Los colores del otoño



Siempre he sido un nostálgico. Cuando era un niño o un adolescente esta era una de las características que hacían de mí un bicho raro. El resto de la clase y del barrio no me maltrataban, ni física ni verbalmente. Era más sencillo que eso, simplemente me dejaban claro que no era como ellos. En aquella época, creedme, no era una buena idea ser distinto. Lo digo porque seguro que alguno o alguna al leer esto pretenderá convencerme de lo contrario. No podías acceder a los privilegios de los listos del barrio y de la clase. Como dicen en las pelis americanas, no eras popular. A diferencia de lo que ocurre en ellas, en la vida real el marginado no se queda con la chica guapa. Generalmente, no se queda ni con una chica.

Me estoy desviando del tema.

El hecho de ser nostálgico, aunque ya no me permito serlo, hace que, de natural, el otoño sea mi estación favorita del año. Puede que sea porque el otoño siempre es el comienzo del curso, de niño, de adolescente y de adulto. Es una oportunidad para pagar deudas contraídas contigo mismo. Todos los septiembres de nuestra vida son momentos de cambio.

Sí, podría ser eso.

Ya he anticipado que soy nostálgico, lo que a efectos de esta entrada quiere decir que soy cursi. Bueno, dejémoslo en que soy "sensible". O mejor, para redondear la ignominia, yo soy "especial". Por lo tanto, no es por una cuestión racional por la que place el otoño.

Me gusta el otoño por razones exclusivamente estéticas.

(Por cierto quisiera reivindicar el papel de la estética en la política. Lo haré, espero, en una próxima entrada en esta humilde bitácora.)

Me gusta el otoño porque me gusta pisar las hojas caídas. Me gusta el ruido que hacen mis pies cuando eso ocurre.

Me gusta el otoño porque no hace mucho frío y no suele llover. Porque la ropa que más me gusta ponerme es la de entretiempo.

Me gusta el otoño porque me gustan sus colores. Sobre todo al amanecer.
El otro día bajaba a Madrid en dirección a mi puesto de trabajo. Eran las 8 de la mañana y el cielo era un sinfonía de rojos que fueron virando a amarillos en cuestión de 10 minutos. Fue impresionante.

Me encanta el otoño, aunque nunca me trae nada bueno.



Sol templado de otoño

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