Números que no aportan gran cosa


¿Cuántos pensamientos procesa al día nuestro cerebro?

No me refiero a acciones como las órdenes dadas a mis dedos para teclear este texto. Ni las complicadas cavilaciones que le damos a los asuntos que nos preocupan.

Estoy hablando de pensamientos sueltos, sin relación alguna con nuestras vicisitudes ni con lo que estemos viviendo en el momento.

Quizá se entienda mejor si hablo de imágenes.

Muchas veces no les damos importancia. Aparecen, si más. Otras identificas claramente de dónde vienen y qué significan. Pasan por delante de tu consciencia y no suelen dejar rastro. A no ser que vuelvan. Que se vuelvan redundantes.

¿Cuántas veces tienen que aparecer para que se conviertan en una obsesión? ¿Y cuántas más tienen que presentarse para que esa obsesión sea dañina para tu salud mental?

Desde hace algo más de un mes hay una imagen, un pensamiento, que regresa con insistencia. Seguro que ya es una obsesión. Aún no me duele (creo).

Se trata de un lunar que quizá no existe. Uno que puede que me haya inventado.

¿Cuántos días pasarán hasta que me olvide de ese lunar?

Quizá no quiera hacerlo.


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