¿Te imaginas?


Yo diría que estoy loco. Estoy seguro de que hay varias personas que estarían de acuerdo con esta afirmación. Incluso alguno o alguna tratarían de darle un contenido positivo. Yo no. Si eres genial, puedes estar loco. Si eres Beethoven, puedes ser un hijo de puta (como creo que era). Yo no soy alguien que se eleva por encima de la media. Simplemente estoy loco.

Tampoco estoy de acuerdo con que en la palabra "loco" tenga que haber un matiz peyorativo. No hay nada malo en estar como una puta cabra siempre y cuando no seas peligroso para los demás y/o para ti mismo.

Para demostrar mi teoría tengo varias pruebas documentales que puedo ofrecer al juez. En un día bueno las podemos llamar excentricidades. De todas ellas me quiero quedar con una, la que me interesa poner por escrito en esta humilde bitácora.

Hablo solo.

Hablo solo desde que tengo memoria. Quizá por ser hijo único, quizá por estar tan acostumbrado a la soledad, llevo manteniendo una interminable conversación con el hombre del espejo toda mi vida. Y a veces me canso de ella.

En momentos de crisis suelo salir de mi casa y echarme a andar. Generalmente lo hago por la noche, cuando, como dice el tango, "el músculo duerme, la ambición descansa". Esas sesiones de auto terapia no tienen efectos prácticos. No recuerdo ni una sola vez en la que haya puesto en marcha alguno de esos planes trazados con más o menos método paseando a solas conmigo mismo. No todo es inútil. Siempre alcanzo cierta paz mental al retomar el camino de vuelta al hogar. Por eso lo sigo haciendo.

Hay otro tipo de auto charla que también me funciona en el aspecto anímico. Tengo charlas motivacionales para obligarme a pasar a la acción. Generalmente empiezan con una frase, casi siempre en la ducha. "¿Te imaginas?", me pregunto a mí mismo. Y en escasas y gloriosas ocasiones, lo que me imagino es menos hermoso que lo que termina pasando. Por eso lo sigo haciendo.

Y por eso termino esta entrada con su título.

¿Te imaginas?

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