Áspero



Con esta entrada abandono el tono áspero con el que me venía expresando en los últimos tiempos en esta humilde bitácora. A nadie, y a mí menos que a nadie, le gusta que haya un Pepito Grillo diciéndole qué es lo que tiene que hacer.

Curiosamente, eso es lo que pretendía criticar con esos textos.

Hoy prefiero ser comprensivo con mis antagonistas. Y hasta con mis enemigos. No es que me haya dado un ataque de amor al prójimo. Es que estoy cansado de tomarme las cosas en serio.Tampoco tienen tanta importancia.

Debo reconocer que lo áspero tiene un extraño atractivo. Por lo menos lo tiene para un servidor de voacés. Cuando relaciono aspereza con estoicismo entro en un territorio agradable para mí. Me veo a mí mismo como una especie de salvador de la patria, como el guardián de las esencias.

Lo cual es un puto coñazo.

Coñazo para los demás. Coñazo que termina siéndolo también para mi persona.

Nadie tiene el derecho de cargar el mundo sobre sus hombros. Nadie tiene la obligación de cargar el mundo sobre sus hombros.

Hoy quiero comprender a mis antagonistas y a mis enemigos. Hoy quiero ponerme en su lugar porque es saludable. Conviene cuestionar tus propias creencias cada dos por tres.

Un momento.

Sí, espera un momento.

No sé por qué he escrito esta sarta de idioteces. No me las creo. Ni siquiera estoy haciendo el esfuerzo de creérmelas.

A tomar por culo. A estas alturas no me creo nada.

Y al que menos me creo es al pobre tonto que está escribiendo este texto ahora mismo. Es, ha sido y será siempre un farsante.

Menos mal que soy guapo.

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