La enésima entrada en la que muestro mi desconcierto vital


Si lo pienso con algo de detenimiento todo lo que he escrito en esta humilde bitácora está relacionado de una manera u otra con una verdad incontrovertible. No sé casi nada. No termino de entender la mayoría de las situaciones en las que me veo metido.

¿Por qué estoy seguro de lo que no tengo claro?

¿Por qué tengo claro de lo que no estoy seguro?

Hubo un tiempo en el que creía tenerlo todo bajo control. Mis objetivos irían llegando de forma natural. En realidad, eso lo sé ahora, me engañaba vilmente. Esa aparente calma vital era un disfraz para no salir al exterior. Una excusa para dejar de hacer esas cosas desagradables que deben hacerse. Cosas desagradables como perder la cabeza por tu amor o pelear contra molinos de viento.

Así me lució el pelo.

Después, hubo un tiempo en el que decidí que no tenía nada bajo control y que eso no era bueno. O, por lo menos, inevitable. También era una burda patraña. Era una excusa y un disfraz, igual que antes.

Y peté.
Me derrumbé.
Me tiré 7 años cayendo.

Al principio, mis cimientos explotaron. No quedó nada de ellos. Mis principios, mi escala de valores, todo, entró en crisis. Me quedé sin centro de gravedad de permanente, sin una referencia sobre la que construir mi vida. Fue una época en la que lloré, reí, gocé y me frustré ligero de equipaje. Supongo que me reinventé, con mucho sudor de mi frente.

Hace poco me decía a mí mismo que tenía bajo control todo lo que podía tener bajo control. Era mentira porque nunca tendré nada realmente bajo control. No me engañaba del todo porque había alcanzado un nivel de control sobre mi vida inimaginable para mis estándares.

Ahora sé que lo he descrito en los párrafos precedentes no es muy importante. ¿Para qué quieres libertad en  una sociedad injusta? ¿Para qué quieres control cuando no puedes entender nada?

Sigo desconcertado. Porque no quiero encontrar la salida. Si quisiera, tendría todas las respuestas. Intuyo que algunas de ellas no me van a gustar. Por eso, vuelvo a usar mis emociones como un disfraz y como una excusa.

Pensaba que iba a ser esta la enésima entrada en la que mostraría mi desconcierto vital. Con esa intención empecé a escribirla. Al final, resulta que he hecho un descubrimiento. Más que perder el control, más que ser maestro en el arte de la incomprensión, estoy versado en el arte de la fuga.

No creo que cambie nada. Me conformo, por lo menos, con saber. Saber siempre siempre siempre es mejor que no saber. Sé que es mejor saber que no saber aunque tenga tanto miedo como antes a obtener determinadas soluciones a determinados enigmas que no lo son tanto.




Comentarios

Entradas populares