Inmersión en mi carpeta spam


El correo electrónico es el signo de nuestro tiempo. Comparte esa condición con el teléfono móvil. No me refiero al avance tecnológico que ambos suponen. Eso es claro y es evidente su influjo en nuestro mundo. Es obvio que innovaciones como éstas cambian, o por lo menos modifican, nuestros usos y costumbres. No va a ir por ahí este humilde texto.

Tanto el mail como el móvil son, sobre todo, personales. Una dirección postal y un número de teléfono no están adscritos a personas sino a lugares. Hasta los años 80 del siglo pasado no conocimos otra cosa. Hoy tenemos un correo y un teléfono que son solo nuestros. No están adscritos a ningún lugar, nos acompañan allá donde vayamos.

Por lo tanto, la lista de llamadas realizadas y recibidas, las perdidas y rechazadas, dicen mucho sobre nosotros. Y también las bandejas del correo electrónico.

La bandeja de entrada termina siendo una visión de cómo queremos relacionarnos con el mundo exterior. Conservas los correos que te importan. Si hay muchos relacionados con tu trabajo es que es una parte importante de tu vida. Si hay muchos de bromas o vídeos de gatitos es que tienes mucho tiempo libre. Y así sucesivamente. Dice cosas, sí, aunque no es una foto muy completa porque muchas veces ni nosotros somos capaces de saber cómo queremos establecer conexiones con los demás.

La carpeta spam, en cambio, sí es una foto clara. Es lo que quieres esconderle al mundo exterior. Lo que te gustaría que no existiera.

Por eso, en el spam encuentro anuncios de casas de contactos, propuestas engañosas para ganar algún dinerillo extra y oportunidades de alargamiento de pene, entre otras cosas. Imagino que habrá cosas peores. Y que todo el mundo tendrá en su spam cosas distintas. Lo que me sale a mí me sale porque yo estoy soltero (casas de contactos), tengo un trabajo bien pagado sin excesos (dinerillo extra) y soy un hombre de mediana edad (alargamiento de pene).

Otra cosa que también se cuela en el spam son los correos corruptos con virus incorporado. La última vez que miré el remitente de uno de estos mails era una persona con la que no tengo contacto desde hace casi cuatro años. Una persona que fue muy importante en mi vida aunque no ha dejado un poso muy grande. Una ex novia a la que he olvidado casi por completo. El otro día me la nombraron y tuve que preguntar por su identidad porque no sabía de quién me estaban hablando. Uno o dos días después apareció el correo con un virus supuestamente mandado por ella. (Ya sé que estas cosas no se hacen a propósito, seguramente la pobre debió sufrir el virus primario).

No sé, puede que signifique que el pasado es un virus, un correo que no hay que abrir, un camino que no hay que tomar. Puede que signifique que hay que dar muerte a la nostalgia.

O puede que no signifique una mierda. Puede que signifique que me obsesionan los símbolos, una muestra más de lo frívolo de mi aspiraciones existenciales.

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