La proverbial y esquiva musa



¿Hay más de una cosa que me inspira? ¿Más de una persona?

La respuesta a estas últimas preguntas es la misma.

Sí y no.

Sí, porque somos animales complejos con distintas motivaciones tan incompatibles como extrañamente complementarias.

No, porque soy un tipo simple.

¿Qué me motiva para escribir?

La página en blanco y mi vanidad.

La página en blanco es un desafío que siempre he superado. Me sube la moral hacerlo.

Mi vanidad es el instrumento para derrotar a mis múltiples y variadas inseguridades.

¿Quién me motiva para escribir?

Todos, nadie y ella.

Todos porque es mi manera de justificar mi presencia en el mundo.

Nadie porque nadie lo lee y a nadie le importa.

Y ella porque, a riesgo de que ésto parezca una canción de Alejandro Sanz, siempre hay una ella. Aunque ni ella ni yo sepamos quién y por qué es ella.

Ella es la proverbial y esquiva musa. Es la voz aguda que te anima a tomarte una copa más cuando hace tiempo que deberías estar durmiendo. Es por la que no quieres renunciar a convertir al hombre del espejo en el hombre que está en tu cabeza. Unas veces es una, otras es otra. Hay ocasiones en que no deja de ser ella y hay ocasiones en la que ya no lo es.

Ella son todas y todas son ella.


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