2 años



En esta humilde bitácora está documentado de manera obsesiva que me encuentro en un periodo de transición. Y también se aprecia que eso me hace moverme por toboganes emocionales. Un día me encuentro optimista, con ganas de comerme el mundo. Unas horas después, sin un motivo aparente, unas ominosas nubes grisáceas empiezan a poblar mi horizonte.

No me preocupa, sé por lo que es. No hay estabilidad en casi ningún aspecto de mi vida. Solo en la cuestión laboral todo está claro. De momento. Ya sé que dentro de un año también habrá incertidumbre en este campo.

Llevo tanto tiempo en esta incómoda situación que estoy cansado de describirla. A mis amigos, en esta bitácora, a mí mismo. Estoy hastiado de negociar con la sensación de estar de paso comunicándolo al exterior. Funciona. A veces. Cuando el hecho de decirlo en voz alta, o de escribirlo, le resta importancia, lo exorciza.

Por supuesto que he vivido estas situaciones antes. Nunca por tanto tiempo (creo) y nunca me ha servido, como ahora, para aprender, para prepararme de cara al futuro.

He de confesar que no estoy tan seguro de querer que esta etapa se complete. En algunos momentos, en situaciones rutinarias, se apodera de mí un vértigo extraño. Es un miedo anónimo. Durante unos segundos me paraliza la idea de que esta etapa se termine. Es curioso, es muy posible que la esté disfrutando aunque no quiera reconocérmelo a mí mismo.

2 años exactos hace que empezó esta transición. 2 años exactos hace que se murió mi padre, el último familiar directo que me quedaba.






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