domingo, 23 de agosto de 2015

Corrección política


Me gusta ser irreverente. Siempre me ha gustado. El aroma de lo políticamente incorrecto me suele resultar muy agradable. Siento una enorme simpatía por la persona que va contra corriente, por el que tiene una mirada única. Me parece que, como cantó Antonio Vega, "poco o nada cuesta ser uno más". El que se atreve a romper el molde cuenta con mi apoyo, por lo menos de inicio.

La derecha cultural y política ha sido capaz de apropiarse de palabras y expresiones que no les correspondían. Con su alianza con el liberalismo ha logrado hacer suyo uno de los tres conceptos base de la Revolución Francesa. La "libertad" se ha convertido en un patrimonio de los sectores más conservadores de la sociedad. Del "sistema". Y han modificado su sentido. Para ellos, la "libertad" es sacralizar la idea del "mercado libre". Te mueres de hambre, sí, pero tienes "libertad" para "emprender", para "hacer tu destino". Eso lo dicen millonarios que han tenido facilidades para salir adelante. Sujetos que creen que tener mucho dinero es sinónimo de realización personal y, al mismo tiempo, dicen que son "sencillos" y que "no gastan mucho". Esa gente.

Otro término cuyo significado han sido capaces de modelar a su antojo es el de "diálogo". En el contexto del conflicto vasco "diálogo" era "pusilanimidad", "buenismo" o, incluso, "rendición". Una palabra con un matiz positivo se convirtió en algo peyorativo. He aquí la gran victoria cultural y política de la derecha. No solo han impuesto el debate sino que han sido capaces de alterar las palabras clave a su conveniencia.

Ha sucedido con la expresión "políticamente incorrecto". En mi absoluta inocencia pensaba que para ser políticamente incorrecto había que pensar por uno mismo. La realidad se ha encargado de hacerme caer del caballo. Muy a menudo me he encontrado con idiotas que justificaban las idioteces que decían con la cantinela de que "eran políticamente incorrectos".

Ya me harté.

Ser misógino no es ser políticamente incorrecto. Es ser un miserable.
Aprobar la violencia no es ser políticamente incorrecto. Es ser intolerante.
Decir que los "sin papeles" solo pueden ser atendidos en Urgencias no es ser políticamente incorrecto. Es ser insensible

O a lo mejor, "ser políticamente incorrecto" sí es ser un miserable, sí es ser intolerante, sí es ser insensible.

A lo mejor, "ser políticamente incorrecto" es "estar equivocado". Que justifiquen sus tesis diciendo que son políticamente incorrectos no les hace tener razón.

Mi sugerencia es que cada vez que oigáis a alguien decir de sí mismo que es "políticamente incorrecto" deis por terminado el debate. Casi con toda seguridad va a decir, o ya ha dicho, una tontería. Y de las tonterías no hay nada que se pueda aprender.



sábado, 8 de agosto de 2015

El del espejo


Suelo caerme bien a mí mismo. No tengo otro remedio, si no me aguantara habría de tomar alguna medida extrema, como el suicidio o ir a terapia. Para lo primero no tengo ánimo y para lo segundo no tengo dinero. Afortunadamente suelo vivir en armonía con el tipo cuya imagen me muestra el espejo cuando me lavo los dientes. Sé que tiene cosas que mejorar, sé que debería haber aprendido algo más de la vida. También sé que le podemos dar un aprobado. Sobre todo si lo ponemos en relación con determinados elementos con los que me cruzo todos los días.

Sin embargo, esta semana me he caído mal. He llegado a casa por las noches con una ganas enormes de echarme a dormir para no tener que soportarme más. ¿Por qué me he odiado a mí mismo precisamente esta semana? No porque haya pasado o vaya a pasar algo. No. No creo.

Es plausible que sea un aviso de mi subconsciente de que tengo que cambiar algo en mi manera de ser.  No sería de extrañar que ese odio que he sentido por mí mismo sea el reflejo del disgusto que provocan algunos rasgos de mi encantadora personalidad en los demás.

Si fuera lo suficientemente adulto trataría de adoptar una aproximación racional. Investigar que me hace irritante para mí y molesto para los demás. (Ahora que lo pienso, puede que sea al revés). Intuyo que mi sentido del humor no debe de estar muy ajustado en los últimos tiempos. Tengo un buen punto de partida. Quizá debiera partir de este concepto, desarrollarlo y llegar a una conclusión más o menos definitiva.

Lástima que ya no lo vaya a hacer. Esta mañana me he levantado, he leído un poco y he cogido la bici. Después de consumar esta agradable actividad le he echado un vistazo al hombre del espejo. Resulta que me vuelve a caer bien.

A lo mejor solo me hacía falta dormir un poco.