Prohibido fumar

Me voy a permitir hacer una consideración previa. Igual que en el caso de la mal llamada Ley Sinde, es lamentable que los españoles, y yo mismo, prestemos atención a una gilipollez de este calibre. Hay muchos otros pescados más importantes que cocinar y aquí seguimos a vueltas con un debate de bajísimo nivel. La (enésima) gilipollez del alcalde de León Valladolid define con precisión la altura intelectual del asunto. Para citar a Brecht, primero hay que leerlo. Tampoco está mal estudiar otras cosas para entenderlo bien. Estamos ante un eunuco intelectual que se cree ingenioso. Quizá habría que explicarle aquello de la falacia de la pendiente resbaladiza.

Yo no estoy ni a favor ni en contra de la prohibición de fumar en lugares públicos. Es cierto que, dada mi condición de eterno no fumador, agradezco un ambiente limpio. Desde que en enero de 2006 no se puede fumar en el entorno laboral me he dado cuenta de que me beneficia enormemente. Antes de la aplicación de la ley me daba más o menos lo mismo que la gente fumara a mi alrdedor. Ahora no lo soporto. Cuando me preguntaban si me molestaba yo les dejaba fumar sin ningún problema. Ahora no me lo preguntan.

Me molesta enormemente que se hable de libertad porque se banaliza la palabra. No creo que ser libre se defina por fumar o dejar de fumar en público. Ser libre quiere decir muchas cosas y ninguna tiene que ver con fumar o dejar de fumar en público. O con salir o no a la calle en pelotas. O mear en las farolas. Para el caso, todo esto es lo mismo.

Está claro que no se sabe muy bien qué es la libertad. Tampoco se sabe muy bien qué es la igualdad. Algunos leen la Constitución como si fuera una novela o un tratado de matemáticas. Podemos decir que hay tres clases de igualdad y sólo una nos sirve en este caso.

Está la igualdad matemática. 1 es igual a 1. 12 más 3 es igual a 10 más 5.

Está la igualdad literal. Todos somos iguales.

Está la igualdad jurídica. No todos somos iguales. Unos tenemos más dinero, otros tenemos menos. Unos tenemos salud, otros no. Unos somos más listos, otros menos. La ley trata de corregir estas situaciones de inicio para que todos seamos más o menos iguales. El ejemplo más claro es el derecho laboral, donde el trabajador está mejor tratado que el empresario. Uno tiene la propiedad de los medios de producción y el capital y el otro tiene sólo la fuerza de su trabajo. Está claro que hay uno que tiene más poder que el otro. Por eso tiene que intervenir la legalidad, para matizar esta desigualdad de base. Si el empresario y el trabajador fuera matenáticamente iguales, literalmente iguales, el trabajador sufriría una enorme injusticia.

Esto no me lo he inventado yo, forma parte consustancial del derecho, la conquista fundamental de la humanidad. El que lo quiera discutir, que lo haga, a mi me da igual. Tendrá que ser consciente quien se atreva a hacerlo que desciende a la época del Código de Hammurabi.

Con esta explicación, más o menos torpe, quiero decir que un fumador y un no fumador no son iguales. El no fumador no hace nada que perjudique al fumador. Sólo comparte un mismo espacio. El fumador, en cambio, sí hace algo que perjudica al no fumador. Le obliga a respirar el humo de su cigarrillo. Por lo tanto, no son iguales, uno tiene más derecho que el otro a ser asistido por la ley.

Puede que la ley sea una mierda. En principio, todas las prohibiciones constatan un fracaso social. Si hubiera respeto por los no fumadores, no hubiera hecho falta esta ley. Seguro que es mejorable, no lo dudo. Sin embargo, hasta donde yo sé, esta ley no obliga a nadie a dejar de fumar.

El otro día lei que un fumador se quejaba amargamente de que ya no podía disfrutar de su cafelito y su periódico por las mañanas porque ya no le dejaban fumar en el bar. A mí me encanta también ese ritual y son incontables las veces que he tenido que respirar el humo del tío o tía que está sentado a mi lado en la barra. Inconscientemente, he ido eligiendo lugares en los que no se podía fumar. Así que el lloriqueo de los propietarios de cafeterías y bares me parece ridículo. El propietario de un local de conciertos de Madrid me lo decía hace unas semanas. “No va a pasar nada, nos acostumbraremos en unos meses”.

¿Quién se acuerda de la época en la que se podía fumar en los aviones? ¿Y en los hospitales? No hace tanto tiempo y nos parece la prehistoria. ¿Por qué? Porque todos vivimos mejor en un ambiente sin humo, fumadores inlcuidos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Totalmente de acuerdo, pero el alcalde iletrado... ¿no era el de Valladolid?
Vencido ha dicho que…
ejem..sí, tienes razón. Lo que pasa es que se apellida León de la Riva, jejej.
Vencido ha dicho que…
Por cierto, gracias por advertir mi error.
Vicisitud y Sordidez ha dicho que…
Puestos a insultar a alcaldes, equivocarse tampoco está mal. Seguro que el de León tiene sus cosas...

Un post espectacular que, en palabras de la portada de 'La Celestina' "Además de su dulce y agradable estilo contiene numerosas sentencias filosofales de gran utilidad para jóvenes mancebos y alcahuetes".

Sí, para alcahuetes también.