El lacayo


No sé por qué me sigo acordando de él.

La primera vez que le vi fue en Urgencias. Mi padre había sufrido un infarto la noche anterior, justo cuando yo estaba viendo en el cine "El árbol de la vida", de Terrence Malick. Para no preocuparme no me llamó hasta la mañana siguiente. El lacayo apareció un rato después de que yo llegara. No estaba seguro de que hubiera sido una cardiopatía. Lo recuerdo con el aspecto de mi profesor de inglés en 1º de BUP, al que le gustaban los Simple Minds. Apareció un médico con más autoridad y dijo que no, que se quedaba, que tenían que ingresarlo.

Volví a ver al lacayo cuando mi padre recibió las primeras visitas médicas en su habitación. Acompañaba al doctor que llevaba el caso, que en mi memoria tiene el cuerpo y la cara de Fernando Vallespín, el que fuera mi profesor de Ciencia Política en 1º de Derecho. Es decir, debía de tener una imagen ochentera, algo meliflua y un poco guasona. Siempre que aparecía el lacayo era para chuparle los calcetines a un médico de rango superior.


Nunca supe qué era el lacayo. ¿Un fiel sirviente del jefe de departamento? ¿Un residente? Durante el primer ingreso de mi padre, de más de un mes y medio, con estancia en la UCI incluida, fue el profesional sanitario que más coincidió con nosotros Nunca un gesto empático, jamás una aportación diagnóstica. Todo el rato "sí, bwana... sí, bwana... sí, bwana".

La última vez que le vi fue cuando le dió el alta a mi padre. Lo hizo tarde y mal. Me tuvo esperando casi 24 horas. Al final salimos del hospital a eso de las 8 de la tarde, con un frío polar y noche cerrada. Era noviembre de 2011. Mi padre le preguntó cosas de la dieta y del día a día a lo que respondió con lugares comunes y cosas que no servían para demasiado. La única preocupación del lacayo era que mi padre no consumiera viagra en un par de meses. No veo por qué estaba tan seguro que un señor de 73 años, viudo y con insuficiencia renal podía tener vida sexual. Tampoco hubiera sido tan difícil preguntárselo, digo yo.

Puede que me acuerde de él porque me acuerdo de mi padre. O porque odio a los sumisos, a los lacayos... porque ellos siempre han heredado el reino de los cielos. Seguro que este lacayo es un médico de prestigio. Seguro que pisa moqueta y que no trabaja en las barricadas.

Estoy rodeado de ellos.


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