Otoño


Es el otoño una estación paradójica. Por un lado, proporciona estampas bonitas, dicho esto sin ningún ánimo peyorativo. Las hojas caídas en el camino, ya sea de tierra o de asfalto, es uno de los tópicos otoñales más recurrentes... y más efectivos (¿efectistas?). La luz del atardecer, y la del amanecer, es multicolor en estos meses finales del año. No es un arco iris, es, más bien, un arco iris matizado. No hay nada chillón y por eso nos gusta.

Hay más horas de oscuridad, lo que en algunos individuos, como yo, provoca algún que otro pico depresivo. El frenesí del verano ya ha parado, hace fresquito, llueve un poco más de la cuenta y nos volvemos a poner las ropas de abrigo. Nos sentimos proclives a la melancolía, y también a la reflexión. Nos suelen asaltar con más frecuencia cuestiones relacionadas con la fugacidad del tiempo, con la caducidad de nuestro tiempo.

En otoño las cosas no son exactamente como parecen. Lo positivo esconde un reverso negativo. Lo malo tiene un lado bueno.

Cada año que pasa me gusta más el otoño.

Comentarios

Entradas populares