Cinismo

Cinismo.
El de la sociedad civil ante el escándalo de la Operación Galgo. Vivimos en un mundo en el que se enaltece al vencedor, por encima de todo y de todos. Ya lo decían, hace unos años, unos suecos con mucho talento para eso del pop.




"Me gusta ganar, es mejor que perder". Eso comentaba Ebby Calvin "Nuke" Laloosh, el personaje que hacía Tim Robbins en "Los búfalos de Durham". Nada que objetar. Me molesta otra cosa. A riesgo de deslizarme por la senda de la filosofía de garrafón, tengo que afirmar que la mejor victoria no es contra los demás, sino contra uno mismo. Sin embargo, para abrir los telediarios no hace falta superarse, sino derrotar, casi humillar, a otros, cuantos más mejor. Como escribió Brian Wilson para los Beach Boys, "No estaba hecho para estos tiempos", "I just wasn't made for these times".





Sólo vale uno, el primero. El segundo es el primero de los perdedores. Cuando los deportistas de élite asumen esta perniciosa mentalidad, el público aprueba. Y aprueba sin más. Por eso, cuando a uno de esos héroes se les pilla en algún renuncio, se les echa a la hoguera. Y, normalmente, ese renuncio suele ser altamente compatible con la exigencia de gesta continua que hacen prensa y aficionados. El ejemplo más claro, el doping.

La solución al problema es sencilla de entender. Hay que promover otros valores, no sólo ganar por ganar. Y sí, hay que permitir el consumo de todas las sustancias dopantes. Cada uno que haga con su cuerpo lo que quiera. En el deporte profesional norteamericano creo que la filosofía es parecida, por lo menos en cuanto a la política ante el doping.

Y como he puesto dos cumbres del pop de todos los tiempos, he de cerrar esta entrada con esta canción. "Pop life", Prince.

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