Sesión de viernes


Llevo pinchando desde 1996, más o menos. No lo hago a menudo aunque sí de manera continuada. Todos los años me llaman dos ó tres veces de distintos sitios para que haga alguna sesión divertida. Este año eso ya ha ocurrido dos veces, la última el viernes por la noche. Siempre me lo he pasado bien y creo que siempre he cumplido, más o menos. Mi peor pinchada fue en el ya fenecido Midnight de la calle Amaniel, fueron 6 horas y no llevaba discos suficientes, por lo que tuve que repetir canciones y grupos. La más curiosa, y una de mis favoritas, fue en un restaurante donde pinché jazz suave y electrónica elegante. Lo pasé de miedo y parece que gustó la experiencia aunque ya no se repitió.

La del viernes fue una de las mejores.

Un tipo que se dedica a esto y que lo hace muy bien me propuso hace unos meses pinchar con él a medias en una de sus sesiones en uno de sus locales fetiche. Cuando surgió la idea yo no podía por mis circunstancias personales y le dije que sí, que me hacía ilusión, pero que iba a ser muy difícil. Entonces algo cambió para siempre y se me abrieron todo tipo de posibilidades, entre ellas esta.

Tenía que empezar a las 12. Quince minutos pasaban de la medianoche cuando pude llegar al emblemático garito. Mi colega, el residente, ya había empezado aunque casi no había gente. La razón de mi retraso era que había ido a ver "Ocho apellidos vascos". Tenía que hacer tiempo hasta la medianoche y por eso fui al cine. Me gustó, con reservas. ¿Por qué las comedias comerciales españolas parece que solo tienen que hacer reir?

Cuando llegué uno de mis mejores amigos ya estaba allí. Vino a verme por sorpresa, pensaba que ya no iba a aparecer ninguna cara conocida. Pinché unos 20 minutos para volver a sentir los vinilos dado que hace unos cuantos añitos que solo lo hago con CD's, siempre en contra de mi voluntad. La cosa fue más o menos bien porque el día anterior había practicado en casa.

Poco a poco empezó a aparecer gente. Sería la 1 y pico cuando empezamos a pinchar "por colleras". Es decir, el residente, el que me había propuesto la idea, pinchaba tres temas y luego yo otros tres. Así sucesivamente. Estuvimos a hasta las 3 y media de la mañana y el último tema que pusimos fue este.


France Gall 
Ella elle l'a

Habíamos pactado pinchar ochentadas divertidas y es lo que hicimos. Me dejé alguna bala en la recámara que no hizo falta porque gustamos mucho. La única pena que tengo es no haber podido satisfacer a esa chica que, en un evidente estado de cordialidad, me pidió una de Scorpions. (Afortunadamente, pareció conformarse con el "Now I'm here" de Queen).

Llegados a este punto tengo que proclamar que lo más parecido al paraíso es estar en un local con poca luz, música alta, voces agudas y yo a los platos.

Al echar el telón de la noche pasaron tres cosas excepcionales. Una, que el portero del local me felicitó por los "temazos" que había puesto. Otra fue que cuando me dirigí al coche para volver a casa presencié una pelea de tres chicos borrachos y guiris que no acertaban nunca a darse con los puños por mucho que lo intentaran. El último evento destacado fue que me paró la policía para hacerme un control de alcoholemia. Mi sorpresa fue mayúscula cuando el agente se fió de mi palabra de que no había probado una gota. Me dejó marchar sin soplar. Supongo que estas cosas se notan porque no había bebido ni agua.

La sesión del viernes fue la enésima demostración de que nunca sabes qué va a pasar. Esa es mi principal conclusión. ¿Quién me iba a decir a mi que Paquito y su "Mack de knife" iban  a ser los grandes triunfadores de la noche? Cuando el vinilo empezó a dar vueltas la explosión de euforia fue espectacular. Una pareja, incluso, se puso a bailar agarrao. 


Frank Sinatra with The Quincy Jones Orchestra 
Mack the knife

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