Completista


Me gusta cerrar el círculo. Me siento cómodo cuando todo tiene un principio y un final. Por eso mi momento favorito de un viaje es cuando llego, ya sea de ida o de vuelta.

Cuando tiro la maleta al suelo, cuando arribo a puerto, algo muere y algo nace. Y eso siempre me gusta.

Porque, entonces, todo puede pasar. De hecho, pueden pasar tantas cosas que, casi siempre, nunca pasa nada.

No es eso lo que me seduce del final del trayecto.

Nunca me atrajeron las matemáticas, jamás se me dieron bien. Yo era, y soy, un chico de letras. No fui digno hijo de mi padre, un prodigio en ese campo, especialmente en cálculo. Era una calculadora humana. Creo recordar que fui un alumno brillante cuando llegamos a la trigonometría, allá por 3º de BUP. No he vuelto a acercarme a menos de 100 metros de esa materia, así que bien puede eso ser una ensoñación romántica. "La trigonometría tiene algo de filosofía, por eso era bueno".

Sin embargo, algo me queda. Una especie de rigor formalista de raíz matemática que se siente en paz cuando cierro una fórmula, cuando despejo una incógnita.

Necesito terminar lo que empiezo.

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