Mi gran enemiga


Soy una persona muy arrogante. Es un defecto que te sale cuando eres inseguro e inteligente. Cuanto más crezco más arrogante me vuelvo. Puede que eso quiera decir que cada vez soy más inseguro y más inteligente. Lo primero no es cierto. Mi confianza ha subido muchos enteros en los últimos años. En los últimos meses. En los últimos días. En las últimas horas. En los últimos segundos. El nivel que he alcanzado aún está lejos de las cifras óptimas. Espero que nunca llegue a ese estadio.

Tampoco estoy seguro de que sea más inteligente que, por ejemplo, cuando empecé a escribir en esta humilde bitácora. Me tomo a mí mismo mucho menos en serio, aunque no se note demasiado. Me resulta más complicado engañarme y desengañarme. Por otro lado, es obvio que mis capacidades cognitivas se han visto mermadas en algún grado. Y, quizá, soy más lento, aunque más seguro. Unas cosas compensan a las otras, así que en el aspecto global todo sigue más o menos como ha estado desde que dejé la post-adolescencia.

¿Por qué soy más arrogante? Más por una cuestión de forma que de fondo. Ahora se me nota más porque soporto menos la ignorancia ajena. Ahora que no me tortura la propia, la de los demás me agrede de maneras violentas e incontrolables. Es posible que no sea el ideal de los arreglos. De momento, me vale. Soy consciente de que debo de guardar un mejor equilibrio. Trabajaré en ello, sin prisas ni urgencias.

La ignorancia ajena me producía hilaridad. Era mi oportunidad para destacar sobre la masa. Más tarde me provocaba cierta tristeza teñida de impotencia. Ahora, cuando se alía con el atrevimiento me hace perder los papeles. Tengo que contenerme para no resultar demasiado arrogante y justificar, por vía indirecta, la ignorancia del otro. Con frecuencia no lo logro.

Mi gran enemiga no es la arrogancia. Después de todo, no es más que una armadura que pesa tanto que solo me perjudica a mí.

Mi gran enemiga es la ignorancia. La ajena, la propia y, por encima de todas, la que se ufana de ser lo que es, la que no quiere dejar de serlo, la que está orgullosa de estar equivocada.




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