viernes, 28 de noviembre de 2014

Compromiso


Tampoco me agrada la palabra "compromiso".

En cambio, sí estoy a favor de comprometerse. Siempre y cuando se pueda revisar ese compromiso si se dan las circunstancias adecuadas.

A mí me parece que el compromiso se puede ofrecer. Es más, es muy bueno que se ofrezca. Casi podríamos decir que es necesario que se haga. Es el pegamento para las relaciones sociales.

¿Reclamar el compromiso de otra persona? Ya no estoy tan seguro de que esté bien.

Existen varias posibilidades.

Puede ocurrir que quien te reclame compromiso no te dé nada a la misma altura a cambio. Es obvio que esto es un desequilibrio y que no es sano.

Más higiénico sería que  que quien te reclame compromiso sea capaz de estar a la altura. Un intercambio justo, lo llamaríamos. Tampoco así se justifica que te pidan que te comprometas. Estamos en el supuesto de que no le hayamos pedido nada a la otra persona. Como no lo hemos hecho, no estamos obligados a nada. Es igual que reclamar amor a quien amas solo porque tu le amas. No es suficiente. Es una imposición con apariencia de equidad.

El compromiso se regala sin esperar nada a cambio. Y se hace por convicciones íntimas profundas. Tan profundas que cambian nada o casi nada a lo largo de la vida.

Pero pueden cambiar.

Con la palabra "compromiso" pretendemos obligarnos a hacer las cosas siempre la de misma manera. Es una manera esclavizarnos. Una manera de hacer algo que no deseamos o que, incluso, es malo para ti y para la otra persona.

Me gusta el caos. No me gustan las palabras que imponen comportamientos.




jueves, 27 de noviembre de 2014

Auténtico


No me agrada lo auténtico.

Esta palabra tiene demasiado a menudo un componente positivo. No logro entender el por qué.

Nada es mejor si es auténtico.

Hace muchos años me dí cuenta del gran problema la "ética" y el de su severa madrastra, la "moral". Son conceptos tan falibles como el ser humano. Ese es el problema de la ciencia, que lo resuelve cuestionándose a sí misma. Las llamadas humanidades no cuentan con ese factor de auto corrección. Es el reino del relativismo. Matar a un asesino de masas puede ser un acto ético. Dejar vivo a tu enemigo puede ser un acto ético. Y ambos casos pueden ser, también, éticamente reprobables. Depende del punto de vista y de la persona que juzgue los hechos. Nadie  piensa de sí mismo que es un miserable. Hitler creía que actuaba en nombre de la ética. Una ética propia que yo no comparto, aunque había un número significativo de personas que la compartían. Que la comparten.

Hitler era un tipo auténtico. Fiel a sus ideas. Sin dudas ni cuestionamientos de ningún tipo.

Es obvio que yo prefiero al que se desafía a sí mismo. Al que está dispuesto a traicionarse por una buena razón. El que no es ni pretende ser auténtico.

Las cosas son parecidas, no iguales, en el campo de la estética, la vecina guapa de la ética. Una obra humana es bella por una serie de razones, casi ninguna de ellas objetivable. De nuevo hay que buscar explicaciones plausibles atendiendo al contexto y a la persona que juzga/analiza. La Italiana de Mendelssohn es un emocionado canto a la vida. La Italiana de Mendelssohn es cursi hasta la náusea. Yo mismo soy capaz de defender ambas posturas.

Sin embargo, busco y rebusco y no encuentro ningún argumento relacionado con la autenticidad que me permita escribir lo que sea, bueno o malo, lo de arriba u otra cosa, de la Italiana de Mendelssohn.

La autenticidad es prepotente y condescendiente. Muchas veces es paternalista.

Me agrada la duda, lo impuro, lo falso, la imitación.... Y la italiana de Mendelssohn.


La Vida

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La banda sonora de la crisis


Hacia 2008, un compañero de profesión, más veterano que yo y algo más lúcido, me dijo que esta crisis nos iba a traer muy buena música. Su argumento era que los malos tiempos crean un contexto favorable al talento. Seis años después, la crisis sigue. La única cosa que ha cambiado es que en España los músicos se han "politizado".  ¿Hacen mejores canciones ahora que hace seis años? Es un pregunta muy complicada de responder. Yo carezco del coraje necesario para contestarla.

Los movimientos sociales surgidos a consecuencia de los problemas socio económicos de nuestra sociedad no han sido acompañados por canciones. Ni el 15-M, ni la Marea Verde, ni el fenómeno de Podemos tienen su lado musical. Hay quien defiende que se usan melodías y letras antiguas, heredadas de otras revoluciones. Tengo la sensación de que no se ha impuesto nada, ni lo antiguo, ni lo contemporáneo.

Los músicos de hoy sí que lo han intentado. Una señalada minoría ha empezado a escribir canciones con intención política. Como siempre, el balance es desigual, algunos lo han hecho con acierto, otros con buenas intenciones, otros por interés. Deberemos convenir que, al menos, se ha roto con una tradición nihilista y viciosamente apolítica. Ha sucedido de repente, en un par de años, casi de manera vergonzante, como asumiendo que vivían en una burbuja. Me parece una buena noticia. Sin paliativos. Ahora lo que hace falta es que se convierta en algo más o menos permanente. Me gustaría no dudar de que estamos ante una moda pasajera. (He usado el término "moda" de manera muy consciente).

En definitiva, la banda sonora de la crisis no existe. Hay con qué llenarla pero esta vacía.

Es la demostración de que La Música ha perdido mucho peso en la sociedad. A la gente no le importa tanto como antes, tiene un papel cada vez más reducido.

Es una victoria del Poder, una derrota de la Estética, un fracaso en lo político para las clases trabajadoras.


martes, 18 de noviembre de 2014

Amor


Jeff Buckley - Hallelujah

Una de las características más irritantes de la humanidad es que se empeña en hacer cosas que ya están hechas. Cosas que no vas a mejorar. Justo lo que me dispongo a hacer ahora mismo.

Nadie ha definido el amor como Leonard Cohen en "Hallelujah". Gracias a Jeff Buckley lo comprendí perfectamente.

Love is not a victory march
It's a cold and it's a broken Hallelujah




Y por si quedaban dudas, acabaron con ellas Morente y Alberto Manzano, el adaptador de la letra de Cohen.



Enrique Morente & Lagartija Nick - Aleluya



El amor no es una marcha triunfal
sino un frío y solitario aleluya.


Aquí estoy yo, tratando de enmendar la plana a don Enrique y al maestro Leonardo, a Jeff y a Alberto. No sé si merece la pena intentarlo. Seguro que no me acerco a su perspicacia. A su brillantez. A su talento.

¿Qué es el amor?

No es la ausencia de odio. Muchas veces tratamos de explicarnos qué es algo diciendo qué no es ese algo. Está claro que el amor no es el odio pero tampoco es su negativo. Por aquí vamos mal.

No es el método para ser nuestra mejor versión. Eso queremos creer. La realidad nos dice muchas veces que el amor saca nuestro yo más oscuro.

No es algo excepcional que pasa solo una vez en la vida. Los Románticos del siglo XIX no estaban en lo cierto. No se lo creían ni ellos. El amor pasa muchas veces. Vuelve muchas veces. Es caprichoso y no es exclusivo.

La metáfora que he elegido para mostrar qué es el amor es sencilla. Es cuando dos personas están dispuestas a ir a tierra de nadie en la esperanza de encontrar al otro. Es olvidar que existe un camino sencillo y adentrarse en lo desconocido. 

Por eso cuando te quedas solo en tierra de nadie es trágico. Estás perdido y a menudo no sabes cómo volver a casa. Cuando te encuentras con alguien en tierra de nadie no es mucho mejor. Una vez consumada la reunión tienes que ir a alguna parte y la otra persona puede que no quiera acompañarte. Os habéis encontrado en tierra de nadie y ahí se acaba el viaje. Ocurre muchas veces.

Tierra de nadie funciona, a veces, como una especie de garantía. Cuando hay crisis no hay más que citarse allí. A menudo, alguien no acude. 

El amor es tan frágil que un golpe de viento lo puede tumbar. Tierra de nadie puede mutar hasta hacerse irreconocible para los amantes. Casi siempre pasa. 

No, pasa siempre.

Como somos el homínido más listo, más cruel y más justo seguimos intentando hacer algo que ya han hecho otros, en lo que otros han fracasado. No vamos a mejorarlo. Igual que yo con esta entrada. Igual que yo (y todos los demás) cuando hacemos eso tan vulgar que es enamorarse.







lunes, 17 de noviembre de 2014

Tempus fugit



Por tercera vez escribo una entrada con el nombre de "Tempus fugit". Ésta fue la primera y ésta, la segunda. Está claro que el paso del tiempo es un tema que me preocupa y ello está perfectamente reflejado en estos 10 años de textos en esta humilde bitácora. Para ser más exactos, lo que me obsesiona(ba) es la decrepitud y el cambio, conceptos que casi siempre están unidos. "Si va a haber cambios, serán a peor" es una de las frases que más he escrito y más he pronunciado en mi vida.

Ahora sé que eso no es del todo verdad. Cambio no es igual a decadencia. A veces es crecimiento, a veces es evolución, a veces es mutación y a veces es un final. Un final hermoso o un final digno o un final cruel o un final feo o un final heroico o un final en falso. Sí, el cambio es éso y más.

Únicamente registro como cambio algo que signifique un mayor grado de decrepitud.

Hace 10 años la decrepitud era algo matemático, mensurable. Hace 5 años era algo amargo. Hoy no es del todo mensurable ni del todo amargo. Ahora es un cambio de escenario porque he pasado de una secuencia a otra, de una escena a otra, de un acto a otro.

A veces mola, otras no. La mayoría de las veces me importa una mierda.

Pero yo no quería hablar del paso del tiempo en un sentido macro, de década a década, de año a año, incluso de mes a mes. No quería hablar del paso del tiempo que comprobamos comparando fotos de distinta datación.

No.

Yo quería hablar del paso del tiempo en un sentido micro. ¿Qué es lo que pasa de segundo a segundo, de décima a décima? El presente es la suma del segundo anterior y el siguiente.
Y ese sí que se nos va, ese sí que se nos escapa.

El tiempo (el presente) no se detiene.

Por eso no puedo hacer todas las cosas que quiero hacer. No es que me falten horas o días, es que me sobra el presente. No soy capaz de maximizarlo, de aprovecharlo. Sería de gran ayuda que, por ejemplo, pudiera haber escrito esta entrada sin tener que quedarme aquí la media hora que he empleado en escribirla. El hecho de haber "perdido" estos treinta minutos supondrá que el baño se queda sin limpiar o que, un día más, no podré ocuparme de mis asuntos en ultramar (no es una metáfora, de verdad tengo asuntos en ultramar, en Argentina, para ser precisos).

Mi día a día es una colección de cosas que se han quedado por hacer y misiones más o menos urgentes que he podido completar.

Mi yo de hace 10 años era aún peor que mi yo de 2014. La única ventaja es que me no me daba cuenta de que esa animada charla con café de máquina era un presente que no podría canjear por una cerveza en una taberna.

Los presentes se nos acumulan y tenemos que elegir de entre ellos cuál es el mejor o el que más nos conviene. Hace escasos segundos acabo de descubrir que, de todos mis defectos, el no saber elegir entre mis posibles presentes es el más acusado. Entiendo que iré mejorando, de hecho eso es lo que ha venido ocurriendo, aunque sea de manera inconsciente, desde hace unos pocos años.

Pero siempre se me dará mal.

¿No future?

martes, 4 de noviembre de 2014

Hace 1 año



Exactamente hace un año, el 4 de noviembre de 2013, hacía sol. A esta hora de aquel día, yo estaba en la UCI de un hospital, acompañando a un enfermo desahuciado en sus últimas horas de vida.

Muchas cosas me han ocurrido en estos 12 meses.

Hoy, 4 de noviembre de 2014, ha llovido en Alpedrete, no ha hecho ni bueno ni malo. En estos momentos estoy tecleando este texto, a punto de ver un partido de fútbol por la tele.

En 2013 estaba resignado. Entendía lo que pasaba y lo que iba a pasar. No estaba triste ni asustado. Estaba confiado, a pesar de que no sabía lo que se me venía encima.

En 2014 estoy resignado. No entiendo lo que pasa ni lo que va a pasar. Estoy enfadado y, al mismo tiempo, viciosamente optimista. Tampoco sé lo que se me viene encima.

Supongo que esta entrada va de eso del paso del tiempo. Hay cambios, hay modificaciones y también hay certezas, falsas y de las otras. Una cosa es segura, siempre entro tarde en el compás de la/mi vida.

O sea, que no me entero de casi nada.