sábado, 31 de diciembre de 2016

Can 2016 fuck off now please?



Si lo dijo Madonna, yo no tengo más que añadir.


Postdata: Esta noche estoy en Marte, por si alguien pregunta por mí.


lunes, 6 de junio de 2016

Tobillos finos

Se lo dije un día, hace muchos años, como si fuera algo que llevara observando cuidadosamente durante un tiempo prolongado. Es curioso, en realidad no quería dar esa imagen de fiel devoto. Mi método de seducción suele consistir en exhibir cierta distancia “cálida” que supongo que resulta misteriosa y atractiva. Lo suelo emplear para sentirme sofisticado y así ganar algo de seguridad en mí mismo.

No me suele funcionar.

La dije que siempre llevaba pantalones y que sus tobillos eran finos. Quería dedicarle un piropo elegante y le hablé de una parte de su anatomía que no había visto nunca. No sólo eso, jamás me han atraído los tobillos. Me suelen parecer muy feos, quizá la parte menos hermosa del cuerpo humano. Me fijo mucho en las rodillas o en los hombros. Me suelen motivar mucho las axilas de  mujer con algo de pelo, por el recuerdo de una chica francesa de preciosos y pequeños pechos que me devolvió una pelota de playa con una sonrisa cuando yo tenía 15 añitos y ambos nos bañábamos en el Mediterráneo. Estoy viendo la imagen ahora mismo. Era morena, pelo rizado, piel tostadita… Si esta tarde me la encuentro por las calles de Madrid no la reconocería. Jamás hablé con ella. Me pasó la pelotita, me sonrió, me permitió mirarla. Algo se movió dentro de mí. Un amigo suele decir que él empezó a admirar a las mujeres cuando escuchó a Sinatra cantar “The shadow of your smile”. Yo entendí que hay algo profundo en el placer sensorial cuando aquella veinteañera me dedicó unos segundos de su vida. Hay algo ultraterreno en lo más terreno. En unas axilas sin depilar.

Poco tiempo después de aquel día en que la dije que tenía los tobillos finos pude vérselos por primera vez. Era un día de calor, estábamos en una reunión de amigos y ella iba con una vestidito ligero que permitía soñar con su cuerpo. Se había puesto unas zapatillas baratas de color rojo y no llevaba calcetines. Debió pensar que era un chico un poco raro porque no dejé de observar sus lindos tobillitos en todo el día.

No hace mucho me confesó que en aquella época pensaba de mí que era un poco lelo. “Me hablabas de tobillos finos, citabas a Heráclito, rehuías todas mis aproximaciones. Creía que eras idiota. No en un mal sentido de la palabra porque me caías simpático. De hecho, hasta me gustabas”.

Desarrollé una insana obsesión por sus carcajadas, primero, y sus tobillos finos después. Era insana por irracional. Por eso la he definido así. Y porque no me llevaba a ningún lado, no me forzaba a actuar en ningún sentido. No me hacía feliz y tampoco me dañaba, sólo disfrutaba del ruido de sus risas y de lo minúsculo de sus tobillos.


Era inútil, como suele serlo la belleza. El arte por el arte, sin más significado. 

martes, 23 de febrero de 2016

Villano de una comedia romántica


Nunca entendí del todo por qué el guionista de una película tiene como máximo objetivo lograr que empaticemos con el protagonista. Yo pensaba que lo más importante es lo que decía Billy Wilder, "no aburrir". A partir de aquí se puede empatizar o no. Puedes disfrutar o pasarlo mal. Todo menos aburrir. Puedes entenderlo todo o no entender nada o entender casi todo menos lo importante.

Tras este párrafo ligeramente anarquista que, quizá, no suscriban muchos de mis amigos guionistas, voy con el matiz.

Es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, cuando vemos una película o una obra de teatro, cuando leemos una novela, es más fácil no aburrirnos si empatizamos con alguien, normalmente el protagonista, el héroe, el "bueno". Algunas veces nos cae bien el villano y nos sentimos identificados con él. Y, en los grandes relatos, el protagonista tiene tanto de héroe como de villano. Gracias a eso, nos lo creemos. Y llegamos a empatizar con él, a identificarnos con él, a creérnoslo. En tiempos a estos personajes se les llamaba anti héroes. Cuando pienso en un ejemplo de anti héroe, se me viene a la cabeza el Ethan interpretado por John Wayne en "Centauros del desierto".

La excepción es que queramos ser el malo. Y si queremos serlo, elegiremos un malo muy bueno. Por ejemplo, Darth Vader. O un malo paródico, como los de las primeras pelis de James Bond. O, incluso, un malo que nos produzca ternura, como el Coyote (suponiendo que el malo sea él y no el puto Correcaminos. Ese es otro debate, cierro paréntesis, que me desvío).

Por muchas excepciones que hagamos existe un tipo de malo con el que nunca conectaremos, aunque sea muy bueno, paródico o nos produzca ternura.

El malo de comedia romántica.

No queremos ser el arrogante y memo quarterback popular que está con la animadora de corazón puro y piernas interminables.
No queremos ser el novio/marido con un trabajo aburrido y unas expectativas vitales mediocres que cercena las ansias de vivir de la morenaza explosiva con cerebro de Premio Nobel.

Por eso la confesión que me hizo un amigo el otro día fue especialmente dura. Me dijo que quería retirarse del amor. Me lo trasmitió de manera un poco melodramática, tarareando este estándar del jazz de los años 30.


Nat "King"Cole - I'm thru with love


¿Sabéis por qué prefiere esta balada a esta otra?


Nat "King" Cole - Let's fall in love

Por una razón elemental. Él mismo la expresó así. Transcribo de manera textual sus palabras.

"Todos queremos ser Richard Gere
en "Pretty woman". Yo también.
Pero soy el villano de esa película.
Y de todas las comedias románticas
de la historia de la humanidad"

Y se quedó tan tranquilo.

Luego lo pensé un poco y le dí la razón. En general, todos solemos ser los malos de las comedias románticas. 

Es un mundo cuyas reglas no conocemos. Si las conocemos, no las dominamos. Y si las dominamos, al final acabamos dañados, de una manera o de otra. Cuando sale más o menos bien una historia de este tipo es por una sola razón. Suerte. El puto azar.

Al final, le tengo que dar la razón a Adam Sandler. ¡Qué bajo hemos caído, coño! (Y que flaco estaba Adam Sandler en "El chico ideal").



Love stinks
Pues eso.





martes, 12 de enero de 2016

La derrota de Victor D'Hont


Llevamos años cagándonos en la Ley D'Hont, la usada para asignar los escaños en el parlamento español (y muchos otros). Yo mismo lo hice en esta humilde bitácora. La crítica es tan generalizada que ya no precisa de ninguna explicación. Como estamos en una etapa en la que el bipartidismo parece (solo parece) batirse en retirada, todo el mundo culpa al sistema inventado por el abogado belga Víctor D'Hont, especialmente desde los partidos emergentes y/o minoritarios, en teoría los más perjudicados.

Una lectura más sosegada arroja luz sobre una curiosa paradoja.

Hace más de 20 años, en la facultad de Derecho, aprendí que la Ley D'Hont se eligió para garantizar que se produjeran mayorías sin caer en un sistema mayoritario, como el de Inglaterra, donde ganes por un voto o por un millón te lo llevas todo. Esto es posible porque cada circunscripción solo elige a un representante y no a varios, como ocurre en este nuestro amado país. Pongo un ejemplo. Si en una circunscripción el partido A ha logrado 10 votos, el B 9 votos, el C 8 votos y el D 7 votos, solo obtendría representación el primero. Con la Ley D'Hont  y suponiendo que en esa circunscripción hubiera en juego 6 diputados, la cosa sería así.

El partido A lograría 2 escaños
El partido B lograría 2 escaños
El partido C lograría 1 escaño
El partido D lograría 1 escaño

Como se puede apreciar, al aplicar la fórmula de la Ley D'Hont, se beneficiaría a los partidos que han logrado más votos pero todos tendrían representación. En realidad lo que distorsiona más los resultados en términos de escaños es cuántos diputados deben elegirse. Cuanto más diputados, más proporcional será el resultado. Y también influye mucho marcar un porcentaje mínimo de votos para obtener representación. En España es el 3%.

El objetivo de instaurar la Ley D'Hont era posibilitar que se produjeran mayorías sin perder representatividad por el camino.... y ahora, tras las últimas elecciones, tanto generales como catalanas, el resultado no ha podido ser más caótico. Gracias, sobre todo, a la Ley D'Hont, que tiene en su ADN un marcado carácter proporcional.

Por lo tanto, Víctor D'Hont ha sido el gran derrotado del año electoral en España. No hay mayorías, hay escenarios sujetos a acuerdos contra natura como en Cataluña o situaciones complejas cuyo desenlace es incierto. Esto último es lo que ocurre con el resultado de las elecciones generales del 20D.

Ha sido una doble derrota. La Ley D'Hont no ha servido a su propósito y no ha dejado contento a nadie, ni siquiera al partido más votado.


Ahora, ¿qué hacemos?

No se adivinan soluciones en la lontananza.





martes, 5 de enero de 2016

El concepto ajado del R&R


Estamos en 2016. Esto podría haber valido para el comienzo de los años 70 porque entonces el rock and roll, como forma musical y como elemento de rebeldía, ya estaba muerto y enterrado. El punk trató de revitalizarlo y fracasó. Johnny Rotten se convirtió en John Lydon y se puso a hacer música gloriosamente inclasiflicable con P.I.L.

El 28 de diciembre de 2015 moría Lemmy Kilmister, el líder de Motorhead. #RIPLemmy fue TT mundial. Cualquiera que tuviera inquietud cultural se sintió en la obligación de despedir a un roquero de 70 años con una mentalidad infantil. 


Motorhead era un gran grupo de rock. Acepto que fue uno de los mejores, incluso que, dentro del esclerótico mundo de las cuerdas de acero, fueron innovadores. A mí, sin ser fan, me gustaron su velocidad, su vértigo, su contundencia. Por otro lado, siempre me hicieron sospechar todas esas camisetas con el logo que se ponía gente que no tenía un disco de Motorhead en casa. Que no tenia un disco en casa. Lo mismo me pasa con los Ramones. Ambos grupos son marcas, que han sobrevivido a sus creadores. Marcas que representan una idea que no me gusta.


¿Fue el R&R rebelde alguna vez? 


Imagino que sí. Supongo que sí.


Entiendo que fue una ruptura generacional. 

"Come mothers and fathers/Throughout the land/And don't criticize/What you can't understand/Your sons and your daughters/Are beyond your command/Your old road is/Rapidly aging". 
Bob Dylan - The times they are a-changin' (1964)

Un mundo se acabó y nació otro nuevo. No estoy seguro de que el R&R lo matara, más bien lo remató. Fue uno de los conspiradores, quizá el más joven y guapo. El que se hizo famoso, el último en llegar.


Hay muchas maneras de explicar ese nuevo mundo. Quizá la más exacta es la que proclama que hacia la segunda mitad del siglo XX la juventud pasó a ser incluida en el discurso cultural y político de las sociedades occidentales bajo la influencia estadounidense. Rebeldía inocente, el no querer ser como sus mayores. Y ahí nace el R&R, desde las filas de la contracultura. Poco tiempo permanecerá allí. Hacia mediados de los 60 el R&R entra en la corriente principal del mundo del espectáculo. Sinatra recibe a Elvis en su programa de TV, los Beatles tocan en el Ed Sullivan Show ante una audiencia bestial. Las jerarquías económicas lo aceptan y lo usan para sus fines. Con el R&R como máximo argumento se crea una sociedad de consumo específica para la juventud. Y a través de ella se transmite el valor de la libertad de derechas, es decir, el individualismo, el artista comprometido con su forma de expresión que no se casa con nadie, ni con la compañía ni con el público. Curiosamente, los que le pagan la fiesta.

El R&R termina haciendo de los excesos una forma de protesta. En realidad, a los dueños de la pirámide social les viene muy bien que la juventud se drogue y escuche rock escapista. Así no piensa, ni busca la manera de cambiar algo. Los hippies de los 60 se convirtieron en los yuppies de los 80. Eran, exactamente, los mismos.

Echemos un vistazo a los 5 mandamientos de Lemmy, tan cacareados por la prensa cultural y considerados por la mayoría como algo genial. 

1. Marlboro
2. Jack Daniel's
3. Speed
4. Strippers
5. R&R

Veamos, dos multinacionales, sustancias que te ponen agresivo y costumbres machistas. Claro, claro, hagamos la revolución con estos puntos de apoyo. Sí, es muy gracioso,... para un niño de 15 años. Beavis y Butt Head no son una parodia. Son la realidad.

Y, entonces, ¿por qué el R&R goza de tan buena prensa si es tan perverso?

Porque se lo ha apropiado el sistema. No ahora, no en el siglo XXI. Mucho antes, en los 60. Lo que no me explico es por qué las clases medias occidentales se creen que tocar R&R es ponerle las cosas difíciles al poder. Algunas bandas de R&R han cumplido, cumplen, con ese cometido. (Motorhead desde luego que no). Pero también algunos músicos de cualquier estilo y algunos artistas plásticos. Incluso, algunos políticos. Y, sin embargo, el R&R es rebeldía y la música negra de los 60, no lo es para el gran público. En realidad, el soul, en los 60, fue mucho más alternativo y contracultural de lo que ha sido nunca el R&R. Las proclamas feministas de Aretha o Nina, el empoderamiento de Sam Cooke o la Motown, la reivindicación de las raíces africanas por parte de James Brown, nada de eso tuvo el R&R. Mucho más contracultural e incómodo que el R&R fue el sonido disco, con negros, hispanos y homosexuales bailando juntos sofisticadas tonadas sobre la autoafirmación y el no dejarse pisotear. ("Punk as fuck" me dijo Nic Offer que es para él la era disco). Eso era rompedor y peligroso. Por eso duró tan poco. Los biempensantes acabaron con todo éso con las puritanas huestes del R&R como cómplices necesarios. Lamentablemente, el SIDA hizo el resto.

Y pegar un guitarrazo es, para el imaginario colectivo, una genuina muestra de inconformismo. Pues no. El mero hecho de pegar un guitarrazo no es nada per se. Puede ser radical, pudo ser radical. A la altura de 2016, las más de las veces, es retrógrado. Nada hay más antiguo que unos señores de mediana edad tocando rock clásico de guitarras.


sábado, 2 de enero de 2016

La Cara de la Noche



Inició el año del centenario de la muerte de Cervantes en una fiesta celebrada en la calle que Madrid consagró al autor del Quijote. De este dato se dio cuenta al día siguiente.

Era obvio que ese no era su ambiente. Siempre aparentó menos edad de la que tenía y pudo, según creyó, pasar desapercibido. Él sabía que él era la persona más vieja de los que se encontraban en esa grisácea madrugada en ese punto concreto del mundo. Optó por bailar, sonreír y no esperar nada.

Conoció a varias personas con las que disfrutó del momento. Siempre supo que esas relaciones iban a ser estrellas fugaces que se apagarían en cuanto terminara esa Nochevieja. Tuvo tiempo de cantar las aventuras de Alonso Quijano, el hombre que vivió loco y murió cuerdo. "La obra de un soldado", como dijo su interlocutor, fascinado por el personaje y su creador.

Todo el rato estuvo mirando por el rabillo del ojo. Rastreaba la habitación en busca de una cara, la Cara. Pertenecía a una chica alta, vestida con una falda larga y unos recios botines, lo que le daba un aspecto como de matrona decimonónica. Su pelo corto, puede que recogido en un moño, reforzaba esa sensación. Debía ser muy guapa.

Hace mucho tiempo, en el siglo pasado, un tal Jimmy Jam le habló de un concepto que desde entonces ha adoptado como suyo. La Cara de la Noche. Debía ser el rostro de una mujer bonita, el rostro de una mujer con quien estabas destinado a no hablar jamás. Ni esa noche ni ninguna. Una promesa incumplida. La belleza de lo que pudo ser.

Esa chica alta fue para él La Cara de la Noche.

Ella irrumpió en una de las conversaciones que él mantuvo. Estaba en un balcón compartiendo un cigarro de la risa con el tipo con el que habló de Cervantes (en la calle Cervantes). Intercambiaron unas breves palabras.

Se presentaron. Ella se llamaba como una ex novia suya. Y era actriz, como otra ex novia suya.

Al poco ella se fue, aduciendo que hacía frío.

Un rato después, él se derrumbó en un sillón. La fiesta había acabado. La gente se resistía a irse. Estaba cansado y feliz. A un tiempo se sentía tan desconcertado como lúcido.

La Cara de la Noche se sentó en el sillón de enfrente. Se miraron. Primero de reojo, después ya sin remilgos.

Estaban a punto de dar las doce del mediodía. Él se despidió de la gente y se retiró con toda la elegancia y dignidad que fue capaz de reunir.

Mientras caminaba por el Paseo del Prado en dirección a su coche sonó el móvil. La identidad de quién estaba llamando era desconocida.

Él tuvo un momento de duda.