Manual de supervivencia del capitalismo

En el Alvia de vuelta a Madrid me entretuve en leer con detalle el acuerdo al que han llegado para la reforma de las pensiones. Cuanto más pensaba en ello, menos entendía la necesidad de tomar una decisión de este tipo. Recuerdo que en 1995 los expertos predijeron que para 2010 el sistema se colapsaría y habría que recurrir a los planes de jubilación privados. A pesar de la grave crisis en la que estamos sumidos, el sistema está en superávit porque los profetas económicos no tuvieron en cuenta ni el aumento de mujeres en el mercado de trabajo ni la inmigración. Ambas circunstancias subieron la productividad del país, lo que se tradujo en un aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social. Por el contrario, como la recesión actual tiene un carácter marcadamente financiero las pensiones privadas han sufrido palos de diversa consideración.

"De esta sólo nos saca Keynes, ¿no?", le pregunté a un catedrático de Economía Política antes de ver el concierto de Faust el pasado sábado en el Teatro Principal de Castellón. Su respuesta fue afirmativa, las fórmulas keynesianas son las que han permitido superar todas las crisis del siglo XX. Únicamente añadió que hay que adaptarlas al momento actual, especialmente a las consecuencias de la globalización. Hace un año y pico los gobernantes, con los europeos a la cabeza, parecían estar en esa longitud de onda. Hoy nadie adopta esa postura. Una vez más, hemos caído en el nada inocente mito de que el mercado se regula a sí mismo mediante el juego de la oferta y la demanda.

Desde la época de Adam Smith el capitalismo ha salido triunfante de todas las batallas. Siempre pensé que su fortaleza radicaba en su flexibilidad ideológica. Se ha aliado con la democracia, incluso la social democracia, sin perder de vista lo único importante, el negocio.

La izquierda no tiene tanta cintura, no es tan práctica como la derecha mal llamada liberal. Sin embargo, la razón última de que no hayamos quemado los libros de Adam Smith es otra muy distinta.

El capitalismo tiene una ventaja enorme. Es muy fácil de entender. Si a las empresas les van bien contratarán a más empleados y le subirán el sueldo a los que ya estén. Promete una posibilidad cierta de mejorar tu vida. Te habla de cosas como la competencia y de bajar impuestos. Todo el mundo comprende los fundamentos del capitalismo. Eso es suficiente para que nos parezca veraz. Sabemos cómo va, es suficiente. Esa es la explicación que nos vale. Pasamos del matiz.

Hay más viejos, lo que significa que en un futuro serán mayoría. Y entonces no podremos pagar las pensiones. Esto lo pilla cualquiera, luego debe ser un afirmación correcta. El pequeño detalle de que en 1995 los Barea y compañía la cagaron carece de importancia. Hemos vuelto a comprar un frigorífico en el Polo Norte. Los rumores sobre una refundación del capitalismo eran, como la muerte de Twain, un poco exagerados.

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