En la muerte de García Márquez


Iba a titular esta entrada "En la muerte de Gabo" pero me parece un atrevimiento, que muchos han cometido en los últimos días. Es curiosa la familiaridad con la que tratamos a los famosos, más si son famosos con prestigio, como el caso del Nobel colombiano.

Puede que "100 años de soledad" fuera mi novela fundamental de la adolescencia, igual que Silvio Rodríguez fue la banda sonora de mi post adolescencia, aunque solo en un lapso de tiempo más bien breve e intenso. Con García Márquez me pasó lo mismo. Recuerdo que me iba de pellas al Parque de Berlín, sito en Madrid, para leerme "100 años de soledad" durante la soleada y calurosa primavera de 1987. Me causó una impresión hondísima. A continuación leí "El coronel no tiene quien le escribe", sin que mi opinión sobre el autor de Aracataca variara ni un milímetro.

Y luego la nada.

Y después de la nada, una cierta indiferencia hacia el "realismo mágico".

Y después de esa indiferencia me encuentro con que la muerte de García Márquez no me ha causado impacto alguno.

Se supone que estoy traicionando a ese chico de 17 años que se saltaba las clases para sumergirse en las aventuras de Remedios La Bella o Aureliano Buendía. O quizá es que hay cosas que no nos acompañan siempre. Cosas que nos son útiles, incluso fundamentales, en determinados momentos y que luego no nos afectan lo más mínimo.

Quizá valga la pena advertir que la última frase del anterior párrafo no se refiere únicamente a las novelas de Gabriel García Márquez, que nos ha dejado el pasado 17 de abril de 2014, a los 87 años de edad.


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