Compromiso


Tampoco me agrada la palabra "compromiso".

En cambio, sí estoy a favor de comprometerse. Siempre y cuando se pueda revisar ese compromiso si se dan las circunstancias adecuadas.

A mí me parece que el compromiso se puede ofrecer. Es más, es muy bueno que se ofrezca. Casi podríamos decir que es necesario que se haga. Es el pegamento para las relaciones sociales.

¿Reclamar el compromiso de otra persona? Ya no estoy tan seguro de que esté bien.

Existen varias posibilidades.

Puede ocurrir que quien te reclame compromiso no te dé nada a la misma altura a cambio. Es obvio que esto es un desequilibrio y que no es sano.

Más higiénico sería que  que quien te reclame compromiso sea capaz de estar a la altura. Un intercambio justo, lo llamaríamos. Tampoco así se justifica que te pidan que te comprometas. Estamos en el supuesto de que no le hayamos pedido nada a la otra persona. Como no lo hemos hecho, no estamos obligados a nada. Es igual que reclamar amor a quien amas solo porque tu le amas. No es suficiente. Es una imposición con apariencia de equidad.

El compromiso se regala sin esperar nada a cambio. Y se hace por convicciones íntimas profundas. Tan profundas que cambian nada o casi nada a lo largo de la vida.

Pero pueden cambiar.

Con la palabra "compromiso" pretendemos obligarnos a hacer las cosas siempre la de misma manera. Es una manera esclavizarnos. Una manera de hacer algo que no deseamos o que, incluso, es malo para ti y para la otra persona.

Me gusta el caos. No me gustan las palabras que imponen comportamientos.




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