Retorno a Brideshead


"Comeback" lo llaman los periodistas deportivos anglosajones. Es posible que sean mis historias favoritas. Es lo que hizo Alí con Foreman en Kinshasa, cuando nadie creía en él, cuando todos, incluso los suyos, pensaban que iba a ser derrotado y que nunca lograría de nuevo el cinturón de campeón. Fue el Regreso. Quisieron acabar con él, le quitaron su licencia, perdió los mejores años de su carrera sancionado por no querer ir a la guerra de Vietnam. Por aclamación popular le levantaron el castigo. Era un boxeador invicto al que le habían quitado el título por trapicheos en los que su pertenencia a la Nación del Islam debió tener mucho que ver. El camino para culminar el Regreso fue muy duro. Joe Frazier le derrotó, le arrebató su condición de imbatible la primera vez que se vieron las caras en un ring. Aún vendrían más curvas porque cayó ante un boxeador inferior, Ken Norton. Ambos habían sido noqueados por Foreman antes del combate que le iba a enfrentar a Alí, que ya no era el púgil elegante, rápido y técnico que revolucionó el estilo de boxear de los pesos pesados. Estaba claro que iba a ser destruido. Eso pareció al término del primer asalto, del segundo... Nada parecía cambiar, el destino estaba marcado. Sin embargo, en el octavo asalto, el plan de esperar a que Foreman se cansara por fín dio sus resultados. Alí había vuelto.



El pasado nos explica. Cuando empezamos a mirar hacia atrás buscamos respuestas. A menudo acerca del futuro. Si una cosa fue de una manera lo normal es que vuelva a ser de esa manera. Es un truco que casi siempre funciona. El pasado que elegimos recordar dice mucho de nuestro presente. Significa algo que para el capitán Charles Ryder la nostalgia sea, en "Retorno a Brideshead", ese improbable trío que formó en su juventud con los aristocráticos hermanos Flyte. El capitán Ryder ha decidido que lo que le gusta es el lujo decadente, los placeres sensoriales y cierta inquietud intelectual. Éso es lo que le define.



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Si yo vuelvo  una y otra vez a esta humilde bitácora es porque este es mi "Brideshead" particular. El lugar emocional en el que me siento realizado, donde acudo en busca  de respuestas y de preguntas ya formuladas más esclarecedoras que esas respuestas. Vuelvo para tener la oportunidad de derribar a George Foreman en el octavo asalto, tras pasarme toda la pelea contra las cuerdas.

Vuelvo. Y seguiré volviendo. Porque uno no puede evitar ser como es y porque me flipa la trompeta barroca del tema central de "Brideshead revisited" (1981).


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