Sex, drugs and R&R (y V)


Última entrega.

 Llegan los 80. Superados el punk y la música disco, las jerarquías dominantes logran recomponer la situación de forma definitiva. El R&R ya no volverá ser un peligro. El tópico “sexo, drogas y R&R” ha servido para domesticar a una genuina expresión cultural de y para el pueblo.

Sin embargo, la historia no termina aquí. El relevo del R&R lo cogen el hip hop y la música de baile elctrónica, esta última una clara heredera de la música disco de los 70.

El hip hop, en su versión gangsta a partir de los 90, sublimará el tópico del sexo y las drogas para convertirlo en híper violencia. Las muertes violentas de Notorious BIG y Tupac Shakur ahí están para atestiguarlo. Además, el gangsta es un desafío abierto para la sociedad. No es un estilo de vida alternativo, es una toma de partido para acabar con el sistema. La droga dominante es la cocaína, que excita al consumidor. Y el sexo, lejos de la permisividad moral e igualitaria de los tiempos pre-SIDA, es brutalmente homófoba. Los videoclips del momento álgido del hip hop glorificaban un estilo de vida excesivo. Coches, chicas tratadas como objetos sexuales, cadenas de oro estrámboticas, coches deportivos.



El tecno de Detroit y el House de Chicago son continuaciones de la música disco de los 70. Cambiará, sobre todo, el tipo de drogas que se consumen. Y aquí hará su aparición el éxtasis, una droga sintética y asequible que proporciona una sensación de “ligereza” y una capacidad de empatizar con los demás realmente notable. El sexo ocupa un lugar subsidiario. El ritual de la electrónica es sencillo. Noches interminables, como las de la música disco. Hay un nuevo chamán, el dj, que es anónimo y apenas tiene visibilidad. Sobre todo hay una sensación de comunidad aglutinada en torno a una múscia minimalista y con un gran despliegue de graves. Se trata de una cultura del escapismo, de una huida del día a día. Es una escena compuesta por jóvenes trabajadores que buscan el fin de semana para alejar el tedio de sus vidas. Y también por jóvenes en paro, que tampoco encuentran un sentido en su vida y que canalizan con el baile su frustración.




Ambas músicas, con sus defectos y sus virtudes, son, como fue el R&R, músicas de y para el pueblo. Y ambas han sido desactivadas con, básicamente, el mismo argumento. “Son todos una panda de drogadictos y de fornicadores”. El hip hop lo puso fácil, se autodestruyó al entrar en una espiral incontenible de violencia, sexo y drogas. La electrónica se consumió cuando buscó una coartada artística que no necesitaba. Y cuando el poder le acusó de ser un grupo de empastillados fuera de la realidad. La muerte, a mediados de los 90, de una joven que había consumido extásis, sirvió para que en el Reino Unido se criminilazara a los clubes de tecno a través de los tabloides. Antes se habían perseguido las raves, fiestas ilegales en el campo que, curiosamente, conectaban con el hippismo, hasta tal punto que el verano del 88 fue llamado el segundo verano del amor. Y, en España, la Ruta del Bakalao sufrió parecida censura, primero periodística y luego popular.


Sin embargo, es curioso señalar que, al principio, se trataba de desacreditar la música popoular en detriemento de la culta. Y, curiosamente, la música culta también era un nido de seres imperfectos que sucumbían a las pasiones. Las vidas de María Callas o de Glenn Gould podrían ser, perfectamente, las de estrellas del rock. Algo, que en cierto modo, fueron.



La música es vida. Y en la vida hay sexo y drogas. Lo único que cambia es cómo usa el poder esa realidad.

Comentarios

Daphne ha dicho que…
¿Cómo podrías matizar o extender tu explicación al tratar otros géneros musicales, el pop, por ejemplo?
¿Hay alguna historia de la música popular o comercial española que me puedas recomendar?
¿Has oído algo de Lupe Fiasco?
Vencido ha dicho que…
El pop no es peligroso para el poder. No cabía en este relato.

Hay un par de historias del pop en España. Son buenas pero antiguas, escritas a fines de los 80, principios de los 90. Me refiero a "Una historia del pop y del rock en España" de José Ramón Pardo y José María Iñigo y a "La historia de la música pop en España". Son interesantes pero, me temo, que sólo sirven para hacer consultas.

Sí, he oido algo de Lupe Fiasco y que su actitud está lejos de la que describo en este texto sobre el gangsta. Me gusta bastante, como me gustan otros raperos como Jurassic 5, KRS-One y muchos otros. Soy consciente de que el retrato que hago del gangsta es apresurado y sin matices. Sólo quería demostrar que ofende al poder. En cualquier caso, mucho del gangsta apela a la violencia y es machista y homófobo.