Maldito viento



La semana pasada volví a padecer insomnio por culpa del viento y mi persiana rota. Como siempre que pasa eso, me dedico a ver la tele. Pude visionar, por ejemplo, un docu sobre Stephen Sondheim que era ligeramente interesante. Más atención demandó de mí una película que quería haber visto en su momento y que se me pasó. "No" la dirigió Pablo Larraín, la escribió Pedro Peirano y la protagonizó un estupefacto Gael García Bernal. Se estrenó en 2012 y relata las vicisitudes de la campaña del No en el plebiscito de 1988 en Chile.

No voy a entrar aquí a juzgar aquel hecho, ni sus consecuencias. Tampoco quiero comentar la película más que para señalar que se rodó en un desfasado U-Matic para recrear cómo eran las imágenes de la tele a finales de los 80. Entre el sueño que tenía y esas texturas propias de la época las cosas se pusieron un poco raras. Experimenté una extraña sensación porque me pareció que viajé en el tiempo y que aparecí en 1988.

Y entonces ocurrió.

Recordé perfectamente una escena vivida el 7 de octubre de 1988 en Madrid en un taxi, probablemente cerca de la medianoche. Iba yo con un alguien cualquiera. En la radio cantaron el resultado de ese plebiscito. 43,01% Sí, 54,71% No. Alguien debía estar hablando conmigo, el taxista o el alguien cualquiera, porque no pude seguir escuchando la noticia. En un alarde de pensamiento lateral me dí cuenta de que Pinochet había perdido.

Pinochet había perdido.

Esa fue una de las pocas veces en mi vida que he comprobado eso que te dicen cuando estás deprimido. Eso que siempre parece un consuelo inútil. Aquella vez ocurrió de verdad. Jamás imaginé que Pinochet iba a a ser derrotado por las urnas. "Alguna vez pasa lo imposible".




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