Más 15-M

Escribo esto en la mañana del viernes 27 de mayo, unas horas después de haber publicado una entrada que había escrito unos días antes y que había dejado en el borrador. Ayer programé su publicación automática a las 9 de la mañana de hoy, momento en el que iba a estar durmiendo. Justo a esa hora los mossos d'esquadra han desalojado a palos a los acampados de la barcelonesa Plaza de Cataluña dejando el saldo de unos 40 heridos, quizá más. En la entrada de hoy "Lo que me gusta y lo que no me gusta del 15-M", la anterior,  doy mi parecer sobre los Indignados.

Yo estoy estos días en Barcelona por motivos laborales. Es cierto que en la ciudad se vive un momento de cierta tensión por la posible conquista del Barça de la Champions 2010-2011. Incluso charlé con una taxista barcelonés acerca de los potenciales problemas que habría si se cruzaban la celebración y los Indignados. Era un señor serio y estaba algo preocupado. En ningún modo estaba alarmado ni nada por el estilo. No creo que aprobara lo que ha pasado hace unas horas.

Es cierto que no han entrado a sangre y fuego. He visto imágenes y la actuación de la autoridad es bastante indecorosa. No pasa de eso. Algún palo y cosas así. Nada que yo mismo no haya vivido en otras circunstancias con la Policía en Madrid. Lo peor no es cómo han desalojado sino por qué han desalojado. Amparados en una excusa vana y poco convincente, han querido acabar de un plumazo con las protestas pensando que habían perdido fuelle. Y han conseguido revitalizarlas. Sus contradicciones y sus carencias pasan a un segundo plano gracias a la actuación de los mossos d'esquadra.

¿De qué tienen miedo? Los Indignados no son tantos ni disfrutan tanto apoyo social. Si fundaran un partido no lograrían ningún diputado en el Congreso.

Tienen miedo de que este discurso en los márgenes del sistema estire el espacio de lo público. Entendido este como el espacio de lo común. Y que empiecen a cuestionarse los valores neocon, cómodos para los conservadores y para los socialdemocrátas de última generación. Hasta ahora, ellos han tenido el monopolio del campo del juego. Los debates se han producido en terrenos favorables para sus intereses. Por ejemplo, ¿Impuestos como ahora o bajada de impuestos? Es muy digerible la segunda opción si planteamos el problema reduciéndolo a este falaz antagonismo. ¿Impuestos más progresivos o menos progresivos? Esta sería una pregunta que le haría mucho daño a la derecha actual. Está claro que la dictadura mediática de la derecha impone la primera de las alternativas y como sólo permite en sus debates a pagafantas de izquierdas el camino lleva al Pensamiento Único. Un paseo por Intereconomía o Veo7 resulta clarificador en este sentido.

Por lo tanto, corrijo mi anterior entrada. Lo que me gusta del 15-M es que es la mejor oportunidad que tenemos para ampliar el campo de batalla dialéctico. Lo que no me gusta será algo residual si consigue que dejemos de jugar en territorio hostil.

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