martes, 29 de marzo de 2011

To er mundo e güeno

Todo el mundo se cree que es buena persona. Los asesinos y los violadores piensan que tienen razones para ser unos hijos de puta. Debe de haber muy pocas personas que no particicipen de esa característica. La consecuencia es que pensamos que los malos son los demás. Nos cuesta ponernos en el lugar del otro y no aceptamos las razones ajenas.

Como la culpa no es nuestra, nos gusta mucho repartir responsabilidades. Aquí es donde entra el descrédito de la clase política. La gran mayoría de las personas que conozco odian a los políticos. A todos. Pueden nombrar a muy pocos y se duda que les hayan escuchado más de un par de minutos. Da igual, para la chusma son todos iguales.

Cada vez que escucho una frase del tipo de "los políticos son lo peor" o alguna gilipollez por el estilo me enervo. Siempre es alguien que no sabe qué es la izquierda o la derecha. Siempre es alguien que no sabe nada de política.

Además, este nihilismo me parece muy peligroso. Detrás de él viene la idea de que da lo mismo que estén unos o que estén otros en el poder. Puede ser relativamente cierto en el caso del PP y del PSOE, aunque siempre hay otras opciones. Y un poco más allá está el argumento de que la democracia no vale para nada y que, para eso, vamos a poner de jefe de gobierno a un empresario de éxito, dudosa moral, inexistente ética y un poco presumido. O algo peor, dejemos que un militar gallego de voz aflautada mande casi 40 años y muera en la cama.

¿La clase política apesta? Hazte tu político. No votes a los que estén incursos en casos de corrupción o a los que dan pábulo a ridículas teorías de la conspiración. Lee. Debate o discute. Preocúpate por lo que ocurre más allá de tu reducido entorno sociofamiliar. Pasa a la acción. Basta con que hagas una sola de estas cosas.

Y, sobre todo, sería un alivio que dejaras de quejarte de los políticos.

jueves, 17 de marzo de 2011

El escudo

Hace treintaypico horas que he visto el final de "The Shield". Es muy difícil que se vuelva a hacer a una serie tan perfecta como esta. Nunca me había pasado eso de querer volver a leer un libro una vez terminado hasta ahora. De mil amores me pondría ahora el primer capítulo de la primera temporada y haría todo el camino de nuevo.

Un amigo me dijo, una década atrás, que una serie de televisión es un contrasentido narrativo. Para él, todo consiste en alargar tramas y en complicarlas sin más razón que epatar. En parte, tiene razón. ¿Cuántas veces hemos dicho que lo mejor de determinado programa de TV es "la primera temporada"? Es real que con el paso del tiempo todo pierde fuerza.


No voy a cometer la frivolidad de decir que "The Shield" no es así. La verdad es que es así, aunque no del todo "así". El truco es que el conflicto planteado en el primer episodio no se resuelve hasta el final. Puede que se haya alargado de manera innecesaria la resolución de la incógnita, puede que haya sido complicada en exceso. Aún así, en esencia, la consecuencia directa del primer pecado de Vic Mackey sólo se aprecia en todo su esplendor en esta última secuencia. No sería tan demoledor este final sin el resto de la serie.




Casi siete temporadas de traiciones y actos heroicos desembocan en la desolación de un hombre de acción enjaulado en una oficina. Sin un amigo, sin familia, sin nada. Es el desarraigo máximo. Estamos ante un final pluscuamperfecto porque despeja TODAS las dudas que se plantean en la serie. Y, al mismo tiempo, es un final abierto porque cuando Vic coge la pistola no sabemos muy bien qué va a pasar. Es coherente con el personaje pensar que no se va a rendir, que va a seguir luchando hasta su último aliento. Nosotros no lo veremos porque ya no pertenece al universo de esta serie. Ya no tendrá nada que ver con la Comisaría de Farmington. Una cosa es segura, la respuesta de Vic será fría y racional, nada de suicidios.

Es un personaje muy potente este Vic Mackey. Podría ser el anti héroe definitivo, porque dista mucho de ser un modelo social. Sin embargo, si hacemos balance de todo lo que ocurre en "The Shield" podemos afirmar que los malos están más seguros en Farmington desde que ya no está en las calles.


No es un anti héroe porque excede esa categoría. Hay demasiada oscuridad en Mackey. Aunque simpaticemos con él, es un villano. La fascinación que sentimos no tiene nada que ver con la clásica atracción por el mal que hace que nos gusten el Joker o Lex Luthor. Nos atrae su infinita capacidad de lucha, casi diría que esa facultad de no rendirse nunca es inspiradora.

Coge algunos atajos para lograr los objetivos que él considera justos. Otros, los que tienen que ver con sus amigos, familia o inocentes, los rodea. Y ese rastro de nobleza es lo que le lleva a su destucción final. Por eso, la serie no es moralista. No es que tus pecados al final te alcancen, aunque seas Vic Mackey. Si hubiera querido, podría haberse salvado huyendo a México con Ronnie, por ejemplo. Le habría quedado un amigo y estaría fuera de alcance de la ley. Pasados unos años podría haber vuelto a ver a su familia. Habría escapado con cierto decoro de una situación imposible.

Me he centrado en Vic aunque casi todos los demás personajes principales son extremadamente atractivos. Dutch, el brillante detective con nulas capacidades sociales o la inteligente y noble Claudette, el verdadero faro ético de The Shield. El amigo simple de Vic, Shane Vendrell, que quiso jugar al juego de su jefe y no pudo. El político ambicioso con buenas intenciones, Aceveda, que deberá acarrear un terrible secreto. Y eso sin añadir las apariciones estelares de la capitana Rawlings (Temporada 4), interpretada por Glenn Close, o, sobre todo, Jon Kavanaugh, el alto cargo de Asuntos Internos, papel que borda en las temporadas 5 y 6 el inconmesurable Forest Whitaker.

"The Shield" es una serie llena de claros y oscuros. No es de acción, aunque los asaltos a las viviendas del Strike Team son de lo mejor que se ha rodado nunca en tele. No es un reflexión socioeconómica, aunque por el camino vemos muchas claves de la mezcla de culturas de Los Angeles. No es una serie de detectives, aunque las tramas detectivescas son uno de los puntos fuertes de "The Shield". No es la serie de Vic Mackey, a pesar de que su atractivo pueda, a veces, mermar la polifonía de personajes de la serie.

"The Shield"= "El escudo". Una obra maestra.

domingo, 6 de marzo de 2011

Ni Twitter ni Facebook

Tengo móvil de manera ininterrumpida desde mayo de 1998. En 1997 ya disfruté unos meses de un antediluviano Motorola. Conozco a muchas personas que no adquirieron un móvil hasta el 2000, 2001 o, incluso, 2002. Siento una gran envidia por ellos. Esa es la razón por la que no he abierto una cuenta de Facebook. Es evidente que en un futuro más o menos cercano, Facebook o algo similar será tan corriente como lo es hoy en día un teléfono móvil o una cuenta de correo electrónico. Mi intención es resistirme hasta que no tenga más remedio, todo lo contrario de lo que hice con el fenómeno del móvil.

Tengo blog desde junio de 2004. Creo que lo he actualizado bastante desde entonces. Casi nadie ha logrado hacer sobrevivir una bitácora personal tanto tiempo como yo. Me hubiera gustado haber abierto una web como esta mucho antes. La mera existencia de "Menosprecio..." y el entusiasmo con el que escribo en él, no quiere decir que me gusten los fotologs, esa cosa que ya no existe, o el Twitter. Bueno, creo que este último sí me gusta. Contrariamente a mucha gente que tiene una cuenta de Twitter me gusta eso de plasmar tu pensamiento en sólo 140 caracteres. Creo que se me daría muy bien, además. Sin embargo, nunca tendé un Twitter personal. ¿La razón? Decir algo valioso y brillante cuesta mucho, aunque sólo sea un frase sencilla. Decir una gilipollez cuesta sólo unos segundos. La experiencia Twitter está más cerca de lo segundo que de lo primero. Los casos de Vigalondo o Bisbal, muy distintos entre sí, son el reverso tenebroso de escribir un tweet como si fuera un comentario de barra de bar. El hecho de que ese lado oscuro haya afectado a dos personas que no tienen nada en común es una valiosa lección. Nadie está a salvo de cagarla. De hecho, todos los tuiteros la cagan todos los días. La irreflexión y la asuencia de contexto convierten un tuiterazo en algo absurdo cuando no erróneo.

Twitter es una excelente idea. La falla viene del uso que hacemos de él. Por si acaso, yo no me meto ahí. No quiero compartir mis malas decisiones con el mundo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Una entrada breve

Para mí, tiene más mérito Borges que Joyce. Soy de los que piensan que lo más valioso siempre está en recipientes pequeños. Casi es una obsesión, siempre trato de definir una realidad compleja con una frase sencilla. Eso, para mí es la belleza sin paliativos.

Por mi profesión, también ha sido una necesidad desarrollar mi capacidad de sintetizar. Sé que a veces me paso y eso va en detrimento mío. Recuerdo que de niño me decían que un buen examen no era un examen largo. Acumular palabras siempre ha sido un método de defensa, una manera de esconder tu ignorancia. Esta verdad es tan incontrovertible que no hace falta seguir argumentando. Todo el mundo debería estar de acuerdo.  He escrito "debería" porque no todo el mundo comulga con este axioma. Hay muchos que no lo hacen y, muchas veces, tienen una posición más fuerte que la tuya. Esas veces, mi más que aceptable capacidad de escribir frases cortas y sabrosas me ha jugado malas pasadas. He sido juzgado por encima de compañeros que no son capaces de jerarquizar la información ni de explicarla con claridad. En muchas ocasiones parece que decir sin filtros todo lo que sabes, aunque sea trivial, es una muestra de profesionalidad. Como pasar muchas horas en el trabajo, aunque esas horas sean improductivas.

Me da lo mismo. Sigo prefiriendo "El Aleph" al "Ulises". (Aunque haya disfrutado, y mucho, con "Las benévolas").

miércoles, 2 de marzo de 2011

110

Como regla general, estoy en contra del límite de velocidad. Me molesta porque es un ejercicio de cinismo. En la carretera el riesgo no está en la velocidad excesiva sino en la velocidad inadecuada. Una cosa tiene que ver con la otra aunque no sea lo mismo. La lógica dicta que recaudar pasta es el verdadero objetivo de prohibir que la aguja del velocímetro pase de determinado guarismo. Me basta poner un ejemplo: Alemania. Allí hay menos muertos por kilómetro que en España. En sus "Autobahns" hay muchos tramos donde puedes ir tan rápido como quieras. ¿Conducen mejor los alemanes que los españoles? Puede ser. La mayor diferencia es, no obstante, que las carreteras y los coches germanos son de una mayor calidad.

Cuando leí los detalles de la nueva iniciativa del gobierno pensé que era una idiotez ineficaz. No pensaba que bajar a 110 el límite de velocidad fuera a servir para que consumamos menos petróleo. La propaganda del gobierno ha tratado de convencerme de lo contrario, sin éxito.

Ahora, puede que sea idiota e ineficaz pero no es lo peor que se les podría haber ocurrido. Podrían seguir subiendo ad infinitum el precio de la gasolina. (De todas maneras, me temo que esto va a seguir ocurriendo). Podrían prohibir circular en días alternos a los coches en función de si el número de su matrícula es par o impar. O podrían imponer medidas que a personas racionales como nosotros ni se nos ocurren.

¿Por qué es idiota? Porque es la puntita y nada más. Ya que estás bájalo a 100. Y baja las velocidades máximas de autovías, travesías o carreteras nacionales. Si hay que joder, que se note ¿Por qué es ineficaz? Porque no entra en el verdadero problema. Hasta un niño recién destetado sabe que hay que reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Eso sí que corre prisa corregirlo ahora y no las pensiones.

Aparte de ser un mal menor, tengo que reconocer que bajar el límite de velocidad a 110 es una iniciativa que me parece sincera. Bajar el precio un 5% el transporte público probablemente suponga una merma en los ingresos del estado por ese concepto. Descartado está, pues, que haya un afán recaudatorio.

Es una medida idiota, ineficaz y sincera. En el fondo creo que no va a afectar a mucha gente. A mí, desde luego, no.

110, 110, 110,... ¡101! Hilado un poco de aquella manera, aquí un extracto del 101 de Depeche Mode.