lunes, 24 de enero de 2011

El límite

Siempre me he creido muy listo. O por lo menos, siempre he pensado que podía hacer lo que me propusiera. He sido una de las víctimas de ese engaño bientencionado que proponía que la voluntad lo derriba todos los obstáculo. A los 20 años creía que era capaz de escribir una novela o jugar de interior izquierda o tocar un instrumento. Y si no lo demostraba era sólo porque no me hacía falta. Pensaba que era guapo y alto. Los vaqueros me sentaban de miedo. Si me fijaba bien en el espejo veía que mis ojos son verdes. Mis amigos eran tan listos como yo. Íbamos a cambiar el mundo. El éxito profesional me iba a acompañar a poco que me moviera para lograrlo.

Un día me dí cuenta de que tenía entradas. Iba a ser calvo como mi padre. Eso ya no entraba en mis planes. Fue el principio.

Saltemos 20 años con sólo cambiar de párrafo.

Meses después de cumplir 40 años he podido comprobar dónde está el límite de mis capacidades. Aquella mañana de verano en la que empecé a despedirme de mi cabellera inicié un camino hacia lo desconocido. La realidad iba a matizar mi inocente convicción de que sólo debía querer para tener o lograr.

Ya sé que hay cosas que no se darán bien jamás. Me defiendo en algunos otros órdenes de la vida. Soy más o menos excepcional en un 1% ó un 2% de mis actividades.

Stan Lee dejó escrito aquello de que todo gran poder conlleva una enorme responsabilidad. Yo digo que ser consciente de tu límite conlleva un enorme alivio. Llegas a donde llegas y nada más. Te dejas ir, te tomas ti mismo un poco en broma y a vivir la vida.

Conocer mi límite me está dejando muyyyy tranquilo. El tormento para los genios o para los que se creen genios.

A mí que me dejen en paz.

sábado, 22 de enero de 2011

Tiempos de rock and roll

El pasado jueves, antes del Clásico, estuve en un acto en la FNAC Callao. Ruta 66 celebraba sus 25 años de azarosa existencia con una especie de charla que impartieron Manuel Beteta y los dos directores de la revista, Jorge Ortega y mi amigo Alfred Crespo.



Lo más importante es que fue una reunión divertida. No hizo falta poner vídeos, ni hacer juegos de luces, ni proyectar diapositivas. 3 tíos hablando durante una hora, con unos cuantos del público inquiriéndoles, y nada más. Literalmente, nada más. De manera indirecta, puede decirse que fue un monumento al valor de la palabra desnuda.

Me quedo con varias perlas. Jorge dijo una cosa muy bonita, sin saber que estaba dicéndola. Afirmó que estaban tratando de rejuvenecer la revista mientras se hacían mayores. Todo un antídoto para superar el paso del tiempo. Manuel nos puso los dientes largos con un artículo, todavía por publicar, sobre una de las etapas más oscuras de Chuck Berry. Una nueva demostración de que el Ruta rellena los agujeros en los que nadie se fija. Nos reveló alguna intimidad sabrosa, como el tiempo que tardó en redactar un informe sobre los Flamin' Groovies. Año y medio se tiró el bueno de Manuel documéntadose y escribiendo. 18 meses para 16 páginas. Sé de muchas novelas y de muchas películas que no han tardado tanto en "pasar de las musas al teatro".



Alfred hubo de defenderse de los reproches de parte del público. Un rutero talibanístico discutió la decisión de incluir a Arcade Fire en la revista. Entre grandes carcajadas de los que por allí andábamos, Alfred argumentó que el grupo de Win y Regine merece estar en la revista, aunque a él, personalmente, no le gustan demasiado. Sin embargo, al redactor que propuso el tema le apasionan y eso es lo que obró el milagro de que una banda de pop épico ocupe un lugar destacado en una revista cuyo subtítulo es "días de rock and roll".



Para mí, la anécdota más graciosa de las que contaron fue una de Alfred. Un número metieron dos páginas de Bunbury. Las reacciones no se hicieron esperar. Un lector escribió a la revista y en su carta incluyó, arrancadas, las dos páginas del artículo sobre Bunbury. Decía que, a partir de entonces, iba a devolver todo lo que no le gustara de cada entrega del Ruta. Al mes siguiente, metieron una mención del popular artista maño y este lector les devolvió la revista entera junto a una declaración solemne de que no iba a comprársela de nuevo. Un mes después, aún volvió a escribir para argumentar el por qué de su drástica decisión.

Otra muy buena fue cuando le propusieron al ministerio de cultura que comprara un número determinado de revistas cada mes para que estuvieran en las bibliotecas públicas. La respuesta fue que el Ruta tenía nulo interés cultura. La reacción inmediata fue sacar un número especial sobre la cocaína y el rock, pa joder.



Han sobrevivido, con sus errores y contradicciones, 25 años. Han sobrevivido, provocando al personal y molestando a los bienpensantes, 25 años.

¡LARGA VIDA AL RUTA 66!

miércoles, 19 de enero de 2011

La metamorfosis

Al salir de ver la excelente "El discurso del rey", una amiga comentó que los ingleses saben vender lo suyo como nadie. Cualquier mini escena cultural, cualquier tendencia política, estoy pensando en la famosa "tercera vía" de Blair, les sirve para crear una gran historia.

El dubstep es un buen ejemplo. En sus inicios era un puñado de chavales del barrio de Croydon en Londres. No eran muchos más cuando saltaron al primer plano de las tendencias más modernas. Uno de los primeros himnos lo firmó Skream en 2005. Se llamaba "Midnight request line".



No es tecno, porque su patrón rítmico no es 4/4, como el del tecno tradicional. Hay un gran despliegue de graves. Los ambientes que describe son abstractos, fríos, oscuros, urbanos... En 2005/2006 la prensa más inquieta se hizo eco de este movimiento, una raquítica escena compuesta por 50 personas a lo sumo. El hombre clave fue Kode9, que era el centro de todo en aquellos momentos. Él fue quien le dio a la alternativa a la primera estrella del dubstep. Un esquivo personaje que se hace llamar Burial.



La primera noticia que tuve del dubstep fue cuando leí un reportaje en Gomag. Eso ocurrió a fines de 2006, si la memoria no me falla. Me convertí casi inmediatamente en un seguidor fanatizado. Me dio la sensación, desde mi ignorancia, de que era un lenguaje nuevo. Veía algo del tecno de Detroit y del minimal, que daba sus últimas boqueadas por entonces. La parquedad de elementos era lo que más me seducía, algo también presente en el minimal y en el tecno de Detroit. Sin embargo, el dubstep apuesta de manera más decidida por los bajos y yo siempre he pensado que la línea de graves era el alma de la canción. En resumen, el dubstep me llegaba más, hasta llegaba a conmoverme.

El dubstep era en 2006 un género minoritario, que no aspiraba a ser comercial en ningún caso. De nuevo, la personalidad de Burial es el ejemplo perfecto. En un principio, de Burial no se sabía ni su nombre ni se había visto ninguna imagen suya. Cuando su segundo disco, "Untrue", fue nominado al Mercury Prize en 2008, hubo de desvelar su identidad, se llama William Bevan, e incluso metió una foto suya en su perfil de Myspace. A continuación pidió que le dejaran en paz, que era una persona de perfil bajo y que sólo deseaba seguir creando canciones.

A pesar de tener todos los pronunciamientos en contra, el dubstep en 2010 se ha revelado como un género comercial de verdad. Una de las canciones del verano en UK ha sido esta.



"Katy on a mission", de Katy B, la voz del dubstep. Asimismo, uno de los discos que con más impaciencia se esperan en 2011 es otro de dubstep. El debut de James Blake (no confundir con el tenista del mismo nombre).



El mejor ejemplo de que el dubstep es un género multivendedor (a la manera del siglo XXI, claro) es el debut del primer súper grupo del dubstep, de los Crosby, Stills, Nash & Young del dubstep. Es Magentic Man, el trío formado por Skream (otra vez), Artwork y Benga. Su disco de debut ha sido uno de los momentos de 2010, sin ninguna duda. En él queda algo del dubstep primitivo, la apuesta por los graves, el desdén hacia el 4/4. Es decir, el edificio mantiene las mismas paredes maestras, aunque en el exterior se ven cambios. La producción se ha vuelto más exuberante y ahora está dirigida al club de baile. Para ello, apela al jungle y al drum 'n bass noventero, en un fascinante viaje de ida y vuelta, dado que el dubstep es una segregación de ese sonido.



Debo confesar que al principio no me satisfizo esta mutación. Pensé que para volver a 1996 no hacían falta tantas alforjas. La experiencia de ver un concierto de Magnetic Man en el último FIB me reafirmó en mi idea inicial. Aquello fue un choque con la realidad muy brusco porque no me esperaba un cambio tan radical. Unos meses después he comprendido que el espíritu del dubstep seguía incólume.

El debut en formato de larga duración de Magnetic Man ha sido lo que me ha terminado de convencer. En directo, no pude comprenderlo. Carecía de las armas para desentrañar las claves de la operación más fascinante de los últimos años. El pasado sábado me lo escuché de una sentada y quedé definitivamente prendado. Ya no puedo resistirme a "I need air" o a "Fire", dos singles rompepistas de libro. Tampoco al juguetón instrumental que lleva por título "Ping pong", ni a la grandiosidad épica de "Anthemic" o a la extraña acidez de "Crossover". Aún menos a mi canción favorita, la que ahora mismo escucho. La más cercana al tecno. La que está en el puesto 12 en el orden de reproducción del disco, "Box of ghosts".

El dubstep ha cambiado. Se ha adaptado y ha vencido, como le pedía a sus marines el sargento Highway.

Ahora, sólo me pregunto una cosa. ¿Qué estará haciendo Burial?


domingo, 16 de enero de 2011

Hablemos un poco de política

Con toda seguridad, mañana por la noche publicaré mi reflexión sobre el dubstep. Antes dejo aquí esta nueva entrada con el objeto de no perder el buen ritmo con el que he empezado este 2011. Hablemos un poco de política, una de mis pasiones, como ya he consignado por aquí en multitud de oportunidades. Sé que a muchos no les va a gustar lo que van a leer. Si no quieren llevarse un disgusto, les aconsejo que paren aquí. Soy un rojo peligroso y me encuentro siempre a la izquierda de todas las personas con las que trato habitualmente. Avisados estáis.

En los años 30 del siglo pasado se decía “las izquierdas” y “las derechas”. Esto era así porque había muchos partidos de ambos signos. Las elecciones en la República eran una auténtica sopa de letras. La sociedad estaba fragmentada. No era lo mismo el republicanismo burgués de Azaña que el republicanismo izquierdista del PSOE. No era lo mismo la CEDA de Gil Robles que el partido de Lerroux. Y, sin embargo, merced al complicado sistema electoral de la época estos partidos debían ir juntos a las elecciones para lograr resultados susceptibles de tocar poder.

Hoy, con la ley D'Hont, decimos la “izquierda” y la “derecha”, de lo que se deduce que la situación ha cambiado. En la transición, la situación era muy parecida a la de II República española. Había muchos partidos, lo que se corrigió gracias a la ley D'Hont, un sistema proporcional con las ventajas del mayoritario. Se resume muy fácilmente, para conseguir el primer diputado, se necesitan n votos, para ir consiguiendo los demás, muchos menos. De esa manera, la lista más votada obtiene más diputados de los que en un sistema proporcional puro le correspondería. La ley D'Hont sirvió para que hubiera mayorías claras, para que las izquierdas se convirtieran en izquierda y las derechas en derecha.

Los voceros de este sistema explican que, gracias a él, las tensiones que se vivieron en la II República se ahuyentaron en la transición. No estoy tan seguro. La sociedad española era más madura en 1977 que en 1931. La situación internacional no tenía nada que ver, ya no había en todos los países ese antagonismo entre totalitarimos y democracias. La Iglesia no era tan carpetovetónica como entonces (Tarancón), ni siquiera el ejército lo era (la UMD). La ley D'Hont, por sí sola, no contribuyó decisivamente a que en lugar de movida madrileña o rock radical vasco hubiera habido una nueva guerra civil en los años 80.

Además, hay otro detalle del que esos mismos voceros se olvidan. Un pequeño detalle que nunca toman en consideración. Nada, es un fruslería, se llama democracia. Bueno, perdón, se llama DEMOCRACIA. Así, con mayúsculas. ¿Qué pasó con lo de un hombre, un voto? Si voto a una lista muy votada, mi sufragio vale más que si voto a, pongamos por ejemplo, a la tercera más votada. (Sí, estoy pensando en IU).

Mi interpretación es que los voceros de la ley D'Hont tiene miedo de la democracia. Tienen miedo del pueblo.

¿Significa esto que yo propugno una vuelta al sistema electoral de la II República? Yo pediría el regreso de muchas cosas de aquel regimen, aunque, lo cierto y verdad es que, con el tiempo, gran parte del programa político de un Azaña, por ejemplo, se ha ido llevando a cabo, incluso por el Franquismo. Ahí está el Fuero de los Trabajadores para atestiguarlo.

No pediría la vuelta de aquel sistema electoral. Se parece mucho al que se usa para el Senado, que tiene muchas cosas buenas. Yo trabajaría en hacerlo más proporcional y, por lo tanto, más democrático. El de la II República era muy rígido y a, nuestros ojos, un tanto chapucero. Desde luego, lo que no rescataría de aquel sistema es la posibilidad de una segunda vuelta.

Quisiera terminar este texto haciéndome unas preguntas. ¿Hay una sola izquierda en España en este momento? ¿Hay una sola derecha en España en este momento? ¿Qué pasa cuando la supuesta izquierda en el poder hace cosas de derechas? Hoy, parece que sólo votar a la derecha o al otro partido de izquierda con el que, gane quien gane, nadie querrá pactar porque no tendrá suficiente presencia en el Parlamento. ¿Votar en blanco es una opción sabiendo que favorece a la lista más votada? ¿Es bueno el bipartidismo imperfecto que existe hoy de facto en España? ¿Es democrático?

martes, 11 de enero de 2011

Gilipollas

En un par de días, más o menos, publicaré una entrada acerca del dubstep actual. Antes quiero reivindicar una palabra hermosa, que uso mucho menos de lo que debería. Ese estupendo vocablo es...

GILIPOLLAS

Últimamente, estoy diciéndolo y escribiéndolo mucho más. Porque gilipollas hay muchos y merecen ser clasificados. Es cierto que a un gilipollas se le puede llamar de muchas maneras. Se le puede llamar idiota, tonto, persona limitada, incluso se le puede llamar hijo de puta. Sin embargo, mejor que llamar gilipollas a un gilipollas no es, la verdad sea dicha.

Vivimos unos tiempos gilipollas, plagados de gilipollas y de gilipolleces. Para no verse contaminados de esos litros de gilipollez que caen sobre nuestras cabezas todos los días hay que mantenerse firmes y decir la palabra mágica el mayor número de ocasiones posible. A la mínima oportunidad.

Cuando escuches una gilipollez, proclama solemnemente: GILIPOLLAS.

Cuando veas a alguien hacer una gilipollez, proclama solemnemente: GILIPOLLAS.

Cuando te ecuentres a un gilipollas, proclama solemnemente: GILIPOLLAS.

No es tan difícil. Sólo hay que proponérselo.

domingo, 9 de enero de 2011

Prohibido fumar

Me voy a permitir hacer una consideración previa. Igual que en el caso de la mal llamada Ley Sinde, es lamentable que los españoles, y yo mismo, prestemos atención a una gilipollez de este calibre. Hay muchos otros pescados más importantes que cocinar y aquí seguimos a vueltas con un debate de bajísimo nivel. La (enésima) gilipollez del alcalde de León Valladolid define con precisión la altura intelectual del asunto. Para citar a Brecht, primero hay que leerlo. Tampoco está mal estudiar otras cosas para entenderlo bien. Estamos ante un eunuco intelectual que se cree ingenioso. Quizá habría que explicarle aquello de la falacia de la pendiente resbaladiza.

Yo no estoy ni a favor ni en contra de la prohibición de fumar en lugares públicos. Es cierto que, dada mi condición de eterno no fumador, agradezco un ambiente limpio. Desde que en enero de 2006 no se puede fumar en el entorno laboral me he dado cuenta de que me beneficia enormemente. Antes de la aplicación de la ley me daba más o menos lo mismo que la gente fumara a mi alrdedor. Ahora no lo soporto. Cuando me preguntaban si me molestaba yo les dejaba fumar sin ningún problema. Ahora no me lo preguntan.

Me molesta enormemente que se hable de libertad porque se banaliza la palabra. No creo que ser libre se defina por fumar o dejar de fumar en público. Ser libre quiere decir muchas cosas y ninguna tiene que ver con fumar o dejar de fumar en público. O con salir o no a la calle en pelotas. O mear en las farolas. Para el caso, todo esto es lo mismo.

Está claro que no se sabe muy bien qué es la libertad. Tampoco se sabe muy bien qué es la igualdad. Algunos leen la Constitución como si fuera una novela o un tratado de matemáticas. Podemos decir que hay tres clases de igualdad y sólo una nos sirve en este caso.

Está la igualdad matemática. 1 es igual a 1. 12 más 3 es igual a 10 más 5.

Está la igualdad literal. Todos somos iguales.

Está la igualdad jurídica. No todos somos iguales. Unos tenemos más dinero, otros tenemos menos. Unos tenemos salud, otros no. Unos somos más listos, otros menos. La ley trata de corregir estas situaciones de inicio para que todos seamos más o menos iguales. El ejemplo más claro es el derecho laboral, donde el trabajador está mejor tratado que el empresario. Uno tiene la propiedad de los medios de producción y el capital y el otro tiene sólo la fuerza de su trabajo. Está claro que hay uno que tiene más poder que el otro. Por eso tiene que intervenir la legalidad, para matizar esta desigualdad de base. Si el empresario y el trabajador fuera matenáticamente iguales, literalmente iguales, el trabajador sufriría una enorme injusticia.

Esto no me lo he inventado yo, forma parte consustancial del derecho, la conquista fundamental de la humanidad. El que lo quiera discutir, que lo haga, a mi me da igual. Tendrá que ser consciente quien se atreva a hacerlo que desciende a la época del Código de Hammurabi.

Con esta explicación, más o menos torpe, quiero decir que un fumador y un no fumador no son iguales. El no fumador no hace nada que perjudique al fumador. Sólo comparte un mismo espacio. El fumador, en cambio, sí hace algo que perjudica al no fumador. Le obliga a respirar el humo de su cigarrillo. Por lo tanto, no son iguales, uno tiene más derecho que el otro a ser asistido por la ley.

Puede que la ley sea una mierda. En principio, todas las prohibiciones constatan un fracaso social. Si hubiera respeto por los no fumadores, no hubiera hecho falta esta ley. Seguro que es mejorable, no lo dudo. Sin embargo, hasta donde yo sé, esta ley no obliga a nadie a dejar de fumar.

El otro día lei que un fumador se quejaba amargamente de que ya no podía disfrutar de su cafelito y su periódico por las mañanas porque ya no le dejaban fumar en el bar. A mí me encanta también ese ritual y son incontables las veces que he tenido que respirar el humo del tío o tía que está sentado a mi lado en la barra. Inconscientemente, he ido eligiendo lugares en los que no se podía fumar. Así que el lloriqueo de los propietarios de cafeterías y bares me parece ridículo. El propietario de un local de conciertos de Madrid me lo decía hace unas semanas. “No va a pasar nada, nos acostumbraremos en unos meses”.

¿Quién se acuerda de la época en la que se podía fumar en los aviones? ¿Y en los hospitales? No hace tanto tiempo y nos parece la prehistoria. ¿Por qué? Porque todos vivimos mejor en un ambiente sin humo, fumadores inlcuidos.

sábado, 8 de enero de 2011

Insisto

Esta es la tercera entrada en lo que va de año que trata de, casi, casi, lo mismo. Aquí y aquí, ya escribí sobre crear algo único como el medio para hacer algo valioso en la música y, por extensión, en el arte. No pensaba seguir clavando el mismo clavo por un cierto sentido del decoro. Tenía en mi cabeza otro tema del que tratar. He decidido aplazarlo.

Ayer por la tarde, por cuestiones de trabajo, tuve una agradable charla con uno de los artistas míticos del rap español y en español. No voy a desvelar aquí su nombre. Basta decir que le paran por la calle y que él formó parte del grupo fundacional de hip hop en nuestro país para después lanzarse en solitario. Como dato adicional, decir que, casi un bebé, asistió al mítico combate de Ali vs. Foreman en Kinshasa.




En la conversación, segunda parte de otra que tuve con él hace unos meses, salió el tema del estancamiento del rap español. Me trazó tres líneas generales, una es la de los consagrados, que siguen haciendo cosas intersantes, aunque sin el empuje de hace unos años. Él, por edad, está cerca de ellos, los quiere y los respeta. Otra es la de los que quieren reproducir el gangsta actual en España. Los que se autotitulan "de la calle". También respetables para mi ilustre interlocutor, aunque yo debo añadir que hay un poco de simulación y de falta de legitimidad en ellos. Hay otro tercer grupo, el de los "líricos", los que gustan a los que no necesariamente gusta el rap. Rimas bonitas, con aspiraciones poéticas y pianitos. A estos, él también los entiende.

No se siente incluido en ninguno de estos grupos. Quiere hacer lo que le da la gana. Y, de hecho, lo lleva haciendo un tiempo. La consecuencia es que ya no vende como antes y que él oficia de telonero de otros que antes le teloneaban a él. ¿Está enfadado? No, se lo toma con humor. Me dijo, claramente, que darle la vuelta a todo, olvidarse del tópico competitivo del rap, es lo que quiere hacer. Le da lo mismo que le digan sus fans que escuchan más sus discos antiguos que los nuevos, plagados de "cosas raras".

Yo le creo porque ayer, mientras se tomaba un zumo de frutas, me dijo con una sonrisa en su cara lo siguiente.

"No hay nada que más me ponga que seguir mi propio camino".

Joder, esto es punk, es John Lydon, es PIL...



"Never surrender..."

jueves, 6 de enero de 2011

...Pero no soporto un disco entero suyo

Parece ser que ABBA se van a juntar para un sólo concierto. Una ocasión especial y única en la que se podrá demostrar la valía de este grupo. No, no es una broma, he escrito "la valía de este grupo". No hay ironía ni cachondeo, lo creo de verdad. Nada de "son tan malos que molan".

Desde hace algún tiempo, puede que década y media más o menos, se ha instalado en la intelligentsia de la crítica pop la costumbre de ser políticamente incorrecto. Tanto se ha profundizado en ese camino que ahora ser políticamente incrrecto es lo más políticamente correcto que existe. Estoy cansado de escuchar a mi alrededor que "Britney mola", "Beyonce mola", "Lady Gaga mola". Que tal o cual single de cualquiera de estas pájaras, o gente más hortera como Shakira, es un "temazo".

Me imagino que en los 60, la opinión generalizada es que lo que estaba bien era rock y lo que estaba mal era una horterada. Para entendernos, el primer Elvis, el de antes de irse a la mili, era cojonudo. En cambio, el Elvis gordo de Las Vegas, era la metáfora pluscuamperfecta de la decadencia. En los 70 y 80, la horterada ya se asociaba de manera directa con lo comercial y con lo destinado a las pistas de baile. Esa percepción varía de manera radical en los últimos veinte años. Ahora lo hortera es lo que está en medio, lo que no es undeground y lo que no es comercial. Y, encima, lo manufacturado para las pistas de baile es, de pronto, cool. De un cool subido que te cagas.

Hay algo de simulación en este estado de la cosas. Cuando uno asevera que "Telephone" es "lo más" y luego añade, como de tapadillo, "...pero no soporto un disco entero de Lady Gaga", está siendo  políticamente correcto de manera exagerada. Por un lado cumple la primera premisa de que el último grito es decir que "Britney mola". Por el otro, con la cantinela del disco entero, está diciendo que no hay que tomarse demasiado en serio esa afirmación. La broma dura 4 minutos, no los 40 y pico (o más) de un CD completo. Se puede ser, a un tiempo, políticamente correcto e incorrecto. Es perfecto. Para cerrar el círculo se debe alabar a un artista poco conocido  y que sea amado por la prensa, tipo Flying Lotus, por ejemplo.



Para que conste, yo sí soporto un disco de ABBA de principio a fin. Ni soy moderno ni soy cool ni soy políticamente correcto ni soy políticamete incorrecto. Soy fan de ABBA, entre otras muchas cosas, algunas contradictorias.

 Anna-Frid, Bjorn, Benny & Agneta.


miércoles, 5 de enero de 2011

La mirada única

ADVERTENCIA: Esto es una continuación imperfecta de la entrada anterior. De alguna manera, trata sobre lo mismo.

No hace mucho me enteré que determinado cantautor rock español echa pestes de Los Planetas. Este cantautor rock español pierde el culo por grabar en Nashville y cree que los discos de country rock de los 70 son la Biblia. Tiene cierto talento, no lo voy a negar. Es posible que merezca mejor suerte. Hasta se puede entender que esté resentido.

También tiene algunos pecadillos que purgar. Se fue de una multi con el cuento de la independencia y luego volvió al redil para, al final, volver a contar el mismo cuento. Tampoco ha hecho un disco perfecto, consensuado por todo el mundo, aunque tampoco es que debamos exigir a eso a todos.

Los Planetas tienen muchos defectos. Es fácil hacer bromas sobre la manera de cantar de J. Han sido adalides del indie de los 90 grabando para RCA. Sus directos son una lotería, no sabes si te va a tocar el concierto bueno o el de siempre.

Al cantautor rock español le falta, sobre todo, lo que le sobra a Los Planetas.
UNA MIRADA ÚNICA.

Tan fácil como eso. Y como Los Planetas son únicos se pueden permitir casi cualquier cosa. Más o menos de eso va el R&R. Mas o menos de eso va el arte.


martes, 4 de enero de 2011

Wilco (el post)

Sólo quise poner un tema bonito, sin más. Inauguré esta humilde bitácora en 2011 con una canción de Wilco, concretamente un youtubazo de "Ashes of american flags" en directo. Esa, probablemente, es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. En el invierno-primavera de 2006 la escuché de manera compulsiva, a pesar de que la conocía desde 2002, fecha de su publicación.




Esta tarde he escuchado el último disco de Wilco, "Wilco (the album)" (2009). Cuando salió me dejo frío. Fueron pasando los meses y me fui quedando más bien gélido. En este disco toda la ambición artística de Jeff Tweedy se reduce a, quizá, "Bull black nova", al guiño de "Wilco (the song)" y a la profunda y simple belleza de "You and I" o "Everlasting everything".




No cabe duda de que es un trabajo menor. A años luz de "Being there", "Yankee Hotel Foxtrot", "Summerteeth" o "A ghost is born". A años luz, a siglos luz. No es que no tenga sus virtudes, lo que le pasa es que no hay garra, no hay pulsión, no hay sangre, no hay acción, no hay drama. Sólo son notas bellamente combinadas, muy bellamente combinadas, sin un significado ulterior. Es irrelevante. Es intercambiable.

He disfrutado de su escucha. La experiencia ha sido agradable, aunque casi todo el rato lo he tenido en un plano alejado. Cuando he cogido el CD y lo he vuelto a poner en su caja me ha venido a la cabeza un tópico: "Hay que estar jodido para hacer arte verdadero". El caso de Wilco, más bien de su líder Jeff Tweedy, explica perfectamente ese axioma. "Being there" (1996) es el disco de una banda que quiere crecer y reivindicarse. "Summerteeth" (1999) es un salto al vacío, en medio de una crisis personal profunda de Tweedy. "Yankee Hotel Foxtrot" (2001-2) es un grito en medio del desierto, es un trabajo superlativo, que no se parece a nada, grabado en un ambiente viciado, debido a los problemas con Jay Bennett, como se documenta perfectamente en el imprescindible  "I am trying to break your heart". "A ghost is born" (2004) es la revancha de un grupo que se quedó sin contrato discográfico porque no quiso ceder a las recomendaciones de su compañía. Sin embargo, Wilco en 2009 es una banda que pone el cartel de "No hay billetes" en todos sus bolos, que vende razonablemente bien, que es amada por la prensa y que cuenta con una conspicua legión de fans. Y "Wilco (the album)" es un disco... ¿habíamos dicho que irrelevante?

El esquema se cumple con una precisión matemática, ¿no?

Puede que sólo sea casualidad. (Casi todo en este mundo es una puta casualidad). Quizá cuando uno está desesperado necesita escarbar más en su propio talento para encontrar algo de alivio. Eso lo explicaría todo sin necesidad de alimentar más el malditismo del artista. Se puede ser feliz y escarbar hasta el fondo de la botella únicamente por el placer intrínseco de hacer brillar tu propio talento. Por una cuestión de ego, dicho sin ningún ánimo peyorativo.

sábado, 1 de enero de 2011

2011, el año del regreso

Permitidme que, a pesar del título de esta entrada, hable más del año que hemos dejado que del que estamos recibiendo. La estoy escribiendo la mañana del 31 pero, por los prodigios de la ciencia bloguera se ha publicado la mañana del 1. Estas primeras líneas no deben llamarnos a engaño, tampoco voy a hacer un balance de 2010 ni nada parecido. Como mucho, una mirada a vista de pájaro, en plano general.

2010 ha sido el primer año del siglo XXI en el que no me he tomado ni un café. Mis trastornos de ansiedad han tenido la culpa, unos trastornos de ansiedad que cada vez controlo más, aunque en muchos momentos sigue sin ser suficiente. Ha habido momentos malos superados con mayor o menor fortuna y una semana horrible en agosto que casi me hizo perder la fe. En 2011 las cosas van a ser distintas, seguro que me beberé algún cafelito, lo que significará que, por fin, mis trastornos de ansiedad serán sólo un mal recuerdo.

2010 ha sido un año en el que he dormido más que en 2009 y en 2008 y eso ha dado como resultado que me encuentro mucho mejor. 2011 debe reforzar esta tendencia.

2010 ha sido un año en el que he recorrido más de 400 kilómetros en bicicleta. Es sólo el principio. El objetivo para 2011 es pasar de 1500.

2010 ha sido un año en el que he escrito y leído poco. Mucho menos que en 2008, 2007, 2006,... como bien prueba el archivo de esta humilde bitácora. Esta tendencia debe cambiar para 2011, ya no me valen excusas como el exceso de trabajo y la falta de horas de sueño. Otro objetivo es escribir otras cosas aparte de esta humilde bitácora. Ideas y proyectos hay, como mínimo desde 2006, así que me imagino que sólo debo poner algo de voluntad.

2010 ha sido un año en el que he ido a pocos conciertos. Muchos para el común de los ciudadanos, pocos para mí. Al margen de los festivales a los que vaya, debo asistir, como mínimo, a dos conciertos en Madrid por mes. No parece una aspiración demasiado difícil, habida cuenta de que en los dos últimos meses la he logrado.

Y, por fin, 2010 ha sido un año en el he cumplido 40 años por primera y última vez en mi vida.

Recibamos 2011 con una canción bonita. (Ojito al solo de don Nels Cline, casi nada al aparato).