Chin-pón. Se acabó el tango (y 4, final)

En el "Hijo de la novia" el personaje intepretetado por Eduardo Blanco le cuenta al personaje interpretado por Ricardo Darín cómo su vida se fue convirtiendo en un drama. Entonces, para terminar el relato de las desgracias, Blanco le dice a Darín algo así como:

- Y entonces, mientras me afeitaba, me miré al espejo y dije: "Chin-pón.
- ¿Qué?
- Chin-pón, viejo, se acabó el tango.


Tras la tristeza, el enfado, la amargura y la euforia vacía ya no me queda más que el futuro. Seguir caminando sin mirar atrás. Todo cambio es bueno, si uno aprende algo. No sé si aprendí algo de esto, no sé si simplemente he recordado cosas que ya sabía. El porvenir tendrá la respuesta y, de momento, no estoy demasiado interesado en conocerla.

Para lo que pensaba que iba a ser esto, me encuentro hasta demasiado bien.

Ayer me planteé hacer una inmersión en mi mismo. Consiste en pasarse todo el día en el cine y no contestar al teléfono ni hablar con nadie. Sí, vi tres películas en un solo día. Y no, no desconecté el teléfono. De hecho, hablé con mucha gente. Y, además, la última de las películas la vi en compañía de una amiga con quien me tomé algo a la salida del cine. No fue una inmersión en mi mismo pura y dura. Sirvió para que, anoche, al llegar a casa y comprobar que se me había fundido la bombilla del salón, dijera, a oscuras:

Chin-pón, viejo, se acabo el tango.

 Pues eso,
que se acabó
el gotán.



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