ganar tiempo. Se deben de utilizar, pero no se debe de abusar de ellas. Y si se abusa de ellas al final, lamentablemente, no pasa nada. Conozco un radiofonista mucho más importante que yo que las utiliza constantemente y, lo que es peor, mal. Si tienes cierto carisma y estás muchos años en el mismo sitio lo mismo hasta te va bien siendo un analfabeto.

Hay una cosa que es peor que usar "muletillas". Ser consciente de que usas mucho una en particular termina siendo un desastre mucho mayor que, simplemente, abusar de ella. Es cuando tratas de evitarla por todos los medios y no puedes, porque lleva mucho tiempo ahí y no sabes hacer nada sin ella. Hablas peor, se te entiende mal y pierdes el tiempo. Todo ello lo resuelves si usas esa "muletilla" de la que eres consciente y que estás empeñado en eliminar de tu discurso.

Muchas veces "el otro", entendido como "el otro genérico", es una "muletilla". En este mundo frío y despiadado, en el que, más que nunca, la imagen lo es todo y una frase es un pensamiento completo, "el otro genérico" es una "muletilla" y no un apoyo. No queremos/quiero depender de nadie y si tengo que hacerlo, tengo que ir variando a las personas que me ayuden a construir mi vida. El Amor Romántico es malo, nos hace dependientes y felices. Preferimos ser independientes y moderadamente felices porque sabemos, gracias a la lógica del capitalismo, que siempre hay algo mejor esperándonos. Odiamos el dolor y para huir de él nos sometemos a un amor con reservas, un amor en minúsculas, que nos hace aceptables socialmente. En otro tiempo a ésto se le llamaba "conformarse". Es una perfección imperfecta porque, paradójicamente, es perfectamente aceptable y racional. Mis niveles de felicidad e independencia están en guarismos altos y el de dolor está anormalmente bajo. No es perfecto pero se le parece mucho. Usar la "muletilla" es cutre, pasado de moda, refleja que nuestro lenguaje es de otro tiempo, arcaico y trasnochado, en el que había "finales felices". 

Decía Billy Joel que la vida es una sucesión de "adioses y holas", por lo tanto es una sucesión de finales y principios. Todo está terminando y todo está empezando. ¿No me creéis? Todos los días nace y muere algo, el mismo día, la luz del sol. Terminamos algo muchas veces un día cualquiera de nuestra existencia. Y todos los días retomamos algo que dejamos parado unas horas, días, semanas, años o décadas atrás. No hay jornada que termine sin que empecemos algo nuevo. Nada es eterno y no deberíamos comportarnos como si lo fuera. Ya nos lo dijo hace muchos de 2000 años el amigo Heráclito, ya sabéis el del río. Si esperamos constantemente a que surja algo mejor, una palabra genial para evitar la "muletilla", un nuevo amor 2.0 para superar el 1.0, el tiempo se nos puede escapar de las manos. Hasta que de verdad se termine todo para nosotros.

Usar "muletillas" no es perfecto, es necesario. Y apoyarnos en los demás no es malo, es bonito. Porque no tenemos más remedio. Porque la humanidad ha precisado de ese principio para bajar del árbol y moldear el planeta a su imagen y semejanza. Nos apoyamos unos a otros para avanzar y en el proceso nos hacemos daño, es inevitable. Nuestros niveles de dolor pueden llegar a cotas insoportables igual que nuestros niveles de dependencia. No tiene por qué ser así pero, desgraciadamente, a veces ocurre. Y también, muchas otras veces, somos nosotros quienes infligimos dolor y quienes conseguimos que otros sean dependientes. Es nuestra responsabilidad evitarlo en la medida de lo posible. Pero nada nada nada de ésto tiene que ver con "conformarse", con aceptar una cota de felicidad razonable. Con renunciar a las cosas buenas que nos proporcionan las "muletillas". Con quedarnos en el árbol a la espera de que un depredador termine con nosotros.

No hace mucho me he dado cuenta que uso mucho una "muletilla" en concreto, "de alguna manera". No soy el único, hay muchos que la empleamos cuando no podemos explicar del todo algo, circunstancia que, afortunadamente, ocurre con demasiada frecuencia. 

"De alguna manera" he decidido que está bien que esa expresión se cuele en mi habla. Que no quiero perfección en mi vida y que me da lo mismo ser un vestigio de un pasado indeseable.


Billy Joel circa 1981
"Say goodbye to Hollywood"