La metamorfosis

Al salir de ver la excelente "El discurso del rey", una amiga comentó que los ingleses saben vender lo suyo como nadie. Cualquier mini escena cultural, cualquier tendencia política, estoy pensando en la famosa "tercera vía" de Blair, les sirve para crear una gran historia.

El dubstep es un buen ejemplo. En sus inicios era un puñado de chavales del barrio de Croydon en Londres. No eran muchos más cuando saltaron al primer plano de las tendencias más modernas. Uno de los primeros himnos lo firmó Skream en 2005. Se llamaba "Midnight request line".



No es tecno, porque su patrón rítmico no es 4/4, como el del tecno tradicional. Hay un gran despliegue de graves. Los ambientes que describe son abstractos, fríos, oscuros, urbanos... En 2005/2006 la prensa más inquieta se hizo eco de este movimiento, una raquítica escena compuesta por 50 personas a lo sumo. El hombre clave fue Kode9, que era el centro de todo en aquellos momentos. Él fue quien le dio a la alternativa a la primera estrella del dubstep. Un esquivo personaje que se hace llamar Burial.



La primera noticia que tuve del dubstep fue cuando leí un reportaje en Gomag. Eso ocurrió a fines de 2006, si la memoria no me falla. Me convertí casi inmediatamente en un seguidor fanatizado. Me dio la sensación, desde mi ignorancia, de que era un lenguaje nuevo. Veía algo del tecno de Detroit y del minimal, que daba sus últimas boqueadas por entonces. La parquedad de elementos era lo que más me seducía, algo también presente en el minimal y en el tecno de Detroit. Sin embargo, el dubstep apuesta de manera más decidida por los bajos y yo siempre he pensado que la línea de graves era el alma de la canción. En resumen, el dubstep me llegaba más, hasta llegaba a conmoverme.

El dubstep era en 2006 un género minoritario, que no aspiraba a ser comercial en ningún caso. De nuevo, la personalidad de Burial es el ejemplo perfecto. En un principio, de Burial no se sabía ni su nombre ni se había visto ninguna imagen suya. Cuando su segundo disco, "Untrue", fue nominado al Mercury Prize en 2008, hubo de desvelar su identidad, se llama William Bevan, e incluso metió una foto suya en su perfil de Myspace. A continuación pidió que le dejaran en paz, que era una persona de perfil bajo y que sólo deseaba seguir creando canciones.

A pesar de tener todos los pronunciamientos en contra, el dubstep en 2010 se ha revelado como un género comercial de verdad. Una de las canciones del verano en UK ha sido esta.



"Katy on a mission", de Katy B, la voz del dubstep. Asimismo, uno de los discos que con más impaciencia se esperan en 2011 es otro de dubstep. El debut de James Blake (no confundir con el tenista del mismo nombre).



El mejor ejemplo de que el dubstep es un género multivendedor (a la manera del siglo XXI, claro) es el debut del primer súper grupo del dubstep, de los Crosby, Stills, Nash & Young del dubstep. Es Magentic Man, el trío formado por Skream (otra vez), Artwork y Benga. Su disco de debut ha sido uno de los momentos de 2010, sin ninguna duda. En él queda algo del dubstep primitivo, la apuesta por los graves, el desdén hacia el 4/4. Es decir, el edificio mantiene las mismas paredes maestras, aunque en el exterior se ven cambios. La producción se ha vuelto más exuberante y ahora está dirigida al club de baile. Para ello, apela al jungle y al drum 'n bass noventero, en un fascinante viaje de ida y vuelta, dado que el dubstep es una segregación de ese sonido.



Debo confesar que al principio no me satisfizo esta mutación. Pensé que para volver a 1996 no hacían falta tantas alforjas. La experiencia de ver un concierto de Magnetic Man en el último FIB me reafirmó en mi idea inicial. Aquello fue un choque con la realidad muy brusco porque no me esperaba un cambio tan radical. Unos meses después he comprendido que el espíritu del dubstep seguía incólume.

El debut en formato de larga duración de Magnetic Man ha sido lo que me ha terminado de convencer. En directo, no pude comprenderlo. Carecía de las armas para desentrañar las claves de la operación más fascinante de los últimos años. El pasado sábado me lo escuché de una sentada y quedé definitivamente prendado. Ya no puedo resistirme a "I need air" o a "Fire", dos singles rompepistas de libro. Tampoco al juguetón instrumental que lleva por título "Ping pong", ni a la grandiosidad épica de "Anthemic" o a la extraña acidez de "Crossover". Aún menos a mi canción favorita, la que ahora mismo escucho. La más cercana al tecno. La que está en el puesto 12 en el orden de reproducción del disco, "Box of ghosts".

El dubstep ha cambiado. Se ha adaptado y ha vencido, como le pedía a sus marines el sargento Highway.

Ahora, sólo me pregunto una cosa. ¿Qué estará haciendo Burial?


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