Una entrada que no debería escribir

Para eso está una bitácora personal, para escribir lo que a uno le parezca, aunque no sepa mucho de la cuestión que trate. Vaya por delante, por tanto, que no considero mi opinión, en este campo, demasiado autorizada.

Hace unos días le dieron a Vargas Llosa el premio Nobel de Literatura. Todo galardón de este tipo es injusto. O, por lo menos, maneja niveles de injusticia muy cerca de lo no tolerable. La lista de reproches y/o agravios es inmensa. ¿Por qué no se lo dieron a Borges y sí a Benavente?. No tiene sentido tratar como una verdad objetiva algo subjetivo. Este tipo de premios tienen valor cuando se asocian con un consenso, explícito o no.

Por lo tanto, no entro a valorar si Mario Vargas Llosa merece el Nobel.

Y más si tenemos en cuenta que no he sido capaz de terminar ninguna novela suya. Me suele aburrir. Quizá no lo leí cuando era más joven e impresionable, como me pasó con Gabriel García Márquez.

Hasta que le han concedido el Nobel hubo una corriente de opinión que trataba de explicar las razones por las que, año tras año, no se lo daban al novelista peruano. Más o menos venía a decir que como era de derechas no era apto para ese tipo de reconocimiento. Esta teoría enunciaba que existe, o más bien existía, una especie de superestructura dominada por los intelectuales de izquierdas que negaban el pan y la sal a los intelectuales de derechas.

Por eso, García Márquez recibió el Nobel en el 82 y el señor Vargas Llosa se quedó con las ganas.

Puede que fuera verdad.

(Ya estoy oyendo a los elementos conservadores de mi entorno dar palmas).

Si fuera cierta esta premisa, deberíamos concluir que esa superestructura ha desaparecido. Y aún diría más, ha sido sustituida por otra de signo contrario. El discurso de los medios de derechas refuerza esta impresión. Hay quien ha dicho que esta decisión de darle el Nobel a Vargas Llosa es como darle un premio a la libertad (sic).

Estirando más el razonamiento, llegamos a otra conclusión más. A Mario Vargas Llosa no se le ha valorado jamás por su obra sino por sus ideas. A Gabriel García Márquez no se le ha valorado jamás por su obra sino por sus ideas.

La cultura, en nuestro tiempo, es un instrumento fuertemente ideologizado. Como en la URSS, más o menos. Aunque con más sutileza y, sobre todo, con más eficacia.

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