El pueblo unido jamás será vencido

Si algo hemos aprendido de estos días es que a la vez que se destruyen unos mitos se crean otros. Hace no demasiado tiempo, determinado sector del mundo occidental proclamaba poco menos que el Islam era incompatible con la democracia. Y es totalmente cierto. Esa facción parecía dar a entender que el cristianismo, en cambio, sí lo es. Esa gente puede que no haya leido el Antiguo Testamento. O puede que tampoco sepa qué es democracia.

Esta cuestión de la compatibilidad del poder político con el religioso ya se ventiló en Europa en la Edad Media con la Querella de las Investiduras. A pesar de todo, la separación Iglesia-Estado no se dio de iure en España hasta 1978. Se trata, pues, de una conquista muy reciente que, algunos, quieren ahogar. Lo vemos en las declaraciones de determinados personajes cuando alertan de la "laicización" de la sociedad. Por el contrario, yo creo que hay profundizar en esa dirección. La relación que tengas con tu propia espiritualidad es un asunto privado. No hay derecho para que nadie juzgue siquiera a alguien por sus creencias. Ese alguien tampoco puede imponer las suyas a través del aparato del estado.

En resumen, la religión mahometana es incompatible con la democracia. La religión cristiana, también. Y la judía y cualquier otra.

Las revueltas en Egipto y en Túnez han abierto los ojos a muchos. Ahora parece que es posible que haya democracia verdadera en países de tradición islámica, como si el ejemplo de Turquía no sirviera para nada. Sin embargo, las movilizaciones no parecen tener en su agenda una mayor islamización de sus estados. Algo parecido a lo que ocurrió en Irán en los 70, aunque en esa ocasión fueron los clérigos musulmanes, con Jomeini (gran fan de Carlos Cano, por cierto) a la cabeza, los que se pusieron al frente una vez expulsado el Sha.

Otro mito que se ha roto, o que se ha redefinido, es que una revuelta popular incruenta no puede derribar un gobierno totalitario. La represión en China de los manifestantes en Tiann'amen ha sido un ejemplo clásico que ha refrendado la verdad de este aserto. Ahora que Ben Alí y Mubarak han debido abandonar el poder hay quien piensa que todo es posible.

Me gustaría creerlo. De momento, mi visión es que sólo hemos asistido a un cambio de cromos tutelado por Occidente e Israel. Se han ido unos para poner a otros con el beneplácito de la CIA y el Mosad. Es posible que nada vuelva a ser como antes. Para ello es necesario que la movilización popular siga adelante, que no se quede en un par de semanas de manifestaciones. Ese camino ha de ser largo y duro, no hay otra opción.

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