Lo que me gusta y no me gusta del 15-M

Me gusta el susto de la prensa y de la gente de derechas. Ningunean las Acampadas, aunque en el fondo tienen más miedo que vergüenza porque se creen que les van a montar lo del 11-m otra vez. He llegado a leer a alguno que ha dicho que están cercanos a ETA (sic).

Otra cosa que me mola  de las Acampadas es que canalizan un descontento que existe en la sociedad y se han decidido a hacer algo sin esperar a que lo hagan los partidos. Es un buen punto de partida. Y quizá con esto sea suficiente porque ahora la pelota está en el tejado de TODA la sociedad civil, esa sociedad civil adormecida desde los tiempos del franquismo. No basta con votar cada vez que nos convocan. Aunque hay mucha gente que ni siquiera es capaz de hacer eso, lo cual me resulta del todo incomprensible. Hay que hacer política todos los días. Por ejemplo, exigiendo que la sanidad pública siga siendo pública haciendo un uso eficiente de ella. Siendo solidario con otros trabajadores cuando están en huelga en lugar de quejarnos "porque llegué 10 minutos tarde al trabajo".  También es hacer política formar parte de una asociación de ciudadanos con intereses comunes, si puede ser en el campo de la cultura o la política, como por una asociación cultural que sea una radio libre. No sé, hay mil cosas que son política, política en minúsculas, pero que sirven para mejorar tu vida y la de los demás.

También es, a mi juicio, muy necesario huir del egoísmo en el que estamos todos inmersos. Yo estoy muy a favor, y la izquierda más canónica, de la realización del individuo. Sin embargo, esa aspiración no puede hacerse al margen del grupo. Martin Luther King dijo, y lo recogió luego Bruce Springsteen, que nadie es libre si los demás no son libres.

No me gusta de las Acampadas su ingenuidad. Bueno, eso en realidad me gustaría mucho. Pero no es sólo ingenuidad. Es una cosa hippie voluntarista, como muy "New Age", no violenta ni física ni intelectualmente. Una portavoz dijo que "para ellos el resultado de las elecciones no tenía ningún interés". Es posible que quisiera decir que, hoy por hoy, no les interesa la estrategia de toma de poder porque están construyendo un movimiento. Aunque si es así, ¿por qué no lo explican mejor? De todas maneras, mis rescoldos "trostkos" impiden que dé por buena esa idea. Se puede crear un movimiento, consolidarlo y tratar de parir alguna estrategia para ganar influencia todo a la vez.

Tampoco me gusta que las reivindicaciones tengan ese tufillo pequeño burgués. Todo esto nace, al parecer, para cargarse la Ley Sinde. Algo que afecta a la gente que tiene acceso a una conexión de internet porque puede permitírsela o porque sabe cómo utilizarla. Es cierto que luego ha evolucionado a algo menos sectorial aunque todavía veo actitudes de ese tipo.

También está esa impresión que tengo, quizá un tanto paternalista, de que sólo son unos cuantos chavales jugando a las casitas. He hablado con un chaval de mi entorno que pasó alguna noche en Sol. No me parece que sea muy de izquierdas, ni que cuestione el capitalismo, ni siquiera la democracia representativa. Sólo tiene miedo al paro. Un miedo que, gracias a los tiburones de Wall Street, tenemos todos.

Cuando Rajoy gane el año que viene la cantidad de poder que va a acumular su partido va a ser inédito en la democracia española. Yo diría que ni el PSOE de los 80 llegó a tanto. Y viendo, además, el uso que hacen de los medios públicos, con Telemadrid y Canal Nou a la cabeza, la cosa puede ir para largo. A mi generación le espera la edad madura con la derecha en el poder y una crisis interminable encima. Para cuando nos jubilemos, la catarsis habrá sido tan brutal y tan prolongada en el tiempo que seguro que asistiremos a un cambio de modelo.

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