Transición


Creo recordar que fue el ciclista colombiano Fabio Parra quien dijo una vez algo parecido a que la última etapa de La Vuelta era una de "transición" (sic). Venía a caer en el error de identificar "transición" con "no pasará nada". Supongo que él oía que se las llamaba así a esas etapas en las que no había diferencias entre los favoritos y tampoco había ataques. Esa confusión le llevó a pensar que "transición" era un sinónimo de "intrascendente".

Una transición es de todo menos intrascendente. Lo sé bien porque llevo en una desde hace casi dos años, unos 22 meses y medio. En una transición están todas las claves del futuro inmediato. Y muchas de las pautas del futuro a medio y largo plazo.

Tengo una lista mental de asuntos que están a la espera de resolución. Ninguna de las paredes maestras de mi existencia pasa de ser provisional. Estoy pendiente de que se resuelvan tantas cosas desde hace tanto tiempo que tengo la incómoda sensación de que voy a estar en esta indefinición para toda la vida. Es una falacia, no va a ocurrir. No Algo va a clarificarse, algo va a tener lugar, algo va a explotar.

La otra vez que me pasó fue en 1997, en el verano de 1997. Fueron tan solo unos meses. Tres grandes asuntos se pusieron en juego y en los tres terminé fracasando. Ese apocalipsis ha marcado mi vida. Aprendí algo pero a un precio muy alto. Perdí mucho y, en algún caso, para siempre.

Me gustaría pensar que ahora va a ser al revés, que voy a triunfar en todo lo que está sujeto a una todavía no publicada sentencia definitiva. Durante estos 22 meses y medio he estado trabajando muy duro para que todo salga como quiero que salga. ¡Qué coño!, como merezco que salga. En esta transición se encuentran todas las decisiones con las que puedo influir en el resultado. Algún error he cometido, algún error estoy a punto de cometer. Espero que no influyan tanto como mis aciertos. Esos aciertos que en el 97 fueron estériles.

Ahora mismo lo que más me inquieta es que la transición no termina de terminar. Muchas veces pensé que estaba a punto de avistar la tierra prometida y ya no me creo nada. No soy capaz de visualizar la siguiente etapa de mi vida. Mi imaginación no llega a más allá del día de hoy. Vivo el momento porque no puedo hacer otra cosa. El carpe diem es para mí una imposición. Una metáfora de mi debilidad.

Eso es lo que más daño me está haciendo ahora mismo.

Puedo pelear, y vencer, contra el rechazo, la derrota, la frustración, el fracaso, la tristeza, el amor no correspondido, la soledad, mi propia locura, el hartazgo, la miseria moral ajena, la miseria moral propia,...

Lo que no puedo es soportar esta transición. Todavía deberé hacerlo un tiempo.

Mientras, escucho la sabia voz de Charles Aznavour y logro domar este volcán interno del que estas palabras son un fiel reflejo. Un día más, opongo la resistencia necesaria para lograr que, esta vez, no como en el 97, gane de una puta vez la puta guerra.


Comentarios