Hace un millón de años


Tampoco parece que haya pasado tanto tiempo. No llega a medio centenar de meses. Debió ser en un punto indeterminado de finales de 2012.  Fue un momento en el que empecé a perder amigos, un fenómeno que no había experimentado en mi vida. Sí, tuve amigos que habían dejado de serlo por circunstancias objetivas, en su mayoría cambios de residencia. Esto era diferente. Yo estaba tomando decisiones perfectamente conscientes para dejar de tener amigos. Desde entonces hasta ahora he perdido la amistad de 3 personas para siempre, la última de ellas hace un año. En el último mes hay otros dos que probablemente eleven la cuenta de ex amigos a 5. Incluso, hay una sexta persona que también podría añadir a esa lista.

Me he dado cuenta de que en cuanto he dejado de hacer esfuerzos para mantenerlas esas amistades han empezado a diluirse. Y después han desaparecido. Y no me arrepiento.

Lo extraño, lo que no termino de entender muy bien, es que no me arrepiento.

Se puede argumentar que estoy contento porque me he quitado lastres de encima. Hay una mínima parte de mí que está de acuerdo con esa afirmación. Hay otra parte que vive todo esto como una derrota. Yo creo en la amistad por encima de cualquier otra cosa. Me duele muchísimo añadir más fracasos a mi vida. Mi diseño vital está basado casi en exclusiva en la amistad. O cambio de estrategia o asumo que no está saliendo muy bien.

Y, sin embargo, insisto, no me arrepiento. No se por qué.

La teoría más plausible es que estoy ilusionado. Mi vida está mutando. Jamás he estado más preparado para los cambios como en noviembre de 2015.

Ahora sí que mando yo.

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