domingo, 25 de octubre de 2015

¿Te imaginas?


Yo diría que estoy loco. Estoy seguro de que hay varias personas que estarían de acuerdo con esta afirmación. Incluso alguno o alguna tratarían de darle un contenido positivo. Yo no. Si eres genial, puedes estar loco. Si eres Beethoven, puedes ser un hijo de puta (como creo que era). Yo no soy alguien que se eleva por encima de la media. Simplemente estoy loco.

Tampoco estoy de acuerdo con que en la palabra "loco" tenga que haber un matiz peyorativo. No hay nada malo en estar como una puta cabra siempre y cuando no seas peligroso para los demás y/o para ti mismo.

Para demostrar mi teoría tengo varias pruebas documentales que puedo ofrecer al juez. En un día bueno las podemos llamar excentricidades. De todas ellas me quiero quedar con una, la que me interesa poner por escrito en esta humilde bitácora.

Hablo solo.

Hablo solo desde que tengo memoria. Quizá por ser hijo único, quizá por estar tan acostumbrado a la soledad, llevo manteniendo una interminable conversación con el hombre del espejo toda mi vida. Y a veces me canso de ella.

En momentos de crisis suelo salir de mi casa y echarme a andar. Generalmente lo hago por la noche, cuando, como dice el tango, "el músculo duerme, la ambición descansa". Esas sesiones de auto terapia no tienen efectos prácticos. No recuerdo ni una sola vez en la que haya puesto en marcha alguno de esos planes trazados con más o menos método paseando a solas conmigo mismo. No todo es inútil. Siempre alcanzo cierta paz mental al retomar el camino de vuelta al hogar. Por eso lo sigo haciendo.

Hay otro tipo de auto charla que también me funciona en el aspecto anímico. Tengo charlas motivacionales para obligarme a pasar a la acción. Generalmente empiezan con una frase, casi siempre en la ducha. "¿Te imaginas?", me pregunto a mí mismo. Y en escasas y gloriosas ocasiones, lo que me imagino es menos hermoso que lo que termina pasando. Por eso lo sigo haciendo.

Y por eso termino esta entrada con su título.

¿Te imaginas?

martes, 20 de octubre de 2015

Mi disco favorito de Bruce



Llevo más de dos décadas diciéndole a quien me quiera escuchar que mi disco favorito de Springsteen es "Tunnel of love". Es un álbum raro en la carrera de Bruce. Supuestamente es un disco sin la E Street Band, de la misma familia que "Nebraska", "The ghost of Tom Joad" o "Devils & dust". De todos ellos es el que menos prestigio tiene. Y además toca casi toda la E Street Band.

A mí me gusta desde que traduje la letra de "Walk like a man". Para mí fue la escuela donde aprendí qué es ser un hombre. Con apenas 17 años supe que consistía en tener la fortaleza suficiente para ser vulnerable. Siempre le estaré agradecido a esas canciones.

Sin embargo, "Tunnel of love" no es un disco springstiniano puro. Es demasiado ochentero, demasiado poco roquero. Llevo casi toda mi vida afirmando que el disco donde el Evangelio de Springsteen se expresa con mayor fidelidad es "Darkness on the edge of town". Lo entendí cuando Bruce y la E Street band tocaron "Badlands" en la Peineta de Madrid el último año del siglo XX. Y cuando esa misma noche atacaron sin piedad "Candy's room".

Nada de esto ha cambiado hoy.

De lo que hoy me he dado cuenta es que mi disco favorito de Bruce es, en realidad, "The wild, the innocent & the E Street Shuffle". No sé la razón y no me importa. Lo único que puedo deciros es que quería escuchar algo que me hiciera perder el aliento y me dí cuenta que hay una canción que lo logra como ninguna. Está en ese disco y también la tocó en Madrid en el 99. "Sandy" cuenta una historia de amor de la única manera posible. Con inocencia.

Y "The wild..." suena a los años 70. No tanto a Springsteen, ni siquiera a la E Street Band. Parece la banda sonora de una de esas películas americanas de los 70 con esos enormes coches, con esos enormes cuellos, con esos peinados imposibles y con esas maravillosas chupas de cuero.

Llevo más de 30 años siendo fan de Bruce. ¿Por qué precisamente hoy me he dado cuenta de cuál es el disco de él que me llevaría a una isla desierta?




"Sandy, la aurora se levanta detrás de nosotros.
La luz de los muelles ilumina por siempre 
nuestra vida de carnaval.
Quiéreme esta noche porque 
puede que no te vuelva
a ver "


domingo, 18 de octubre de 2015

Cortina de baño (morada)


En los últimos años de la vida de mi viejo la casa donde ahora vivo conoció una imparable decadencia. Nadie limpiaba nada, nadie arreglaba lo que se rompía, nadie ordenaba nada. Juro que había una habitación que estaba tan llena de cosas que no se podía ni entrar. Hace poco más de un año me gasté un dinero indecente en que una empresa limpiara y tirara todo lo que me sobraba. Mi casa es ahora una leonera, vivo como un salvaje, pero puedo entrar en todas las habitaciones y no está del todo sucia. Sigue siendo demasiado grande para mí, me sobra espacio por todos los lados. Cada esquina me grita ausencias, cada puerta me dice que no hay nadie detrás, cada ventana me ofrece la posibilidad de soñar con un futuro en que esta casa, o cualquier otra donde viva, sea demasiado pequeña.

La mayor frustración que arrastré durante mucho tiempo con respecto a esta casa donde yo vivo ahora era tan banal como suelen ser las cosas verdaderamente importantes.

Era la cortina del baño.

Llevaba décadas puesta. Estaba hecha polvo, olía mal, apenas servía a su propósito. Mi padre no quería que la cambiara, decía que un día lo haría él. No ocurrió nunca, él murió antes de ocuparse de un asunto tan trivial.

Un par de días después de su fallecimiento, después de terminar con toda la epopeya de tanatorios, cementerios, papeleos y pésames me quedé solo por primera vez. Recuerdo que tenía mucho miedo de no estar acompañado en esta casa cuando anocheciera. Estuve unos meses evitando esa situación. Se trata de uno de los pequeños lutos que uno tiene que sobrellevar para superar una pérdida. Por ejemplo, nunca volví a aparcar en el mismo sitio en que lo hice el día que se murió mi madre. Me sigue doliendo pasar muchas horas en esta casa, donde ahora vivo, que era de mi padre y que ahora es mía.

Por lo menos, hay algo que ha mejorado muchísimo.

Es la cortina del baño.

Pocos días después de que mi viejo se fuera para siempre me compré una cortina de baño verde. Me imagino que la elegí de ese color porque quería ser optimista. Hace un mes esa cortina se rompió. Todos los demás asuntos de mi vida, alguno de ellos muy importante, pasaron a un segundo plano. Esta casa puede estar en ruinas pero la cortina de baño tiene que estar en perfecto estado de revista.

Cuando tuve que elegir el color me dí cuenta de que el verde ya no me valía. Decidí que solo quería un color alegre, me daba lo mismo cuál fuera. Entonces vi una cortina morada. No es un color que simbolice ninguna idea relacionada con el optimismo, la alegría de vivir ni nada por el estilo. Y sin embargo esa es la cortina que compré. La morada.

El morado me hace pensar en una persona. Quizá por eso elegí ésa.

Quizá es que quiero buscar metáforas cuyo significado último escupa al mundo que estoy en los primeros días de una nueva etapa.

¿Cuál es la verdadera importancia de mi cortina de baño (morada)?
He aquí una pregunta que no necesita ser respondida. Que no debe ser respondida. Que es muy fácil de responder.

Esta es la canción 
que he estado escuchando
mientras
escribía esta
entrada

domingo, 11 de octubre de 2015

1001



El Proceso 1001 fue uno de los grandes acontecimientos políticos, judiciales y periodísticos del tardofranquismo. Una serie de sindicalistas, entre ellos Marcelino Camacho y Nicolás Sartorius, fueron condenados a unas penas de cárcel muy exageradas por el mero hecho de pertenecer a CCOO.

Esta es mi Entrada 1001. La anterior, por tanto, fue la 1000. Recuerdo que cuando empecé esta humilde bitácora el objetivo era llegar a 100 entradas y luego cerrarla. Al final, estos textos se han convertido en una clave demasiado buena para entender mi vida y mi persona, como ya he dejado dicho en alguna ocasión.

No hay misterios. Esto es lo que hay.

He llegado a pensar que no quería escribir más aquí, que quería cerrar esta bitácora para siempre cuando llegara a 1000 entradas.

Es posible que el dígito 1001 tenga algo indefinible que lo emparenta con valores relacionados con la resistencia, con la fortaleza. Esos condenados por el Proceso 1001 tenían la convicción de que saldrían victoriosos.

Al final, en noviembre de 1975, les concedieron el indulto. Ganaron.

Yo también estoy buscando un indulto. Por eso lo expreso en mi Entrada 1001.

Más bien ansío la redención.

No, coño, estoy esperando un puto final feliz. Y pasar a la siguiente pantalla.