El mundo físico


Un ordenador puede derrotar a un ser humano al ajedrez con facilidad.

Pero no puede mover las fichas como lo hace un bebé.

La inteligencia artificial ha avanzado mucho en los últimos años. Comprendemos muchos procesos de nuestro cerebro.

Pero no podemos replicar perfectamente la manera en la que el cerebro controla mis dedos cuando tecleo entradas como ésta en esta humilde bitácora.

El cuerpo es nuestro bien más preciado.

Por eso necesitamos tocarlo, sentirlo. Nuestros cuerpos y, sobre todo, los ajenos. Eso es lo que nos hace humanos. Podemos, y debemos, honrar nuestros cuerpos con el manoseo. No un manoseo vicioso, que también. Un manoseo de delectación. De celebrar que nuestros cuerpos y los ajenos están vivos.

Juntarnos, pegarnos, abrazarnos no solo sirve para que no nos caigamos. Sirve para seguir adelante. Sirve para que esa maquinaria que no conocemos demasiado bien, nuestro organismo, siga engrasada y a nuestro servicio un día más.

Tocar es también ser tocado. Cerciorarse de que existimos para alguien y de que alguien existe para nosotros.

Un abrazo a tiempo vale más que toda la obra poética de Machado.
Y pocas cosas valen más que "Campos de Castilla".




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