La máquina perfecta


Hoy hace 15 días me di un bofetón tremendo con la bici. Acababa de coronar un puerto e inicié el descenso con cierta cautela. Unos metros después la rueda delantera se bloqueó, probablemente porque frené con demasiada fuerza sobre una rodera del camino. Salí "de orejas", como dicen los moteros, y aterricé de lado. El resultado, tres costillas rotas y una luxación de clavícula grado II. Este balance me hizo pasar una noche en Urgencias, en observación por si las fracturas interesaban al pulmón, lo que hubiera sido muy grave.

Desde entonces, todo ha ido colocándose solo. Lo único que he tenido que hacer estos días ha sido gestionar el dolor, que no es poco. El cuerpo humano es un artefacto de alta precisión, capaz de hacer cosas increíbles, guiados por el mejor ordenador que existe, el cerebro que corona nuestras cabezas.

Hay un pasaje que me resulta emocionante de "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar. Si la memoria no me falla, es al principio, cuando Madame Yourcenar hace decir a Adriano que solo al final de su vida es cuando le ha empezado a fallar el cuerpo, que era lo único que no le había decepcionado. Es interesante porque uno de los niveles de lectura del libro explica que esa época, el siglo II d.c., es un momento único de la historia de Occidente, en el que los viejos dioses paganos ya no tienen importancia y el nuevo dios cristiano aún no ha llegado.

El único dios de Adriano era su cuerpo.
Ni un ser superior ni la naturaleza, el mecanismo más perfecto que existe es ese entramado de terminaciones nerviosas, músculos, tendones y materia gris con el que hemos logrado ser la especie dominante del planeta.

Comentarios

Entradas populares