Tiempos de rock and roll

El pasado jueves, antes del Clásico, estuve en un acto en la FNAC Callao. Ruta 66 celebraba sus 25 años de azarosa existencia con una especie de charla que impartieron Manuel Beteta y los dos directores de la revista, Jorge Ortega y mi amigo Alfred Crespo.



Lo más importante es que fue una reunión divertida. No hizo falta poner vídeos, ni hacer juegos de luces, ni proyectar diapositivas. 3 tíos hablando durante una hora, con unos cuantos del público inquiriéndoles, y nada más. Literalmente, nada más. De manera indirecta, puede decirse que fue un monumento al valor de la palabra desnuda.

Me quedo con varias perlas. Jorge dijo una cosa muy bonita, sin saber que estaba dicéndola. Afirmó que estaban tratando de rejuvenecer la revista mientras se hacían mayores. Todo un antídoto para superar el paso del tiempo. Manuel nos puso los dientes largos con un artículo, todavía por publicar, sobre una de las etapas más oscuras de Chuck Berry. Una nueva demostración de que el Ruta rellena los agujeros en los que nadie se fija. Nos reveló alguna intimidad sabrosa, como el tiempo que tardó en redactar un informe sobre los Flamin' Groovies. Año y medio se tiró el bueno de Manuel documéntadose y escribiendo. 18 meses para 16 páginas. Sé de muchas novelas y de muchas películas que no han tardado tanto en "pasar de las musas al teatro".



Alfred hubo de defenderse de los reproches de parte del público. Un rutero talibanístico discutió la decisión de incluir a Arcade Fire en la revista. Entre grandes carcajadas de los que por allí andábamos, Alfred argumentó que el grupo de Win y Regine merece estar en la revista, aunque a él, personalmente, no le gustan demasiado. Sin embargo, al redactor que propuso el tema le apasionan y eso es lo que obró el milagro de que una banda de pop épico ocupe un lugar destacado en una revista cuyo subtítulo es "días de rock and roll".



Para mí, la anécdota más graciosa de las que contaron fue una de Alfred. Un número metieron dos páginas de Bunbury. Las reacciones no se hicieron esperar. Un lector escribió a la revista y en su carta incluyó, arrancadas, las dos páginas del artículo sobre Bunbury. Decía que, a partir de entonces, iba a devolver todo lo que no le gustara de cada entrega del Ruta. Al mes siguiente, metieron una mención del popular artista maño y este lector les devolvió la revista entera junto a una declaración solemne de que no iba a comprársela de nuevo. Un mes después, aún volvió a escribir para argumentar el por qué de su drástica decisión.

Otra muy buena fue cuando le propusieron al ministerio de cultura que comprara un número determinado de revistas cada mes para que estuvieran en las bibliotecas públicas. La respuesta fue que el Ruta tenía nulo interés cultura. La reacción inmediata fue sacar un número especial sobre la cocaína y el rock, pa joder.



Han sobrevivido, con sus errores y contradicciones, 25 años. Han sobrevivido, provocando al personal y molestando a los bienpensantes, 25 años.

¡LARGA VIDA AL RUTA 66!

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