Auge y caída de OT

Uno de los subtextos de esta humilde bitácora es que a la gente, en España, se la suda la música. Hablo de España porque es lo que conozco, no tengo demasiadas pistas fiables de los que sucede en otros países. Hace unos días la cadena amiga ha suspendido las emisiones de OT. Sus niveles de share buceaban entre el 2% y el 3%. Nada que lamentar, OT y derivados son pastiches televisivos destinados a satisfacer los bajos instintos de la audiencia. Igual que GH y otros muchos realities o seudorealities (como "Sálvame").

GH sigue inasequible al desaliento, dando la enésima vuelta de tuerca a nuestro interés por las vidas ajenas, aunque sean anónimas. OT ha desaparecido del mapa a pesar de que sigue un esquema parecido. Podemos decir que OT es como GH más canciones comerciales. Por lo tanto, lo que ha fallado son las canciones, aunque sean conocidas.

Si echamos un vistazo a los niveles de audiencia de los últimos programas de música en la tele nos damos cuenta de que son muy parecidos a los que ha obtenido esta última temporada de OT. Material suficiente para que los ejecutivos televisivos afirmen que "la música no funciona en la tele" o esgriman teorías como el efecto Luis Aguilé, según el cual los espectadores cambian de canal cuando hay una actuación musical en el programa que están viendo.

Con la honrosa excepción de "Mapa sonoro", confinado a un horario clandestino en la 2, no hay música en la tele. Hasta hace poco se han venido emitiendo, también en la 2, unos excelentes documentales musicales que han visto cuatro gatos.


Una vez escribió Niezstche que "la vida sin música sería un error". ¡Qué equivocada es nuestra existencia!



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