martes, 28 de diciembre de 2010

La última entrada de 2010

Este año no he escrito el tradicional mini cuento de navidad. Se me olvidó, la verdad, y cuando me acordé decidí que ya no merecía la pena. Es una muestra más de cómo esta humilde bitácora ha ido perdiendo vitalidad en los últimos 18 meses. Bien es cierto que en 2010 he escrito 78 entradas, 5 más que en 2009. Y también es cierto que sigo estando a años luz de las 132 entradas de 2007, mi tercer peor año, en cuanto a actividad de esta humilde, más que nunca, bitácora.

A pesar de estos malos datos, en el último mes y medio ha habido un cierto renacimiento, que deberá ser confirmado en los próximos tiempos.

Esta, por lo tanto, es la última entrada de 2010.


LA BATALLA DIGITAL

La mal llamada Ley Sinde ha sido objeto de una enorme controversia. Digo mal llamada Ley Sinde porque no se llama así, sino Ley de Economía Sostenible, y porque ni es una ley, es una Disposición Adicional de la LES. Esa controversia ha generado un debate entre dos bandos aparentemente irreconciliables, los que se descargan cosas de la red, los internautas, y los que producen contenidos, los creadores. Si nos fijamos bien, vemos que ninguno de estos dos adversarios presenta un aspecto monolítico. Da la sensación de que los talibanes se han apropiado de la representación de sus bandos, aunque no sean mayoría. No creo que los paletos de la Asociación de Internautas representen al usuario común. Ni que el músico limitado que lleva por nombre Alejandro Sanz pueda hablar en nombre de la mayoría de los artistas. Prefiero leer o escuchar a Vigalondo o a Escolar.

Otra cosa que está mal explicada es que la cultura tiene que ser gratuita. Soy un firme defensor de que la cultura debe ser accesible para el pueblo. Es algo muy importante para nuestra realización personal. Todo el mundo sabe que leer y escribir, escuchar y tocar música, pintar y ver cuadros, etc,... nos hace más humanos. No a todos, por supuesto, ya sé que ha habido artistas e intelectuales nazis, sin ir más lejos. Por lo tanto, la cultura tiene un valor importante. Como vivimos en una sociedad capitalista, la manera de poner en valor una cosa es dotarle de un precio. Luego la cultura NO puede ser gratuita. Los que hablan de cultura gratuita deberían darse cuenta de que estamos en un sistema distinto, nos guste o no. Y yo, desde luego, si viviera en otro sistema distinto, pediría, antes que la cultura, otras muchas cosas gratuitas, como la educación, la sanidad, la vivienda, los alimentos básicos.

La cultura en sentido amplio debe, no obstante, ser accesible porque, a diferencia de lo que cree la burguesía, no es una forma de ocio. Es una inversión para construir sociedades sanas, de ciudadanos. Por lo tanto, incluso en un sistema capitalista, el estado debe actuar en el intercambio cultural, y no sólo poniendo dinero.

La mal llamada Ley Sinde era bienintencionada. Pretendía perseguir a quienes aprovechan determinados vacíos legales. Yo he vivido en una de esas situaciones de alegalidad cuando tenía un programa de música en una radio libre, sé a lo que me refiero. La diferencia estriba en el hecho de que hay quien gana dinero aprovechándose de ese vacío legal... y del trabajo ajeno.  La mal llamada Ley Sinde quería acabar con esa situación aunque de manera torpe. No se puede regular este asunto con un parche que se te va a desmembrar en menos de un año. No tiene lógica llevar un asunto civil a los tribunales de lo contencioso administrativo. Los defensores de la mal llamada Ley Sinde arguían que había que actuar rápidamente, que la situación es crítica. Yo digo que había que haber puesto el parche en 2001, en ese momento tenía lógica ganar tiempo para entender el fenómeno. Para dimensionar el problema. Hoy ya lo entendemos. La única salida viable es hacer las cosas bien. Promover una iniciativa legal que contemple toda la casuística.

Hacer las cosas bien supone empezar por el principio. La sociedad civil tiene que entender que el derecho a la propiedad intelectual es una conquista del siglo XIX. Si una persona hace negocio con mi creación me tiene que dar algo. Él ha puesto el dinero, yo he puesto la materia prima. Otra cosa es que cómo se acomoda esta verdad a la nueva realidad tecnológica. Y ahí es donde hay que actuar. Me gustaría pensar que esta redefinición le va a poner las cosas más fáciles al usuario y que le va a resultar más rentable al artista. Sería lo lógico, porque el paso que va desde que, por ejemplo, un músico graba una pieza hasta que llega al melónamo es, hoy y gracias a cosas como Internet, bastante más sencillo y barato. Ahí están Spotify o Netflix para demostrarlo.

Un apunte final. Un amargo apunte final. Me produce cierta desazón el hecho de que La Red se haya movilizado para tirar la mal llamada Ley Sinde, mientras el gobierno quita la ayuda de 400 euros a los parados de larga duración, reforma las pensiones y, en general, se pone al servicio de la gran banca. ¡Vivan las "caenas"!

martes, 21 de diciembre de 2010

Ruido organizado o por organizar=Música



El que no se quede pegado al youtubazo de arriba que deje de leer ahora mismo.
Si no te emocionas con el primer movimiento de la Italiana de Mendelssohn (el youtubazo con el que arranca esta entrada), o con el segundo movimiento de la novena de Beethoven ("Lo de don Luis es la hostia, eso de ser sordo y clavarse la novena no lo ha hecho mucha gente"), o con el Clave Bien Temperado de Bach, o con la Suite Iberia de Albéniz, o con Kind of Blue de Miles Davis, o con Adiós Nonino de Piazzolla, o con Omega de Morente y Lagartija Nick, o con Pet Sounds de los Beach Boys, o con Forever Changes de Love, o con Blue Dress de Depeche Mode, o con el inmigrante que toca en el metro Heal the World de Michael Jackson, o con tantas y tantas cosas más..., si no aprecias la música eres un ser infrahumano.

A ver si no enteramos: NO HAY NADA MÁS GRANDE EN ESTE MUNDO QUE SER MÚSICO. Aunque seas malo.

Otro ejemplo. Allá va.



Brutal. Aquí, la misma canción y el mismo intérprete, pero con subtítulos y con el primer plano más sobrecogedor de la historia de la humanidad.

Si mañana dejaran de producirse películas, de escribirse novelas, de pintar cuadros, de modelar esculturas, de dibujar edificios, me daría lo mismo. Bueno, me jodería mucho, pero seguiría viviendo. En cambio, si mañana dejara de haber música, mi vida no tendría sentido. ¿Qué vida tendría sentido? Lo dijo Niezstche: "La vida, sin música, sería un error".

Más ejemplos. Don Louis, su turno.



¿Hay algo más perfecto que la intro de trompeta de Satchmo en "La vie en Rose"? ¿Hay algo más científico, más matemático?

Hace unas semanas asistí a una comida con personalidades de la cultura en España que se lamentaban del paletismo de nuestros compatriotas. Ellos no usaron, en ningún momento, la palabra paletismo, ni nada remotamente parecido, aunque el sentido no podía ser otro. Ya a los postres, tras tres horas de charla inteligente, a mi se me ocurrió encender la mecha. Dije algo así: "He escuchado planteamientos muy razonables. Hasta quí todo bien. Lo que no he escuchado es una palabra. Y esa palabra es: "música". Han hablado de teatros que se cierran, de ayudas al cine, hasta de los dibujantes de tebeos... y no han hablado de música. Ni la culta ni la popular".

¿Sabéis que me contestaron?
Lo siguiente:

"Hombre, la música está mal, pero la danza contemporánea..."

Me tuve que morder la lengua. ¿Es comparable la danza contemporánea con la música, con toda la música de la historia?

Tomemos aire con la ayuda de la Piquer.



Por lo tanto, hay que ser gilipollas, perdón, GILIPOLLAS para escribir, como he leído en un tweet hace unas horas:


Por qué nos venden la #leySinde como manera de proteger nuestra cultura cuando la mayoría de cine y música no la queremos ni regalá?
(sic)

¿La mayoría del cine? Creo que no, creo que la mayoría del cine no merece ser valorada tan poco. ¿La mayoría de la música? Si crees eso es que, sencillamente, no tienes ni puta idea ni de música, ni de la vida, ni de nada de nada. Y sí, eres un GILIPOLLAS.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Malas noticias



Pienso que el periodismo es un reflejo de la sociedad. Cuando se critica al periodismo, esa crítica debería dirigirse más bien a la sociedad. El periodismo es un espejo en el que mirar nuestras vergüenzas y eso no es muy agradable. Estoy cansado de ver cómo, desde todos los rincones, se ataca a uno de los oficios imprescindibles de una verdadera democracia. Si un periodista copipega enseguida saltan ciudadanos gilipollas diciendo que la profesión es una mierda y que qué guay que existe internet y así pasamos de estos tíos. Puede que los grandes medios no estén a la altura en los últimos tiempos pero eso no descalifica al periodismo en su conjunto. La saga Wikileaks nos está demostrando que es más importante un periodista que casi cualquier otro profesional. El otro día le leí a Michael Moore que, gracias a la web de Assange, no iba a ser tan fácil llevar a todo un país a un guerra con mentiras, como ocurrió con Iraq. Y en España tenemos Periodismo Humano, una web regentada por el único español que ha ganado un Pulitzer, el gran Javier Bauluz.

Sin embargo, me temo que no puedo negar que no vivimos buenos tiempos para la lírica. La sociedad española es cada vez más ignorante, cada vez más insolidaria, cada vez más cegata, cada vez más paleta y, desde hace tres años, cada vez más pobre. Por eso, se entiende que Iñaki Gabilondo esté terminando su carrera profesional y que no haya un heredero claro.

Gabilondo es un periodista de pura raza, con sus defectos y sus virtudes. Quizá se le pueda reprochar el pecado de caer, durante un tiempo, bajo el influjo de ese chamán que es Felipe González. Aún así, puso al ex presidente en apuros, en una famosa entrevista en TVE, a propósito de aquella infamia que fueron los GAL.



En su última etapa, en CNN+, ha hecho un programa superlativo. Basculaba entre dos ejes, la información político-económica y la cultura. Sus tertulias eran muy plurales, dado que sentaba en la misma mesa a personajes tan dispares como Ernesto Ekaizer y Germán Yanke. Y cualquiera de sus entrevistas era una lección de periodismo.

Sí, es una evidencia que hace tiempo que acabó La Edad de Oro...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Omega (poema para los muertos)

En las últimas horas he estado escuchando este tema por motivos obvios.



La verdad es que estremece escuchar la voz de Enrique cantándole a Federico. Emociona cómo suenan los Lagartija. Si hay un disco que gana enteros con cada escucha, de manera matemática, es este, el puto "Omega" (1996). La cosa que me apetece más ahora mismo es sentarme a escuchar este álbum, la única experiencia seria en el mundo de la fusión del flamenco y el rock. Todas las demás, incluido lo de Howe Gelb este año, no pasa de ser una mera anécdota, a veces indigesta y otras veces sólo amable.

3 veces he visto este espectáculo en vivo. La primera, con un sonido infame, en el Espárrago 2001. La segunda, en Primavera 2008. Benicassim 2008 fue la última. Las tres fueron especiales por distintos motivos, que no detallaré aquí.

Yo soy un firme defensor de la idea de que el mayor purista es el que rompe las reglas. Que no hay nada más flamenco que hacer lo que uno le sale de los cojones. Enrique Morente fue el ejemplo perfecto.

Que la tierra te sea leve, hermano.


martes, 14 de diciembre de 2010

Cinismo

Cinismo.
El de la sociedad civil ante el escándalo de la Operación Galgo. Vivimos en un mundo en el que se enaltece al vencedor, por encima de todo y de todos. Ya lo decían, hace unos años, unos suecos con mucho talento para eso del pop.




"Me gusta ganar, es mejor que perder". Eso comentaba Ebby Calvin "Nuke" Laloosh, el personaje que hacía Tim Robbins en "Los búfalos de Durham". Nada que objetar. Me molesta otra cosa. A riesgo de deslizarme por la senda de la filosofía de garrafón, tengo que afirmar que la mejor victoria no es contra los demás, sino contra uno mismo. Sin embargo, para abrir los telediarios no hace falta superarse, sino derrotar, casi humillar, a otros, cuantos más mejor. Como escribió Brian Wilson para los Beach Boys, "No estaba hecho para estos tiempos", "I just wasn't made for these times".





Sólo vale uno, el primero. El segundo es el primero de los perdedores. Cuando los deportistas de élite asumen esta perniciosa mentalidad, el público aprueba. Y aprueba sin más. Por eso, cuando a uno de esos héroes se les pilla en algún renuncio, se les echa a la hoguera. Y, normalmente, ese renuncio suele ser altamente compatible con la exigencia de gesta continua que hacen prensa y aficionados. El ejemplo más claro, el doping.

La solución al problema es sencilla de entender. Hay que promover otros valores, no sólo ganar por ganar. Y sí, hay que permitir el consumo de todas las sustancias dopantes. Cada uno que haga con su cuerpo lo que quiera. En el deporte profesional norteamericano creo que la filosofía es parecida, por lo menos en cuanto a la política ante el doping.

Y como he puesto dos cumbres del pop de todos los tiempos, he de cerrar esta entrada con esta canción. "Pop life", Prince.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Los chicos de ahora

Cuando uno va cumpliendo años se produce un curioso fenómeno. Tiende a idealizar su juventud comparándola con los veinteañeros de su madurez. Y siempre sale bien parada. Siempre se dice que "los chicos de ahora no tienen respeto" o "están muy subidos y no atienden a mis sabios consejos". En cambio, "cuando yo tenía su edad, me esforzaba por aprender de los que tenían más veteranía". La primera parte de esta razonamiento siempre es verdad. La juventud es arrogante o no es. La segunda parte siempre es mentira porque todos a los 25 años nos creíamos más listos que nuestros mayores. En mayor o menor medida.

Este post iba a adolecer del mismo defecto que denuncia el párrafo anterior. Tenía pensado escribir de la parálisis de la juventud de hoy haciendo un análisis comparativo con lo que ocurre en Francia, en Grecia, en Italia, en el Reino Unido. E iba a recordar que la última generación combativa fue la mía, con las famosas huelgas de estudiantes de la segunda mitad de los 80 y principios de los 90. Mi tesis era que "los chicos de ahora están narcotizados, les cabe un barco".

Sin embargo, un análisis más profundo me descubre una realidad algo distinta. No es que la juventud actual sea la de la generación "nini" (=ni estudio ni trabajo), que lo es. Es que la sociedad civil en la España de 2010 se engaña a sí misma. Los últimos recortes del gobierno, gravísimos, han sido aceptados sin rechistar. Hay quien dice que si el PP hubiera hecho lo que el PSOE se hubiera montado un buen lío. Yo digo que no, que a todo el mundo le da igual.


Max Aub

Estoy leyendo "La gallina ciega", uno de los últimos libros que escribió Max Aub, el diario que escribió durante una visita a España a finales de los 60. Aub se encuentra con una España muy distinta de la que tuvo que exiliarse al final de la Guerra Civil. Una España en la que los españoles sólo quieren vivir bien y les importa un comino todo lo demás. Una España que está empezando a conocer el desarrollo por un turismo un poco de saldo. Los alemanes, los franceses, los ingleses, venían al sol español atraídos por los precios bajos. Por el contrario, no se embobaban con el Prado, El Escorial o la Alhambra, lo que a Aub le parecía un peligro potencial. 40 años después, ya hemos visto que turismo tenemos. Y la sociedad sigue igual, aquejada de individualismo y de insolidaridad. Cada uno va a lo suyo. El burgués descrito en "El lobo estepario" de Hesse es el modelo de la clase media española en el momento presente.

Los chicos de ahora no son más que el reflejo de la superestructura social en la que están incluidos. No son ni mejores ni peores de lo que eran los chicos de antes.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El equipo de mi padre

Me gusta que llamen "Clásico" a los Barcelona-Real Madrid. Lo prefiero al anglicismo "Derby", importado de la carreras de caballos. El lunes pasado se celebró uno de ellos, con un resultado histórico, en el que no me voy a detener. Sólo quiero reseñar que todas las opiniones son respetables, aunque si dices que no te gusta cómo juega el Barça es como afirmar que Bach está supravalorado. Y esa opinión será muy respetable, pero no me parece seria.

Me apetece hablar de un niño de la posguerra, nacido el 11 de febrero del 38 en Barcelona, que hubo de ser inscrito en el Registro Civil cuatro días después  porque caían bombas sobre la Ciudad Condal y sus familiares no se atrevían a salir a la calle. Este niño, a los 8 años, emigró con su madre a Argentina y se hizo de Boca, empezó a amar el tango y, muchos años después, tuvo un hijo que ha resultado ser el que esto escribe. Sin embargo, ese niño de la posguerra, mi viejo, no olvidó nunca al Barça, el equipo de su infancia.




En los años 40, el poder en el fútbol español estaba repartido. El Atlético Aviación, después Atlético de Madrid, ganó las dos primeras ligas. Después se fueron repartiendo los títulos el Valencia, el Barça, el Athletic de Bilbao... Cuando la dictadura estaba en su periodo más álgido, el de la feroz autarquía, el fútbol español, paradójicamente, era más democrático.

Ese niño de la posguerra no podía ir a ver fútbol en directo. No había televisión y en la radio aún no existían los carruseles deportivos. Iba con su madre casi todos los domingos al cine y, a la salida, merendaban en un bar cercano a Las Ramblas. Ese era el momento en el que se enteraba del resultado del Barça en esa jornada de liga. Como se ponía muy nervioso y apenas disfrutaba de la película, su madre le dijo que se pusiera siempre en lo peor. Que pensara que su equipo había perdido y, así, al ver en la pizarra del bar cercano a Las Ramblas cómo había quedado su equipo, si había ganado, se llevaría una alegría y, si había perdido, la tristeza no sería tan intensa.

Mi padre se hizo del Barça cuando César era su estrella. Y no lo vio jugar nunca en directo. Después, ya en Argentina, vería al "Charro" Moreno y a toda la constelación de estrellas del fútbol argentino de esa época. Más tarde, a partir de los 70, y con la familia asentada en Madrid, disfrutó de Cruyff, Rexach, Schuster, Maradona, Laudrup, Romario, Rivaldo, Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Messi,... Y sigue disfrutando.

Yo no soy del equipo de mi padre. A mí me encanta el juego del Barça de Guardiola. Considero que Xavi es el mejor jugador español de todos los tiempos. Y, aunque mi equipo sea el Atleti, me siento muy cerca del Barça del Cruyffismo, el del rondo eterno. Pero no nos equivoquemos, porque este tampoco es el equipo de mi padre.

Mi padre no vio jugar nunca a su equipo. En él, la estrella era César.