Un cuento en 30 minutos



Son las 17:45 del viernes 23 de junio de 2017. Voy a escribir un cuento en sólo 30 minutos. A las 18:15 estará terminado. aún no sé de qué va a ir. Empezaré por ponerle un título y a ver qué se me ocurre. Para ello buscaré unas cuantas palabras a voleo y trataré de unir una frase coherente. 

Ésta es la que me ha salido.

Ciertos responsables de la hierba

(Empecemos, pues, con el relato. Son las 17:52)

El jardinero es el camello del bloque de apartamentos Miguel de Unamuno, al norte de Madrid, en Sanchinarro. En realidad, es mucho más. Como hay portero automático es él el que se ocupa de las labores propias del conserje en una finca tradicional. A saber, fiscalizar a los vecinos, molestarles y, en general, invadir su privacidad de manera desvergonzada e intempestiva.

Lo mismo ocurre con los jardineros de los bloques colindantes, Europa 2000, Afremac y Severiano Ballesteros (este último incluye un campo de golf en desuso desde la llegada de la crisis).

Los jardineros se juntan todos los domingos por la mañana. En realidad no tienen en común más que su oficio. Hay un votante de Podemos, otro del Pacma y varios del PP. La única chica del grupo, Bernarda, sabe idiomas. Nadie sabe de qué hablan en esas reuniones.

(Joder, son las 18:00 y aún voy por el primer acto)

Todo empezó cuando llegó abril. Al principio nadie pareció darse cuenta de que los días volvían a acortarse, casi como si fuera el principio del otoño. A las dos semanas anochecía a las 6 de la tarde, que es lo que suele ocurrir en diciembre en Madrid. Pero no era diciembre, el termómetro anunciaba temperaturas muy por encima de los 20 grados. 

Estaba claro que había ocurrido una catástrofe. Tenía que ser algo muy gordo, que hubiera cambiado el eje de inclinación del planeta y/o la órbita alrededor del sol. En los medios de comunicación se ventilaban todo tipo de teorías. Había quien argumentaba que algo tendría que ver con las pruebas de mísiles balísticos de Corea del Norte. Otros suponían que era un ataque global de los terroristas islamistas. No faltaban los que decían que era una de las consecuencias del cambio climático. Fue un momento en el que los fanáticos religiosos ofrecieron al mundo sus enloquecidas teorías explicando este raro fenómeno, como no podía ser de otra manera. 

Y de pronto un día no amaneció. Un día no llego a ser día. Lo mismo en el norte que en el sur, en el este que en el oeste. La oscuridad total. 

Los responsables de la hierba del mundo decidieron ponerse manos a la obra. Las plantan morían, la Tierra estaba condenada.

(Sólo me queda el desenlace. Son las 18:10)

Los líderes de la Solución Final fueron los jardineros del Unamuno, Afremac, Europa 2000 y Ballesteros. Llevaban preparándose en silencio desde hacia décadas, quizá siglos. Habían construido centenares de naves espaciales, de Arcas de Noé, para escapar del Planeta Tierra. Ellos y sus familias. De generación en generación fueron acumulando conocimientos y tecnología. Cuando llegó el día, estaban preparados.

Tiraron 1000 millones de bombas atómicas, dejaron el planeta desolado y emigraron con destino a la estrella más cercana, Alfa Centauri. 

Una vez instalados en uno de los planetas próximos, crearon una sociedad de castas, injusta, con ganadores y perdedores y se inventaron un código seudo místico para regular su diminuta sociedad.

El Mal había ganado.

No había vuelta atrás. 

(Son las 18:18, he palmado por tres minutos)

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