Cortina de baño (morada)


En los últimos años de la vida de mi viejo la casa donde ahora vivo conoció una imparable decadencia. Nadie limpiaba nada, nadie arreglaba lo que se rompía, nadie ordenaba nada. Juro que había una habitación que estaba tan llena de cosas que no se podía ni entrar. Hace poco más de un año me gasté un dinero indecente en que una empresa limpiara y tirara todo lo que me sobraba. Mi casa es ahora una leonera, vivo como un salvaje, pero puedo entrar en todas las habitaciones y no está del todo sucia. Sigue siendo demasiado grande para mí, me sobra espacio por todos los lados. Cada esquina me grita ausencias, cada puerta me dice que no hay nadie detrás, cada ventana me ofrece la posibilidad de soñar con un futuro en que esta casa, o cualquier otra donde viva, sea demasiado pequeña.

La mayor frustración que arrastré durante mucho tiempo con respecto a esta casa donde yo vivo ahora era tan banal como suelen ser las cosas verdaderamente importantes.

Era la cortina del baño.

Llevaba décadas puesta. Estaba hecha polvo, olía mal, apenas servía a su propósito. Mi padre no quería que la cambiara, decía que un día lo haría él. No ocurrió nunca, él murió antes de ocuparse de un asunto tan trivial.

Un par de días después de su fallecimiento, después de terminar con toda la epopeya de tanatorios, cementerios, papeleos y pésames me quedé solo por primera vez. Recuerdo que tenía mucho miedo de no estar acompañado en esta casa cuando anocheciera. Estuve unos meses evitando esa situación. Se trata de uno de los pequeños lutos que uno tiene que sobrellevar para superar una pérdida. Por ejemplo, nunca volví a aparcar en el mismo sitio en que lo hice el día que se murió mi madre. Me sigue doliendo pasar muchas horas en esta casa, donde ahora vivo, que era de mi padre y que ahora es mía.

Por lo menos, hay algo que ha mejorado muchísimo.

Es la cortina del baño.

Pocos días después de que mi viejo se fuera para siempre me compré una cortina de baño verde. Me imagino que la elegí de ese color porque quería ser optimista. Hace un mes esa cortina se rompió. Todos los demás asuntos de mi vida, alguno de ellos muy importante, pasaron a un segundo plano. Esta casa puede estar en ruinas pero la cortina de baño tiene que estar en perfecto estado de revista.

Cuando tuve que elegir el color me dí cuenta de que el verde ya no me valía. Decidí que solo quería un color alegre, me daba lo mismo cuál fuera. Entonces vi una cortina morada. No es un color que simbolice ninguna idea relacionada con el optimismo, la alegría de vivir ni nada por el estilo. Y sin embargo esa es la cortina que compré. La morada.

El morado me hace pensar en una persona. Quizá por eso elegí ésa.

Quizá es que quiero buscar metáforas cuyo significado último escupa al mundo que estoy en los primeros días de una nueva etapa.

¿Cuál es la verdadera importancia de mi cortina de baño (morada)?
He aquí una pregunta que no necesita ser respondida. Que no debe ser respondida. Que es muy fácil de responder.

Esta es la canción 
que he estado escuchando
mientras
escribía esta
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