lunes, 22 de noviembre de 2010

Indie de estadio


El sábado pasado estuve en el Concierto del Año. El que dio Arcade Fire en Madrid.

 


Hacía mucho tiempo que no iba a un concierto multitudinario. Unos pocos minutos después de entrar en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid entendí por qué. Colas, empujones, incomodidad en general. Un sonido pobre tirando a malo, con la consabida y funesta "bola". Dificultades para ver las evoluciones de los músicos en el escenario. Precios prohibitivos.

Entendí la razón por la que el Jimmy, mi camello de vinilos en los 90, decía que no quería ir a ningún concierto al que fueran más de 100 personas.

Esa es la malidición que ha caido sobre Arcade Fire, el éxito masivo. Tengo la intuición de que la próxima gira del grupo de Regine y de Win ya va a ser de estadios. "The suburbs" ya ha sido Nº1 en USA. Bien es cierto que este es un dato engañoso pero es significativo. Es engañoso porque se vendió el álbum a un precio por debajo de lo normal y porque la crisis del disco permite sacar la cabeza a los grupos indies como casi nunca antes. Vampire Weekend también ha sido Nº1 este año y álbumes como el "The age of adz" de Sufjan Stevens o "Write about love" de Belle & Sebastian han visitado la parte noble de listas tan prestigiosas como la británica o la norteamericana. Los artistas de usar y tirar ya no venden tanto y los grupos que se dirigen al melónamo, aunque sea al melónamo pop, no han perdido apenas apoyo.

¿Es malo que la gran esperanza del indie mundial en esta primera década del siglo XXI tenga una repercusión masiva? Como diría sir Humphrey Appleby, "sí y no".

Es malo porque a partir de ya mismo Arcade Fire va a trocar, poco a poco, la visceral épica de sus canciones por himnos de rock de estadio a lo U2.
Es bueno porque hablamos de una banda que lleva tres discazos brutales. Si un grupo de esos llega a 1000 personas es mejor que a 100, 10000 mejor que a 1000, 100000 que a 100000, 1000000 que a 100000,... No soy partidario de que lo refinado sea sólo para la élite. Mejor que toque Arcade Fire en el Calderón que Alejandro Sanz o El Canto del Loco.

martes, 16 de noviembre de 2010

Otoño


Es el otoño una estación paradójica. Por un lado, proporciona estampas bonitas, dicho esto sin ningún ánimo peyorativo. Las hojas caídas en el camino, ya sea de tierra o de asfalto, es uno de los tópicos otoñales más recurrentes... y más efectivos (¿efectistas?). La luz del atardecer, y la del amanecer, es multicolor en estos meses finales del año. No es un arco iris, es, más bien, un arco iris matizado. No hay nada chillón y por eso nos gusta.

Hay más horas de oscuridad, lo que en algunos individuos, como yo, provoca algún que otro pico depresivo. El frenesí del verano ya ha parado, hace fresquito, llueve un poco más de la cuenta y nos volvemos a poner las ropas de abrigo. Nos sentimos proclives a la melancolía, y también a la reflexión. Nos suelen asaltar con más frecuencia cuestiones relacionadas con la fugacidad del tiempo, con la caducidad de nuestro tiempo.

En otoño las cosas no son exactamente como parecen. Lo positivo esconde un reverso negativo. Lo malo tiene un lado bueno.

Cada año que pasa me gusta más el otoño.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Primos frente a frente

Cuando Nacha Pop se separó los dos hombres que tiraban de la banda adoptaron caminos distintos. Por un lado estaba Antonio, el chico triste y solitario, que empezó a contruir su leyenda con un primer disco excepcional, “No me iré mañana”. Las letras mejoraron bastante, no en vano Antonio había crecido y eso sólo puede ser positivo para escribir. Lo más llamativo era, no obstante, el hecho de que la faceta como guitarrista de Antonio pasó a un primer plano. Ahí está el riff de “Esperando nada” o un tema que es toda una declaración, “Guitarras”. El que quiera comprender mejor a ese ser humano que se llamó Antonio Vega debería escuchar ese magistral debut en solitario.

Poco después, Antonio se sacó de la manga otra de esas canciones que sólo él podía escribir. La enigmática “El sitio de mi recreo” le convirtió en inalcanzable para todos los demás. Por esa época, su leyenda empezó a aumentar de manera exponencial por su adicción a la heroína. Se le hizo un álbum tributo, “Ese chico triste y solitario” donde, a mi juicio, sobresalía la re-lectura de Rosendo de “Lo que tu y yo sabemos”. Una década y media antes de su muerte ya nos estábamos despidiendo de él.

Por otro lado, Nacho Gª Vega decidió apostar por el lado lúdico de Nacha Pop. Lo hizo con Rico, un grupo de efímera vida que nadie quiere recordar. Sin embargo, en ese momento era la opción que parecía más viable desde un punto de vista comercial. Puede que sea la poca inspiración de sus canciones o puede que los 90 no fueran una década proclive a la fiesta, como demostró el grunge y el indie/noise. Dos fueron las consecuencias de este fracaso. Nacho fue desapareciendo de la escena, mientras que Antonio fue subiendo al olimpo. Nada que objetar, Nacho no tiene el talento que tenía Antonio. Nadie tiene el talento que tenía Antonio.

Sin embargo, hay un olvido que me parece más grave. El lado hedonista de Nacha Pop parece olvidado. Se limita a “La chica de ayer”, y eso suponiendo que sea alegre la canción que define la movida madrileña para casi todos. Sin embargo, a mí me parece que ese momento de la historia del rock español es, sobre todo, divertido. Sin risas, la movida madirleña no sería mucho.

Quisiera, con este humilde entrada de esta humilde bitácora reivindicar las canciones más frescas de Nacha Pop. Canciones que tienen una enorme capacidad evocadora porque mezclan con lo más valioso de aquel frenesí del Madrid de principios de los 80.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Josh Ritter, el marido de Dawn Landes

Esta entrada va a ser breve porque consiste en una recomendación. Merece la pena echarle un vistazo a Book of Jubilations, la bitácora oficial de Josh Ritter. ¿Quién es este sujeto?. Un singersongwriter de postín, como lo demuestra este vídeo.



Su nuevo disco, "So ruins the world away" es una maravilla. Una de mis canciones favoritas de 2010 está incluida en él. Se llama "Change of time". Además, forma con Dawn Landes una pareja de músicos de alta calidad, sólo comparable a la de Steve Earle y Allison Moorer.

Estos son Josh y Dawn tocando en su cocina.



En este clip Dawn se limita a hacer armonías y a tocar el tecladito pero es tan buena o más que el propio Josh.
Aquí, Steve Earle y Allison Moorer.



Antes de irme por las ramas y poner estas canciones tan bonitas yo quería llamar la atención sobre "Book of jubilations". No es muy habitual que un músico tenga un blog interesante. En España, una honrosa excepción es Julio de la Rosa. Y lo mismo podemos decir de Josh Ritter. Ahora mismo, el marido de Dawn Landes está escribiendo una serie de entradas acerca del negocio de la música. Son lúcidas y didácticas, aunque la que más me ha interesado es la última, la que explica qué hace un manager. Josh se vale de una entrevista que le hace a Darius Zelkha, su propio manager, para alcanzar el objetivo.

Me interesa cuando Darius afirma que la situación ideal es que artista y manager esté en el mismo nivel de aprendizaje de lo que es la industria. Es una verdad que se puede trasplantar a muchas otras realidades, a la pareja, a la amistad, a la vida laboral. Y también me llama la atención cuando Darius establece el siguiente axioma: "La perseverancia es más importante que los contactos". Y, de nuevo, eso es aplicable a otros aspectos de nuestras existencias, como él mismo advierte.

En el fondo, el manual de instrucciones de la vida es muy sencillo. Lo que es jodido es aplicarlo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una entrada repleta de optimismo hueco

Mi coche está en el taller. La broma me costará unos 600 pavos.

El ADSL de mi casa está jodido. Parece que el router no sicroniza o algo así. No creo que me lo puedan arreglar hasta la semana que viene.

El viernes me voy a Valladolid a trabajar. Para esa fecha necesito el coche. Para un día que me sobra tiempo (como hoy) no me puedo mover con libertad porque... necesito el coche.

 Por lo tanto, ahora lo que toca es escribir una entrada repleta de optimismo hueco. Podría tirar del tópico del vaso medio vacío. Esgrimir una vez más que la suerte tiende a 1 y que los descalabros de hoy serán giros afortunados mañana. Repetirme una y otra vez que sólo me van a pasar cosas buenas a partir de ahora.

Sería muy fácil hacer eso. Otras veces he recurrido a ese truco y ha resultado. Quizá si lo intento con un poco más de ahínco puede volver a funcionar. Estoy casi seguro.

La salida es más sencilla, una vez que entiendes mejor esto de la existencia. Pasan cosas, unas te gustan, otras no, la mayoría te la sudan. Otras veces, pasan esas mismas cosas que te gustaron y ahora no, esas mismas cosas que no te gustaron y ahora sí. Por lo tanto, lo que pasa influye en mí en la medida que yo lo califico/siento. Si me mola, me hace feliz. Se trata de una fórmula de lo más fácil. Parece mentira que haya que estar tanto tiempo en esta pelota azul que da vueltas alrededor del sol para darse cuenta.

Es cierto, hay un número limitado de eventos que despiertan emociones más o menos objetivas y que no resisten este diagnóstico y este tratamiento. Son los que conocemos como Grandes Momentos de Nuestra Vida. Todo lo relacionado con los Grandes Temas, con la Vida, la Muerte, la Amistad, la Lealtad  o el Amor. Ahora voy a echar un vistazo a la relación con la que he empezado este texto. ¿Hay algún Gran Tema involucrado en ella?. Evidentemente, no. Las putadas que me han pasado en las últimas horas me están causando incomodidades y una significativa disminución de mi cuenta corriente. Y ahí me quedo, no tiene mucha más trascendencia.

Así que, a tomar por culo. Como dice el gran Julio, "La vida sigue igual". (Prefiero esto a poner el manoseado "Turn, turn, turn".)