La mentira


Iba a escribir de los colores del otoño. Llevo unos días sintiéndome cursi, escondido tras los mitines que les doy a mis amigos acerca de mi desencanto vital. Pretendía volcar ese lado sensiblero en esta humilde bitácora para ver si era capaz de seguir siendo un hortera de bolera, que es lo que siempre he aspirado a ser. Que es lo que soy.

Supuestamente, también tengo otra entrada pendiente de escribir, sobre "los de arriba y los de abajo". Puede que la redacte y publique esta semana. O puede que no.

Hoy voy a escribir del gran drama de la historia de la humanidad. Un acontecimiento histórico que marcó un antes y un después aunque no en el sentido que la historiografía oficial viene mostrando desde hace unos 2000 años.

La Batalla de Maratón, en el año 490 AC.

Si el Imperio Persa hubiera derrotado a Atenas y sus aliados, después hubiera caído Esparta. No hubiera habido Batalla de las Termópilas ni de Salamina. Nuestras raíces culturales serían muy distintas. Seríamos "bárbaros", según la consideración que tenían los griegos de los persas.

Occidente habría perdido ante Oriente.

En el último mes he sido objeto de una odiosa costumbre. Me han obsequiado con mentiras de todos los colores. mentiras para sacarme ventaja, mentiras por el mero placer de ser pronunciadas, mentiras para defenderse de la realidad.

La mentira forma parte de nuestro ADN social. ¿Forma parte de nuestra condición humana?

"Las virtudes de un buen persa eran disparar flechas certeras y decir siempre la verdad"
Así habló Zaratustra
Friederich Niezstche


Puede que los griegos nos legaran la costumbre de mentir, junto al amor a la belleza, al saber científico o la democracia.

A lo mejor hubiera sido más conveniente que Darío hubiera derrotado a los griegos y que su modelo socio cultural, basado en decir siempre la verdad, se hubiera impuesto.

Pensadlo por un momento. El mundo sería un lugar muy diferente.

Puede que fuera un mundo más justo aunque no fuera un mundo mejor.


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