La derrota de Victor D'Hont


Llevamos años cagándonos en la Ley D'Hont, la usada para asignar los escaños en el parlamento español (y muchos otros). Yo mismo lo hice en esta humilde bitácora. La crítica es tan generalizada que ya no precisa de ninguna explicación. Como estamos en una etapa en la que el bipartidismo parece (solo parece) batirse en retirada, todo el mundo culpa al sistema inventado por el abogado belga Víctor D'Hont, especialmente desde los partidos emergentes y/o minoritarios, en teoría los más perjudicados.

Una lectura más sosegada arroja luz sobre una curiosa paradoja.

Hace más de 20 años, en la facultad de Derecho, aprendí que la Ley D'Hont se eligió para garantizar que se produjeran mayorías sin caer en un sistema mayoritario, como el de Inglaterra, donde ganes por un voto o por un millón te lo llevas todo. Esto es posible porque cada circunscripción solo elige a un representante y no a varios, como ocurre en este nuestro amado país. Pongo un ejemplo. Si en una circunscripción el partido A ha logrado 10 votos, el B 9 votos, el C 8 votos y el D 7 votos, solo obtendría representación el primero. Con la Ley D'Hont  y suponiendo que en esa circunscripción hubiera en juego 6 diputados, la cosa sería así.

El partido A lograría 2 escaños
El partido B lograría 2 escaños
El partido C lograría 1 escaño
El partido D lograría 1 escaño

Como se puede apreciar, al aplicar la fórmula de la Ley D'Hont, se beneficiaría a los partidos que han logrado más votos pero todos tendrían representación. En realidad lo que distorsiona más los resultados en términos de escaños es cuántos diputados deben elegirse. Cuanto más diputados, más proporcional será el resultado. Y también influye mucho marcar un porcentaje mínimo de votos para obtener representación. En España es el 3%.

El objetivo de instaurar la Ley D'Hont era posibilitar que se produjeran mayorías sin perder representatividad por el camino.... y ahora, tras las últimas elecciones, tanto generales como catalanas, el resultado no ha podido ser más caótico. Gracias, sobre todo, a la Ley D'Hont, que tiene en su ADN un marcado carácter proporcional.

Por lo tanto, Víctor D'Hont ha sido el gran derrotado del año electoral en España. No hay mayorías, hay escenarios sujetos a acuerdos contra natura como en Cataluña o situaciones complejas cuyo desenlace es incierto. Esto último es lo que ocurre con el resultado de las elecciones generales del 20D.

Ha sido una doble derrota. La Ley D'Hont no ha servido a su propósito y no ha dejado contento a nadie, ni siquiera al partido más votado.


Ahora, ¿qué hacemos?

No se adivinan soluciones en la lontananza.





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