Los malditos no lloran


DOBLE AVISO: Esta entrada va a ser larga. Es recomendable leerla mientras se escucha esta canción de Visage.



"The damned don't cry"


Los romanos dividían los días en fastos y nefastos. En los primeros se permitían todo tipo de actividades públicas y en los segundos solo de carácter religioso, lo que convertía estas jornadas en algo malo porque no se podía hacer otra cosa y tampoco se podía abandonar uno al ocio y a la molicie. Al final, lo nefasto ha quedado en nuestra sociedad como sinónimo de particularmente desgraciado.

La semana que terminó ayer fue para mí nefasta en un sentido extraño. Fue mala, de eso no cabe ninguna duda. Estuvo plagada de acontecimientos que no termino de entender muy bien. Y, sin embargo, no me ha causado un dolor profundo ni una ilusión desmesurada ni una lucidez extrema. Lo he vivido todo con calma. Una auténtica novedad en mí. No creo que sea la edad, me pasa algo que escapa a mi comprensión. No estoy seguro de que me guste ni tampoco de que me disguste.

LUNES 9 DE NOVIEMBRE DE 2015

Fue un día festivo, nefasto según la nomenclatura romana. Poca gente en la redacción y agradable tranquilidad. Esperé una llamada que no se produjo y que sabía que no se iba a producir aunque me hacía ilusiones. 

Un amigo con el que había quedado me anuló una quedada vespertina. No me importó, no tenía muchas ganas. En su lugar estuve preparando la sesión para el Prado. Me pedían hora y media y pude completar 60 minutos. Escuché una muestra en el coche, al regresar a mi hogar. Me quedé razonablemente satisfecho aunque pensé en hacer algunos cambios. Maté el tiempo con "Spectre" en los Kinépolis.

Cené, como siempre, viendo la tele. Me quedé adormilado. Al despertar, se me hizo la boca agua. Salivaba de una manera excesiva sin llegar a babear. Es una sensación desagradable. Podía tragar, eso sí. Esta circunstancia impidió que me metiera en la cama. Vi una película y un programa deportivo sin prestar atención. No me pude dormir hasta las 2 y pico de la mañana. Pensé que recuperaría el sueño al día siguiente. Estaba equivocado.

MARTES 10 DE NOVIEMBRE DE 2015  

Dormí poco y mal y me levanté con mi salivación excesiva desatada. Antes de irme consulté en internet qué podía significar. Sabía que era un error porque la respuesta sería que es cáncer, que es lo siempre ocurre cuando te metes en la red para enterarte de un problema de salud. Por lo menos supe de que lo que tenía era sialorrea. En el trabajo empezó a remitir, aunque de manera leve.

Recibí un mensaje que pensaba que podía recibir y me alegré con sordina. 

Mi rendimiento profesional fue bajo, como viene siendo habitual en los últimos tiempos. Por la tarde estuve ensayando para la función del día siguiente. Después trabajé de nuevo en la sesión del Prado.

Me acosté tarde y dormí mal. Seguía teniendo sialorrea.

MIÉRCOLES 11 DE NOVIEMBRE DE 2015

La mañana no tuvo nada de particular. La sialorrea parecía bajo control pero no desaparecía. Por la tarde, antes del ensayo general, por sorpresa, establecí comunicación con Inés, mi prima argentina. Fue ella la que tomó la iniciativa de volver a hablar. No lo hacíamos desde que me rompí las costillas, allá por primavera.

Esperé una llamada que no se produjo y que sabía que no se iba a producir aunque me hacía ilusiones. 

La función fue bien. Quería creer que una persona iba a aparecer y, como suponía (pero no aceptaba), no dio señales de vida.

Dos amigas con las que había quedado vinieron a verme después de la obra. Se tomaron algo con nosotros. Estuvo bien. Una de ellas, la que menos conozco, estuvo toda la noche hablando conmigo. Al día siguiente me harían comentarios maliciosos al respecto.

JUEVES 12 DE NOVIEMBRE DE 2015

La sialorrea no remitía lo suficiente. Dormí algo mejor y estaba de buen humor. Había elegido este día para afrontar lo que llevaba tiempo deseando afrontar. No lo había hecho antes por las especiales circunstancias del caso. Y, sin embargo, me sentía desganado. No, no tenía miedo. Era una cierta holgazanería, producto de una confiada seguridad en mí mismo. Es más que posible que no hubiera hecho ningún movimiento de no haberse producido el penúltimo giro de esta historia. Una historia que no contaré porque terminó mucho antes de haber empezado. Una historia, como todas las mías, que ha durado demasiado.

Entonces hice una llamada en vez de esperar una que no se producía y que sabía que no se iba a producir aunque me hacía ilusiones. Puse una fecha provisional para terminar con todo, sería al día siguiente, el viernes 13 de noviembre de 2015. No iba a ser luna llena. Decidí ignorar el augurio. Pensaba que las soluciones llegarían una noche en que la luna refulgiera plena en el cielo y esa no iba a ser la elegida finalmente.

Estaba optimista.

Terminé la sesión del Prado. Quedé satisfecho. Me reencontré con una bitácora que me encantaba. El Manual Inservible de Mila cerró sus puertas en 2008 y siempre lo eché de menos. Me hubiera encantado leer entradas nuevas. Me tuve que conformar con disfrutar de las ya conocidas. Fue tan bueno como tomarte una caña con un viejo amigo al que no veías hacía tiempo. (En este caso 7 años).

Fui al cine para entretenerme y me aburrí. Seguía teniendo sialorrea.

VIERNES 13 DE NOVIEMBRE DE 2015

Gran parte de la mañana me la pasé tratando de lidiar con la fase 2 del protocolo de actuación por alta contaminación. Tomé una sabia decisión. Aparqué en Carabanchel y caminé hacia el centro. A ver si se animan a cerrar el centro de Madrid de una vez. Y a ver si yo puedo volver a vivir en la capital y no en la Sierra.

Por la noche se produjo la tragedia. Bombas y tiros en París. Todo el mundo recordará la noche del viernes 13 de noviembre como la del 11-S parisino o la del 11-M parisino. Dolor, miedo, ansias de venganza, esos son los sentimientos que la gente compartió durante todo el fin de semana. Sin duda, una jornada histórica, de esas que son simplificadas en los libros de textos y tergiversadas en las películas.

Para mí, son solo hechos. No consigo que me conmuevan como a los demás.

Yo viví un pequeño drama personal la noche en la que París ardió. En realidad no fue más que un trámite. Todo estaba ventilado desde mucho antes. Yo no lo sabía con seguridad aunque me lo temiera. Certezas era, sobre todo, lo que busqué el viernes. Certezas. Y la constatación de que no hay nada más hermoso que la verdad.

Me quedo con su sonrisa al verme, el caramelo que me regaló, su mano en mi pecho, me quedo también con su mirada huidiza diciéndome un enfadado "lo siento", mi sialorrea desatada durante La Conversación, su ausencia de empatía y mi sensación de que ella prefería lo que yo no podía aguantar más.

Volví a casa resignado. Había alivio en mi paseo hacia el coche. Creo que eso fue lo que percibió el amigo con el que hablé por teléfono en el trayecto a casa. 

Me acosté hacia las 4 y pico de la mañana. Estaba desvelado. Tampoco es que le diera muchas vueltas a lo ocurrido. Triste tampoco estaba. Quizá lo que no me dejaba dormir era una especie de materia oscura. Un algo que está en alguna parte, que creo percibir sin tener una evidencia empírica de su existencia.

 A lo mejor esa materia oscura es que ya no quiero tener esperanzas.

SÁBADO 14 DE NOVIEMBRE DE 2015

La sialorrea no había terminado de desaparecer. Después de comer llegó a niveles más o menos aceptables. Entonces empecé a creerme que podría remitir de manera espontánea. Al parecer, esto es lo más normal.

Consulté el precio de un billete de avión e hice unas cuentas. Me fui al cine para pasar el rato. La edulcorada "Straight outta Compton" fue mi elección. Decliné una invitación para ir a un concierto. Nadie habló conmigo, ni en persona, ni por teléfono, ni por whattsap, ni siquiera por correo electrónico. Me dediqué a vaguear por casa, sin recoger las cosas que se caían al suelo, sin lavar los platos y sin destender la ropa.

De vez en cuando, sentí puntadas. algunas de tristeza, otras de vergüenza.

DOMINGO 15 DE NOVIEMBRE DE 2015

Por primera vez en más de una semana, dormí 8 horas de un tirón. La sialorrea estaba casi dominada. Seguí preso de una inconsciente abulia. Después de hacer unas cuentas decidí enviar un correo electrónico a Buenos Aires. En lugar de eso, empecé a escribir esta entrada. A la altura de esta frase guardé todo, cerré el ordenador, me duché y me fui a trabajar un par de horas a la redacción. Sonaba "Last dance" de Donna Summer.

Cunplí mis obligaciones a tiempo. Pude ver la carrera del GP de Brasil sin problemas. Me di cuenta de que la iluminación de mi bicicleta es pésima porque me di una vuelta cuando la noche ya había caído. Hice una gestión.

Cené de manera frugal, me tomé una infusión relajante y me fui a la cama. Estaba tranquilo.

LUNES 16 DE NOVIEMBRE DE 2015

Sin novedad en la redacción.
Hace unos minutos he comprado un billete para ir a Buenos Aires. Salgo este viernes.
Mi sialorrea casi ha desaparecido por completo.


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