Villano de una comedia romántica


Nunca entendí del todo por qué el guionista de una película tiene como máximo objetivo lograr que empaticemos con el protagonista. Yo pensaba que lo más importante es lo que decía Billy Wilder, "no aburrir". A partir de aquí se puede empatizar o no. Puedes disfrutar o pasarlo mal. Todo menos aburrir. Puedes entenderlo todo o no entender nada o entender casi todo menos lo importante.

Tras este párrafo ligeramente anarquista que, quizá, no suscriban muchos de mis amigos guionistas, voy con el matiz.

Es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, cuando vemos una película o una obra de teatro, cuando leemos una novela, es más fácil no aburrirnos si empatizamos con alguien, normalmente el protagonista, el héroe, el "bueno". Algunas veces nos cae bien el villano y nos sentimos identificados con él. Y, en los grandes relatos, el protagonista tiene tanto de héroe como de villano. Gracias a eso, nos lo creemos. Y llegamos a empatizar con él, a identificarnos con él, a creérnoslo. En tiempos a estos personajes se les llamaba anti héroes. Cuando pienso en un ejemplo de anti héroe, se me viene a la cabeza el Ethan interpretado por John Wayne en "Centauros del desierto".

La excepción es que queramos ser el malo. Y si queremos serlo, elegiremos un malo muy bueno. Por ejemplo, Darth Vader. O un malo paródico, como los de las primeras pelis de James Bond. O, incluso, un malo que nos produzca ternura, como el Coyote (suponiendo que el malo sea él y no el puto Correcaminos. Ese es otro debate, cierro paréntesis, que me desvío).

Por muchas excepciones que hagamos existe un tipo de malo con el que nunca conectaremos, aunque sea muy bueno, paródico o nos produzca ternura.

El malo de comedia romántica.

No queremos ser el arrogante y memo quarterback popular que está con la animadora de corazón puro y piernas interminables.
No queremos ser el novio/marido con un trabajo aburrido y unas expectativas vitales mediocres que cercena las ansias de vivir de la morenaza explosiva con cerebro de Premio Nobel.

Por eso la confesión que me hizo un amigo el otro día fue especialmente dura. Me dijo que quería retirarse del amor. Me lo trasmitió de manera un poco melodramática, tarareando este estándar del jazz de los años 30.


Nat "King"Cole - I'm thru with love


¿Sabéis por qué prefiere esta balada a esta otra?


Nat "King" Cole - Let's fall in love

Por una razón elemental. Él mismo la expresó así. Transcribo de manera textual sus palabras.

"Todos queremos ser Richard Gere
en "Pretty woman". Yo también.
Pero soy el villano de esa película.
Y de todas las comedias románticas
de la historia de la humanidad"

Y se quedó tan tranquilo.

Luego lo pensé un poco y le dí la razón. En general, todos solemos ser los malos de las comedias románticas. 

Es un mundo cuyas reglas no conocemos. Si las conocemos, no las dominamos. Y si las dominamos, al final acabamos dañados, de una manera o de otra. Cuando sale más o menos bien una historia de este tipo es por una sola razón. Suerte. El puto azar.

Al final, le tengo que dar la razón a Adam Sandler. ¡Qué bajo hemos caído, coño! (Y que flaco estaba Adam Sandler en "El chico ideal").



Love stinks
Pues eso.





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